CategoriasTerapia Familia

PorInstituto Bitácora

Prepararse para la muerte

Quizás sea lo que todos tenemos más claro en este mundo y es que vamos a morir tarde o temprano. Este carácter universal de la muerte ha ocupado gran parte del pensamiento filosófico  y ha favorecido en el desarrollo de la medicina desde sus orígenes como un intento de controlar el curso de la vida para si no evitar, al menos, retrasar la muerte o hacerla lo más llevadera posible.

Pero podríamos decir que es imposible aprender a morir,  ya que no se parece a nada que hayamos pasado antes. Si la muerte no puede ser experimentada, ni explicada ni comprendida, ¿cómo podemos prepararnos para ella? Aunque no podemos experimentarla, sí que todos tenemos consciencia de ella y además para tener consciencia de muerte, de que vamos a morir, no hace falta estar al filo de la misma. Si bien no podemos aprender de la propia muerte, puesto que no podemos tener experiencia de ella, sí podemos prepararnos para morir.

Distintas religiones nos hablan de la vida más allá de la muerte, sino como cuerpo resucitado al menos de alma o espíritu. La afirmación de una forma de vida después de la muerte constituye la modalidad más común a la especie humana de hacer frente al misterio de la muerte y establece las bases de las distintas religiones en el culto a los muertos.

Nuestros antepasados vivían más de cerca la muerte que en la actualidad, la menor esperanza de vida, las epidemias, las guerras y hambrunas, hacían que la tuvieran más presente.

                ¿Cómo podríamos definir una “buena muerte”?

Tranquila, sin crisis agónicas, en paz espiritual.

                ¿Cómo prepararnos para una buena muerte?

Podemos diferenciar una preparación más próxima a la muerte y una preparación más remota.

Podemos comenzar por la preparación próxima que consistiría en los asuntos que tiene que ver directamente con los antecedentes y consecuentes inmediatos, como las herencias, testamento vital, donación de órganos, ritos funerarios, y preparar de la manera que nos gustaría que se realizasen.

Afrontar la fase final de la vida conlleva un proceso psicológico que se describe con 5 etapas:

Negación: la dificultad para creer la proximidad de la muerte, nos aferramos a la esperanza de un milagro, diagnóstico erróneo, rituales mágicos… tiene una importante función protectora y hay que respetarla. Es una reacción normal que permite amortiguar el impacto.

Ira: una rebelión contra todo y todos.

Negociación: todavía no, no ante de la boda de mi hija, no antes del nacimiento de mi nieta… La película “Mi vida sin mí” presenta el caso de una mujer que utiliza los dos meses que, según el diagnóstico médico, le quedan de vida para disponer el futuro de su marido y sus hijos, así como para vivir aquellas cosas que le hubiera gustado vivir y nunca tuvo o se permitió ocasión de hacerlo.

Tristeza: el paciente está cansado y se deja ir, puede desembocar en la resignación. En esta etapa tampoco consiste en estimular al paciente a mirar el lado alegre de las cosas únicamente, porque eso significaría que no debe pensar en la muerte inminente.

Aceptación: etapa de desprendimiento hacia las cosas y hacia los demás. En el momento del adiós, del perdón y la reconciliación.

El buen acompañamiento a la muerte de un moribundo consistiría en un acompañamiento profundamente humano en el proceso de morir, facilitando la expresión de los sentimientos, la elaboración del duelo por la pérdida, el cierre de los asuntos inacabados, a veces la mediación entre el paciente y sus familiares. A nivel psicológico también podemos intervenir en algunas cuestiones psicológicas que se pueden presentar en los días finales como, por ejemplo, resolver posibles miedos paralizantes, satisfacer la necesidad de despedirse, dar permiso para el viaje final, …

Para una preparación más remota, es decir, a la condición de mortal del ser humano, el tomar consciencia de que nos vamos a morir, ante la angustia por la muerte podemos tener tres tipos de miedo: a lo que viene después de la muerte, al hecho de morir y a la extinción del ser. Los dos primeros temores son relacionados con el propio proceso de morir y nos podemos preparar, como hemos dicho anteriormente, previendo disposiciones sobre el propio entierro, redactar el testamento vital, etc. El tercero de estos tres miedos, es el realmente básico, es el miedo a la extinción del propio ser, a inexistencia definitiva, ¿cómo podemos desde el punto de vista psicológico y existencial ayudar a la persona con la angustia de la propia extinción?

