Archivo anual 2015

PorInstituto Bitácora

Padres permisivos, padres colegas.

¿Las normas y los límites provocan infelicidad en los hijos? ¿Provocan malas relaciones padres/hijos? ¿Queremos ser los mejores amigos de nuestros hijos o los mejores padres?

 La semana pasada estuvimos hablando de los padres autoritarios viendo las similitudes y discrepancias con los padres sobreprotectores. En esta ocasión como os anuncié la semana pasada hablamos de los padres permisivos, diametralmente opuestos a los autoritarios, aunque como en la comparación entre padres autoritarios y sobreprotectores, algunas consecuencias son muy parecidas o iguales.

 Siguiendo con las cartas a los hijos, veamos la de unos padres permisivos: Leer más

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LOS NIÑOS, RETALES EN LA PAREJA “PATCHWORK

La entrada de la semana pasada, en la que reflexionaba acerca de generalidades de las relaciones de pareja, pretendía ser la primera de algunas más acerca de este tema, los motivos de consulta más comunes por problemas de relación y posteriormente, entrar en el siempre pantanoso y apasionante mundo de la sexualidad. Sin embargo, hace unos días me sugirieron un tema sobre el que escribir y aunque según el esquema que tengo en mente no lo abordaría ahora, puede tener cabida en este bloque temático, así que no me cuesta nada complacer la petición. Al fin y al cabo, el pianista del bar debe tocar el tema que le pidan.

El tema son los llamados “niños mochila” que es el nombre coloquial de aquellos niños que pasan a formar parte de una familia reconstituida, las coloquialmente llamadas “familias patchwork”. Para quien no esté familiarizado con los términos, las familias reconstituidas son las formadas tras la disolución de una primera familia, bien por fallecimiento de un cónyuge o más frecuentemente por divorcio o separación. Leer más

PorInstituto Bitácora

¿Qué pasa si bebo un día?

La semana pasada hablábamos de lo difícil que resulta para pacientes y familias aceptar que una adicción es una enfermedad. Poníamos como ejemplo, un pensamiento automático, el “por un día no pasa nada” que se da tanto en pacientes como en familiares, especialmente en estas fechas que tenemos a la vuelta de la esquina y sobre el que trabajamos para que no se active desde Instituto Bitácora.

El plantearse ”beber en un día especial, como hace todo el mundo, si pasarme, sin emborracharme, solo disfrutando como hace la gente normal”, es no entender que una adicción es una enfermedad. La recuperación, al igual que el desarrollo de la enfermedad, es un proceso, que requiere su tiempo y un cambio de actitud. Leer más

PorInstituto Bitácora

Vas a obedecer porque lo digo yo

“Si no los tratas ahora con mano dura, luego se te suben a la chepa y no hay nada que hacer”. ¿Es necesaria la mano dura? ¿Nos hemos planteado cómo somos y en qué fallamos a nivel personal para pensar así?

 ¿Si ante la afirmación anterior, hablásemos de parejas en lugar de relaciones padres-hijos, pensaríamos lo mismo? Seguro que no, sería algo desorbitado.

 NOTA PREVIA ACLARATORIA: cuando hable de “padres”, estaré diciendo “padres y madres”; cuando hable de “hijos”, estaré diciendo “hijos e hijas”. Es tan sólo un estilo de escribir que sea menos “cansado” para el lector. Prosigamos.

 Hablamos hoy del estilo educativo de tipo autoritario dentro de la familia. En principio podríamos decir que es diametralmente opuesto al estilo del que estuvimos hablando la semana pasada, el estilo de sobreprotección, pero guardan ciertas similitudes que iremos desgranando. Leer más

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LA PAREJA, ESA RELACIÓN CONTRA NATURA

Debo confesar que como terapeuta uno de los campos que más me atraen de mi trabajo es el de la sexualidad y pareja. Es difícil encontrar un aspecto en el que mejor se plasme la diversidad y complejidad de los seres humanos que éste y supone siempre un reto intentar ayudar en este terreno, con la particularidad de que es preciso ajustarse al sistema de valores de terceras personas y no al tuyo propio.

Para variar, muchos manuales de terapia de pareja empiezan sin definir cuándo dos personas lo son. Si han leído mis entradas anteriores alguno pensará que soy un obseso de la conceptualización, de las definiciones, y quizás tenga razón, pero no podrán negarme que al oir la palabra “pareja” se puede pensar en una partida de póker, en un matrimonio, o en dos Guardias Civiles. El término es tan amplio que sirve para referirse tanto a un grupo de dos personas, como a cada uno de sus miembros. Puede que dos personas que mantienen relaciones sexuales de forma regular y se tienen afecto no se consideren pareja y otros separados por un océano sin contacto con el otro sí lo sean. En definitiva, lo principal para que dos personas sean pareja es que ambos acepten que ése es el vínculo entre ambos.