PorInstituto Bitácora

HABILIDADES PARA UNA COMUNICACIÓN EFICAZ (II)

Si recordáis en el anterior post sobre la comunicación,   hablamos de la importancia que tiene en las conversaciones con los demás aspectos como formular las preguntas adecuadas,  no  hablar excesivamente,  respetar las pausas,  darnos a conocer y  practicar la escucha activa. Ahora os pregunto… ¿Habéis puesto en práctica alguna de estas habilidades?, y si es así, ¿qué observáis en la otra persona?, ¿cómo os habéis sentido con la práctica?

En este post continuaremos hablando de algunas otras habilidades también a tener en cuenta de cara a una buena comunicación con los demás.

¿Qué habilidades son necesarias para una comunicación eficaz?

·      Hacer elogios sinceros: los elogios expresan un pensamiento o sentimiento positivo hacia otra persona. Pueden referirse a una cualidad que nos agrada (“Eres muy inteligente”), a su aspecto (“Ese vestido te sienta muy bien”) o a algo que le pertenece (“Me gusta tu jardín”). No se trata de adular sino de elogiar sinceramente, sin tratar de obtener nada a cambio.

Cuando nos acostumbramos a elogiar y a mostrar aprecio a los que nos rodean, suelen establecerse mejores relaciones y los demás tienden también a hacernos más elogios, resultando más atractivos para nuestros interlocutores. Además, les ayudamos a mejorar su autoestima.

Igualmente beneficioso es realizar verbalizaciones que refuerzan el discurso del interlocutor, al transmitir que estamos de acuerdo o comprendemos lo que acaba de decir. Algunos ejemplos serían: “Esto es muy divertido”, “Me encanta hablar contigo” o “Debes ser muy bueno jugando al futbol”. Otro tipo de frases menos directas sirven también para transmitir el interés por la conversación: “Bien”, “umm” o “¡Estupendo!”.

·      Aceptar elogios: para que los demás se sientan bien al hacernos elogios conviene que nos habituemos a escucharlos con agrado, sin negarlos ni ignorarlos y sin mostrarnos incómodos. Cuando no los aceptamos, el otro puede pensar que estamos cuestionando la validez de su elogio o su honestidad y puede sentirse mal.

·      Reformulación: consiste en resumir con las propias palabras lo que parece que el emisor acaba de decir. Es muy importante en el proceso de escucha ya que ayuda a comprender lo que el otro está diciendo y permite verificar si realmente se está entendiendo y no malinterpretando lo que se dice. Un ejemplo puede ser: “Entonces, según veo, lo que pasaba era que…”, “¿Quieres decir que te sentiste…?”.

·      Mostrarse de acuerdo en lo posible: cuando acostumbramos a discrepar demasiado de los demás, suelen sentir que no les comprendemos. Por eso, se aconseja que, si a nuestro juicio, la afirmación de alguien está equivocada, se lo digamos con cautela:  “Lo que dices es verdad y ahora, si me lo permites, voy a explicarte mi manera de verlo”, “Tu opinión me parece muy interesante y, desde mi punto de vista…”.

Se trata de mostrarnos de acuerdo, en lo posible, con el contenido de su mensaje, mostrando sobre todo respeto y comprensión por su opinión, aunque no la compartamos. En realidad, casi siempre podemos encontrar algo que respetar o admitir en las opiniones que expresen los demás, aunque no estemos de acuerdo con ellas.

·      Cuidar la comunicación no verbal: que debe de ir acorde con la verbal. Por tanto, decir por ejemplo ” ya sabes que te quiero” con cara de enfado dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

También conviene que el contacto visual sea frecuente, pero no exagerado.

Todos estos aspectos son susceptibles de entrenamiento y mejora. Por ello os animo a que lo tengáis en cuenta,  lo pongáis en práctica en vuestras conversaciones cotidianas y observéis qué sucede en la otra persona y en vosotros…¡Cuanto más practiques mejor!

 

Ana Martín Almagro

 

 

PorInstituto Bitácora

La crisis de los 40

La crisis en mitad de la vida, o la crisis de los 40  como se conoce popularmente, no es que sea un punto fijo, es un fenómeno que suele suceder en el periodo comprendido entre los 35 y 50 años, es decir, en la vida adulta.