No suena muy romántico por ahora… y lo será menos dentro de un rato. Leer más

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¿De padres sobreprotectores, hijos tiranos?

¿Hasta cuándo vamos a estar ahí como escudos protectores? ¿Realmente es esa nuestra misión? ¿Estaremos fomentando el espíritu crítico en nuestros hijos? Conviene hacer de vez en cuando un parón en nuestra vida para reflexionar sobre lo que estamos haciendo y sobre cómo lo estamos llevando a cabo.

 Así comenzamos este nuevo ciclo sobre tipos de familias, hablando de los padres sobreprotectores. Aquellos sobre los que hice referencia al hablar del cordón umbilical que nunca parece vaya a romperse, aquel que se romperá de “tanto usarlo”. Leer más

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EL PARADIGMA PERDIDO Y EL NIÑO QUE SE MOVÍA DEMASIADO (II)

Hablábamos la semana pasada acerca de cómo diagnosticar el TDAH, pues bien, existen unos criterios, distintos si nos movemos en el ámbito americano (clasificación DSM-V) o europeo (CIE-10).

Veamos algunos de la DSM-V, por ser los que se han revisado más recientemente (no se los lean todos, que no hace falta, echen sólo un vistazo):

Con frecuencia falla en prestar la debida atención a los detalles o por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades (por ejemplo, se pasan por alto o se pierden detalles, el trabajo no se lleva a cabo con precisión).

Con frecuencia tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades recreativas (por ejemplo, tiene dificultad para mantener la atención en clases, conversaciones o lectura prolongada).

Con frecuencia parece no escuchar cuando se le habla directamente (por ejemplo, parece tener la mente en otras cosas, incluso en ausencia de cualquier distracción aparente).

Con frecuencia  no sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares, los quehaceres o los deberes laborales (por ejemplo, inicia tareas pero se distrae rápidamente y se evade con facilidad).

Con frecuencia tiene dificultad para organizar tareas y actividades (por ejemplo, dificultad para gestionar tareas secuenciales; dificultad para poner los materiales y pertenencias en orden; descuido y desorganización en el trabajo; mala gestión del tiempo; no cumple los plazos). Leer más

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POR UN DÍA NO PASA NADA

Ahora que ya están los turrones en las tiendas, los bombones, los perfumes, los adornos y luces, las calles y centros comerciales abarrotados, los juguetes en la cabeza de pequeños y mayores, las campañas para que nos acordemos de los que no tienen, las campañas para que seamos prudentes con lo que bebemos, con lo que comemos, con lo que corremos por la carretera, el recuentro con la familia… Ahora que la maquinaria de La Navidad se ha puesto en marcha, y con ella para algunos la celebración y la alegría y para otros la tristeza y la nostalgia, el consumo de alcohol y/o drogas se nos pone bien fácil.   Leer más

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Cambios, crisis, evolución (II)

En la entrada anterior, nos quedaron por comentar la adolescencia de nuestros hijos, su emancipación, la madurez de la pareja y la ancianidad. Y sin dilatarme, os paso con ellas.

 No voy a descubrir América diciendo que la adolescencia es una época llena de turbulencias, tanto para el adolescente en plena crisis personal como para la familia que se va adaptando a los cambios de éste. Tienen que averiguar de repente, quiénes son e ir convirtiéndose en adultos, además lo quieren saber ya, no hay esperas.

 Para el adolescente, sus iguales, es decir, sus amigos, pasan a ser sus modelos a seguir y sus referencias para tomar decisiones. Empiezan a dejar a un lado a sus padres, comienzan a tener parcelas de su vida en las que éstos no están invitados. Las relaciones con el exterior se amplían en número de personas y en frecuencia , su movilidad “geográfica” aumenta al tener mayor independencia para ir sólo. Leer más

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El paradigma perdido y el niño que se movía demasiado (I)

Desvelando el misterio desde la primera línea, hablemos de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad), auténtica plaga de la infancia de finales del siglo XX y principios del XXI.

Probablemente no exista un diagnóstico que genere más controversia, filias y fobias que éste en los manuales diagnósticos utilizados en salud mental. ¿Qué tiene de especial precisamente este trastorno para ser capaz de posicionar a profesionales de distintos ámbitos en puntos de vista tan radicalmente opuestos?

Se trata básicamente de un trastorno de comienzo en la infancia (antes de los 7 o los 12, según las clasificaciones), caracterizado por dificultad para prestar atención, hiperactividad e impulsividad. Si bien existen desde finales del siglo XIX descripciones de niños desmedidamente inquietos e inatentos, incapaces de mantener una actividad, impulsivos, que no calibran riesgos y llegan a ser violentos, no es hasta 1970, con la aparición de la primera edición del DSM, clasificación de la Asociación Americana de Psiquiatría cuando aparece el término de TDAH (Trastorno Hipercinético para la OMS).