Parecen verdades simples y evidentes que esta vida es la única que tenemos y que transcurre en el tiempo, sin embargo, así dicho a todos nos da vértigo, por eso, muchas veces no nos paramos a pensarlo o lo olvidamos para ir viviendo como si el tiempo no pasara.

Personas en estas circunstancias son en muchas ocasiones las que nos llegan a la consulta, cuando la persona toma consciencia de que el tiempo pasa y lo fugaz que puede ser la vida y surge la pregunta ¿y qué he hecho yo con mi vida?

En esta época, algunos quieren comprometerse en su relación de pareja mientras otros quieren divorciase, algunos buscan estabilidad en el trabajo mientras otros buscan cambiar de ocupación radicalmente, otros de trabajar menos y disfrutar de más tiempo libre, algunos desean tener hijos mientras otros sueñan con que sus hijos se vayan de casa…y esto es porque en la primera mitad de la vida hemos dado prioridad a unos aspectos mientras otros han quedado en un segundo plano, en las sombras, por ejemplo, una mujer que ha dado prioridad a la maternidad en la primera mitad de la vida y ha pospuesto su desarrollo profesional y cuando los hijos crecen y ya no la necesitan tanto sale a la luz eso que había dejado en la sombra, y empieza a convertirse en prioritario, y se plantea retomar unos estudios que abandonó.

Vivir es enfrentarse continuamente  a cambios y un continuo de transición, si tenemos en cuenta que desde que nacemos hasta que nos morimos vamos pasando por distintas fases del ciclo vital. Por ejemplo, desde que somos pequeños y nace un hermano, tenemos que adaptarnos y pasar de ser hijo único a ya no ser el principal centro de atención, si tenemos padres sensible que nos ayudan a este proceso no tenemos porqué pasar una crisis en esta situación o al menos que no sea una crisis muy grande. La adolescencia también es una época de cambios, de crisis de identidad, en la adolescencia uno se construye su personalidad y quien es, definiéndose a sí mismo y busca un proyecto de a qué quiere dedicarse en la vida. El siguiente momento de crisis más significativo suele ser el de la mitad de la vida.

Hay un autor, Erikson, que dice que la vida en sociedad en la que vivimos requiere que los adultos sean productivos y contribuyan como miembros activos al bien común, por ejemplos al criar a los hijos, o en el trabajo o una actividad humanitaria. Si la persona llega la mitad de la vida y lo que ha conseguido está por debajo de sus expectativas se puede sentir insatisfecho o estancado, y pueden aparecer manifestaciones como la tristeza o la ansiedad. La persona se puede sentir como que no se ha desarrollado y que está “atrapado en una vida de solo obligaciones” pero sin un sentido de satisfacción ni realización personal, se puede sentir como “muerto en vida” o que “es otra persona” o que “no sabe quién es”.

Un sentimiento de estancamiento no tiene por qué ser negativo, incluso puede servir para que la persona sea más consciente de sus necesidades.

En mitad de la vida tenemos dos tareas fundamentales, reevaluar el pasado y modificar el futuro en la propia vida. Al mirar hacia atrás lo que haremos será examinar los logros alcanzados en todos los aspectos, y qué hemos conseguido de lo que cuando éramos pequeños nos ilusionaba y decíamos “yo cuando sea mayor quiero ser…” pero y ahora ya soy mayor ¿qué?. Al repasar el pasado y conforme vamos cambiando inevitablemente vamos introduciendo cambios en el futuro, esta tarea no es fácil y, en ocasiones, es necesario un apoyo psicoterapéutico para no encontrarse tan perdido.

En mitad de la vida no damos cuenta que se nos acabará tarde o temprano y empezamos a pensar en el tiempo disponible, aunque desde muy temprano sabemos que moriremos algún día es como que somos más consciente cuando llegamos a este tiempo, y nos planteamos cuestiones como “yo quiero volver a sentirme vivo”, “he perdido la chispa de la vida”.

Es como si necesitáramos vivir más auténticamente y darle un sentido a nuestra vida, cuestión que antes ni nos lo planteábamos porque teníamos todo un futuro por delante y la muerte estaba muy lejos, pues bien, este futuro ya está aquí, ya ha llegado y no sabes qué hacer con él ¿ te suena esta situación?

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

Terapia familiar en Esquizofrenia

Uno de los servicios que ofrecemos en el Instituto Bitácora es la intervención con la familia cuando sea necesario y con cualquier tipo de patología. Hoy nos gustaría hablar un poco de la terapia familiar en una de las enfermedades mentales más temidas, la esquizofrenia.

La esquizofrenia fue la que inspiró a algunos autores en los años 60 – 70 para crear el concepto de “terapia familiar”.  Inicialmente investigaron si la familia podría contribuir en la aparición de la enfermedad, después se llegó a la conclusión que hay muchos factores que influyen en su génesis y que el poder trabajar con las relaciones familiares ayuda a evitar recaídas y mejorar las condiciones de vida del paciente, realmente como en otros trastornos.

La esquizofrenia es una enfermedad muy compleja, para explicar su causa hay muchas teorías y, como para todo lo que hay muchas posibles hipótesis sin que ninguna se haya demostrado claramente, también hay muchas posibles alternativas para abordar su tratamiento.

En primer lugar influyen los factores biológicos, la biología es como el hardware del ordenador, la parte física, tangible, todo “lo que se puede ver y tocar”, el cerebro y sus neurotransmisores, y el software,  las instrucciones que el ordenador necesita para funcionar, “lo que no se pueden ver ni tocar”, serían los aspectos de las relaciones entre las personas, que es lo que se trabaja en la terapia familiar.

Podemos decir que cualquiera que sea “la causa de la esquizofrenia”‘, los pacientes con esta enfermedad parecen tener un “‘déficit psicológico” que aparenta aumentar su vulnerabilidad a estímulos internos y externos.

La terapia pretende disminuir la vulnerabilidad del paciente a la estimulación, mediante la administración de medicamentos antipsicóticos  (actuando sobre los estímulos internos, el hardware) y la disminución de la cantidad de estimulaciones provenientes del medio familiar, ya que es el contexto primario dentro del cual funciona el paciente (actuando sobre los estímulos externos, el software).

Una situación en la que se tiene un miembro psicótico es muy difícil para la familia, más efectiva será la intervención familiar cuando se pueda aplicar a personas jóvenes y con factores de buen pronóstico  como por ejemplo un buen funcionamiento antes de los primeros síntomas o del primer brote, con una adecuada actividad social y sin trastornos previos de personalidad.

Objetivos de la terapia familiar en esquizofrenia son:

 

Aumentar la autoconfianza familiar y el conocimiento de la enfermedad, disminuyendo de esta manera, la ansiedad familiar ante los pacientes y aumentando su habilidad de manejo hacia ellos, proveer a las familias con información acerca de la enfermedad y su manejo (por ejemplo, las personas con esquizofrenia pueden presentar “síntomas negativos” como la apatía, falta de interés, el embotamiento emocional o el retraimiento social… si los familiares comprenden que esas conductas son fruto de la enfermedad, y no es un estado de “vagancia” serán menos críticos y disminuirán el nivel de emociones expresadas negativas y, de esa forma, también disminuirán las recaídas del paciente ).

Otra meta es capacitar a los miembros de la familia para sentirse menos aislados y estigmatizados, del mismo modo que también tenemos que tener en cuenta que hay que ajustar las expectativas acerca del paciente, al mismo tiempo que imponer límites y favorecer su autonomía así como sistemas de apoyo.

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

Habilidades para una comunicación eficaz

Aunque comunicarse parece simple, mucho de lo que comunicamos, con frecuencia se interpreta erróneamente o no se entiende bien. Esto puede causar conflictos en nuestras relaciones personales o profesionales.

Lo interesante de este tema es que la comunicación, al igual que otras competencias, se puede aprender y practicar.

En este post nos centraremos en algunas de las habilidades que resultan necesarias de cara a  mantener conversaciones y una buena comunicación.

¿Qué habilidades son necesarias para una comunicación eficaz?

 

  •         Formular preguntas adecuadas: por lo general deben ser oportunas, que no resulten molestas al interlocutor, centrarse en temas que interesen al otro y no ser excesivamente cerradas.