Descrito desde antiguo, reconocido por la APA y por la OMS. ¿Dónde está la polémica? Seguramente habrá tantas opiniones al respecto como profesionales que tratan este trastorno (pediatras, psicólogos y psiquiatras), incluso tantas como padres de niños afectados y ampliando el círculo, tantas como profesores, orientadores, psicopedagogos y psicólogos escolares implicados en cada uno de los casos. Porque, sí señores, toda esa gente hay detrás de cada caso y todos tienen su opinión al respecto.

En los polos extremos se encontrarían los negacionistas del trastorno, convencidos de que se trata de una invención de la psiquiatría que pretende elevar a enfermedad los comportamientos naturales y propios de la infancia bajo el oscuro influjo de la industria farmacéutica, frente a un frente biologicista, que identifica el TDAH como una enfermedad neurológica con base demostrable, que precisa de tratamiento farmacológico para su abordaje.

¿Quién tiene razon? Lo siento… No he planteado esta entrada en el blog para responder preguntas sino para generarlas. No obstante, los años de práctica clínica permiten adquirir ciertas perspectivas acerca del problema y dejaré algunas pinceladas para la reflexión.

No puedo obviar el hecho de que soy psiquiatra. Esa es mi profesión y esa es mi perspectiva. Soy consciente de que en la mayoría de ocasiones, cronológicamente hablando, soy el último eslabón de la cadena. Eso implica muchas cosas, por un lado, que no soy el encargado de detectar el caso, ni de dar la primera opinión (suele ser labor del centro escolar o de los padres y luego del pediatra), ni de realizar el diagnóstico (normalmente tarea de los psicólogos) y por otro, que cuando llegan a mí es con la impresión de estos últimos de que el niño/a es subsidiario de tratamiento farmacológico. Precisamente ser el último en llegar aporta una distancia que permite la visión crítica del caso, ajeno a la urgencia de saber qué le ocurre a ese/a niño/a que tantos problemas da, pero que curiosamente en consulta se mantiene tan tranquilo y paciente.

Es momento de aclarar que los manuales diagnósticos estipulan que los trastornos de conducta observados deben aparecer al menos en dos entornos distintos de tres posibles: casa, escuela y consulta, lo cual en la mayoría de ocasiones deja sin valor la propia observación del clínico, que aunque no vea sintomatología por sí mismo, debe asumir como válidos los argumentos de padres y profesores y actuar en consecuencia. En la mayoría de casos, les respalda el resultado de algún test diagnóstico, que rellenan por un lado padres y por otro profesores, atando las manos del que finalmente debe decidir si tratar o no, aunque no observe nada de lo que le dicen que está ocurriendo.

Por otro lado, llama la atención el volumen de casos detectados en el medio escolar, sobre todo en el ámbito de la enseñanza privada. Esta afirmación se basa en una mera impresión, por supuesto, sin que pueda aportar evidencia acerca de ello, pero parecería que en los centros privados aparecen más casos de TDAH. ¿Son mejores detectándolos? ¿Se trata de una enfermedad de clases altas? ¿Tienen menos tolerancia a ciertos comportamientos de los niños? ¿Será que si el niño no se comporta es porque tiene algún trastorno, no que el centro no sea capaz de manejarlo? ¿Por qué esas conductas siendo tan llamativas no han llamado la atención de los padres? Preguntas que se me ocurren a vuelapluma…

Rizemos el rizo: ¿Cómo es posible que los trastornos del comportamiento aparezcan más en casa de alguno de los progenitores en caso de parejas separadas, o más aún, cuando vuelve de pasar un tiempo con “el otro / la otra”? Extraña enfermedad esa que aparece según dónde y cuando, verdad? Incluso en parejas felices que conviven, suele apreciarse diferencias entre padre y madre acerca de la gravedad de las conductas y de la necesidad de abordaje especializado, en definitiva, de la propia existencia o no del trastorno en su hijo/a.

Sigamos liándolo un poco más. (¡ATENCIÓN, PÁRRAFO TÉCNICO, SI NO LO ENTIENDE ES NORMAL, NO SE ALARME!) La atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la función ejecutiva son procesos mentales con base biológica demostrable y medible mediante neuroimagen funcional. Los cuatro están afectados en casos de TDAH. Implican tanto a áreas cerebrales concretas (sobre todo corteza prefrontal) como a neurotransmisores identificados (dopamina y noradrenalina) y se ha observado en estudios sistematizados alteraciones a dichos niveles que afectan a pacientes con diagnóstico confirmado de TDAH. No intenten comprender esto si no son profesionales del tema, sólo pretendo que le suenen ciertas palabras y hacer ver que definitivamente existen casos con afectación biológica demostrable.

Pero ¿cómo diagnosticamos un TDAH?

Eso lo veremos en la próxima entrada.

Sebastián Sanz Cortés. Psiquiatra.

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