Las preguntas cerradas (“¿prefieres pizza o ensalada?”, “¿de dónde eres?”, etc.) si se usan en exceso obstaculizan la comunicación, mientras que las abiertas (“¿qué te ha parecido la noticia?”, “¿qué haces el fin de semana?”, etc.) ayudan a que la conversación alcance mayor profundidad.

  •         No hablar excesivamente y respetar las pausas en las conversaciones: puede ser útil aprovechar las pausas para volver a un tema anterior o para abordar un tema nuevo. Sabemos que hablar demasiado es un defecto bastante común y una de las habilidades sociales más importantes es la de saber escuchar y guardar silencio cuando sea oportuno.
  •       Darnos a conocer: consiste en comunicar información acerca de nosotros mismos: de cómo pensamos y sentimos, de nuestros problemas, deseos y proyectos. Estas autorrevelaciones permiten que la comunicación fluya.

Por ejemplo, si alguien que acabamos de conocer nos pregunta: “¿cuál es tu profesión?”, y nos limitamos a responder “comercial”, cerramos la comunicación. En cambio, si respondemos expresando algo más de nosotros mismos como “trabajo en una multinacional, llevando tal tipo de gestiones…”, esa información adicional permite que la otra persona nos haga más preguntas y exprese su opinión.

Tanto al darnos a conocer como a la hora de hacer preguntas, conviene ser cautos para evitar que el otro pueda sentirse mal o tener una mala imagen de nosotros. Por eso se suele ir poco a poco, desde un nivel más superficial hasta otro más profundo. Se puede empezar hablando con frases hechas (“buenas, ¿cómo estás?”), para a continuación hablar de hechos o sucesos (“hoy he tenido mucho trabajo”), después de opiniones (“me parece interesante ir a museos”) y, finalmente, de sentimientos (“me siento más nervioso últimamente”).

Cuando no se respeta esta progresión y se expone o pregunta información personal demasiado pronto, el interlocutor tiende a sentirse mal.

En el extremo contrario, está comprobado que si no hablamos nunca de nosotros mismos, los otros se sentirán incómodos o se alejarán, pues nos considerarán personas misteriosas, poco de fiar o que no tenemos nada que decir.

  •         Escucha activa: significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. Se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

 

Para llegar a entender a alguien se precisa asimismo cierta empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona. Así, cuando mantenemos una actitud de escucha activa, la otra persona siente que es muy agradable hablar con nosotros.

Saber escuchar, es uno de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo. A pesar de existir la creencia errónea de que se escucha de forma automática, escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye.

De hecho, la falta de comunicación que se sufre hoy día, se debe en gran parte, a que no se sabe escuchar a los demás y se está más tiempo pendiente de nuestro propio discurso. En esta necesidad propia de comunicar, se pierde la esencia de la comunicación: poner en común y compartir con los demás.

En el siguiente post terminaremos de exponer las habilidades que necesitamos para conseguir una comunicación eficaz.

 

Ana Martín Almagro

 

PorInstituto Bitácora

Síndrome de Ulises

El síndrome de Ulises o síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple no es un trastorno mental sino un cuadro de estrés muy importante que se da en inmigrantes que viven situaciones extremas y sufren unas condiciones límites que no pueden elaborar adecuadamente.

Puede ser algo muy confuso porque lo primero que acabamos que decir es que no es un trastorno mental, por lo que a la persona que está sufriendo y con cantidad de signos y síntomas de ello le decimos que no tiene nada. Por otra parte también puede ocurrir todo lo contrario, que se diagnostique incorrectamente de trastorno depresivo cuando la persona esta llena de proyectos e ilusiones que desea realizar y quiere y se siente activa.

No es un duelo migratorio clásico, toda inmigración conlleva una enorme cantidad de pérdidas. En primer lugar mencionaremos brevemente algunas características concretas de un “duelo migratorio”: es un duelo parcial, porque el país del que uno se va no se extingue y además como suele visitarlo en vacaciones o mantener contacto con él, se vuelve recurrente el duelo cada vez que vuelve a alejarse, además está vinculado a ciertos aspectos asociados a la infancia muy relevantes, sus orígenes, en cuanto al idioma, personas queridas, costumbres… que ayudaron a formar la personalidad del emigrante. Otra característica es que es múltiple, es un duelo por la familia, por el idioma, por la cultura, por los colores, olores, por el clima, por el estatus social… Puede dar lugar a cambios en la personalidad, que en ocasiones fortalecen al emigrante pero que también pueden llegar a desestabilizarlo.

Cuando no se logra la elaboración y superación de este duelo y se suman características extremas puede desembocar en el Síndrome de Ulises.

¿Cuáles son los estresores más importantes del síndrome de Ulises?

 

–          La separación forzada de los seres queridos con lo que esto supone en todo el sistema de apego, que es un sistema básico de seguridad y supervivencia para las personas.

–          El sentimiento de desesperanza cuando ven que el proyecto y todas las oportunidades que esperan encontrar han fracaso.

–          El tener que luchar literalmente por sobrevivir, con elementos tan básicos como dónde comer o dónde encontrar un techo para dormir.

–          El miedo en los propios viajes, caminar kilómetros y kilómetros en medio del frío, el esconderse en maleteros o incluso maletas, el acabar ahogados al caerse de una patera, las amenazas de las mafias o de la detención y expulsión, etc.

Tenemos que tener además en cuenta que todos estos estresores se pueden acumular y potenciar entre ellos, como se suele decir, lo negativo llama a lo negativo y que esta situación puede durar meses o incluso años con el sentimientos del individuo que poco puede hacer él para cambiar su situación y que lo demás también poco hacemos.

¿Qué siente la persona con un síndrome de Ulises ?

 

Es habitual que el emigrante se sienta triste, irritable, con tensión y dificultad para dormir bien, puede padecer dolores poco específicos, musculares, de cabeza, etc. Que nos recuerdan a cuadros de ansiedad y depresión, sin tener porqué llegar a presentar la persona un cuadro propiamente dicho de estos. Y es que una situación de estrés crónico puede afectar tanto a la personalidad como al funcionamiento de los órganos internas y haber alteraciones en los sistemas hormonales y de neurotransmisores, que haga que se den los síntomas previamente mencionados.

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

¿Cómo afrontar un duelo?

Aunque el duelo es una experiencia común no deja de ser estresante. Todos en algún momento de nuestras vidas tendremos que afrontar la muerte de algún ser querido y hoy queremos hablar un poco sobre ello.

La palabra “duelo” proviene de la terminología latina dolus que significa: dolor.

Durante un duelo se van desencadenando multitud de sentimientos y todos necesitamos un tiempo para aceptarlos.

¿Es normal cómo estoy llevando mi duelo?

Normalmente en un primer momento se produce una fase de negación, esto quiere decir que la persona se siente como aturdida o confundida sin creerse lo ocurrido. Este sentimiento es normal en unas primeras horas o días, es como un mecanismo de defensa porque en un primer momento no podemos soportar tanto dolor, no nos da tiempo a encajar la noticia, incluso este periodo ayuda a llevar a cabo tareas propias de organización del funeral y demás. Estos rituales como el funeral ayudan en la aceptación, de la misma forma que es positivo hablar de la pérdida y de las circunstancias que rodearon a la muerte, donde estabas cuando te enteraste, cómo será el funeral…

A los pocos días este embotamiento desaparece y suele aparece la sensación ya de echar de menos al ser querido perdido. Pueden aparecer pesadillas y puede aparecer un estado de importante nerviosismo. También es natural sentir rabia, tenemos que enfadarnos, enfadarnos con el mundo, con Dios porque se lo ha llevado, con nosotros mismos por no haber estado presente, con los médicos por no haber hecho más, hasta con el fallecido porque se ha ido y me ha dejado solo.

Puede haber personas que “ven” o “sienten” a sus seres queridos en cualquier sitio, en la casa, la calle, el parque… lugares donde habían pasado tiempo juntos.

Otras personas pueden sentir alivio porque la muerte ha sido tras una dolorosa enfermedad y por fin todos han dejado de sufrir y, aunque pueden aparecer sentimiento de culpa, no tienes que sentirte culpable.

En estos momentos, lo habitual es que no le apetezca a la persona comenzar a recuperar sus actividades diarias pero lo mejor es volver a recobrar poco a poco las actividades normales de cada uno en unas dos semanas, si bien este no es el momento de tomar decisiones que supongan cambios importantes en tu vida.

Pese a que pronto recupere su funcionamiento habitual es natural que durante varios meses este muy presente en el pensamiento de la persona el recuerdo tanto de buenos como de malos momentos. Poco a poco, y como el tiempo todo lo cura, la tristeza disminuye y aunque nunca lo olvide no estará tan presente en tu día a día. Podemos encontrar maneras de recordar a los seres queridos que han fallecido llevándolos con nosotros, pero sin que ello nos impida seguir viviendo. La relación que existía entre la persona que ya no está y tú, siempre quedará dentro de ti.

¿Qué cosas puede hacer qué te ayuden a superarlo, aunque te resulten difíciles?

Arreglar y recoger las cosas personales y prendas de vestir de la persona querida, hablar con alguien de cómo te sientes, tener cerca a tus familiares y amigos, otros miembros de la familia pueden estar en tu mismo lugar y también en esas dificultades y evitar el tema no es aconsejable.

¿Cuándo pedir ayudar en un duelo?

La aceptación es la fase final del duelo. Aunque depende de cada persona, en uno o dos años, la mayoría de las personas se recuperan de una pérdida importante. Si necesitas o has necesitado más o menos tiempo permítete sentir como te sientes pero ten en cuenta que, aunque un proceso de duelo puede tener unas manifestaciones normales, el duelo, como todo proceso humano, se puede complicar. También puede ocurrir que te veas incapaz de afrontarlo, sintiéndote bloqueado y completamente abrumado, notando que nada cambia con el paso de los meses, viéndote estancado en las mismas emociones y pensamientos, y con dificultad para afrontar la vida, en este caso es cuando puedes pedir ayudar a nosotros, a los profesiones.

Dra. Mª Carmen López Alanís.

Psiquiatra Instituto Bitácora

 

PorInstituto Bitácora

Padres permisivos, padres colegas.

¿Las normas y los límites provocan infelicidad en los hijos? ¿Provocan malas relaciones padres/hijos? ¿Queremos ser los mejores amigos de nuestros hijos o los mejores padres?

 La semana pasada estuvimos hablando de los padres autoritarios viendo las similitudes y discrepancias con los padres sobreprotectores. En esta ocasión como os anuncié la semana pasada hablamos de los padres permisivos, diametralmente opuestos a los autoritarios, aunque como en la comparación entre padres autoritarios y sobreprotectores, algunas consecuencias son muy parecidas o iguales.

 Siguiendo con las cartas a los hijos, veamos la de unos padres permisivos: Leer más

PorInstituto Bitácora

Vas a obedecer porque lo digo yo

“Si no los tratas ahora con mano dura, luego se te suben a la chepa y no hay nada que hacer”. ¿Es necesaria la mano dura? ¿Nos hemos planteado cómo somos y en qué fallamos a nivel personal para pensar así?

 ¿Si ante la afirmación anterior, hablásemos de parejas en lugar de relaciones padres-hijos, pensaríamos lo mismo? Seguro que no, sería algo desorbitado.

 NOTA PREVIA ACLARATORIA: cuando hable de “padres”, estaré diciendo “padres y madres”; cuando hable de “hijos”, estaré diciendo “hijos e hijas”. Es tan sólo un estilo de escribir que sea menos “cansado” para el lector. Prosigamos.

 Hablamos hoy del estilo educativo de tipo autoritario dentro de la familia. En principio podríamos decir que es diametralmente opuesto al estilo del que estuvimos hablando la semana pasada, el estilo de sobreprotección, pero guardan ciertas similitudes que iremos desgranando. Leer más

PorInstituto Bitácora

¿De padres sobreprotectores, hijos tiranos?

¿Hasta cuándo vamos a estar ahí como escudos protectores? ¿Realmente es esa nuestra misión? ¿Estaremos fomentando el espíritu crítico en nuestros hijos? Conviene hacer de vez en cuando un parón en nuestra vida para reflexionar sobre lo que estamos haciendo y sobre cómo lo estamos llevando a cabo.

 Así comenzamos este nuevo ciclo sobre tipos de familias, hablando de los padres sobreprotectores. Aquellos sobre los que hice referencia al hablar del cordón umbilical que nunca parece vaya a romperse, aquel que se romperá de “tanto usarlo”. Leer más

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies