Vas a obedecer porque lo digo yo

PorInstituto Bitácora

Vas a obedecer porque lo digo yo

“Si no los tratas ahora con mano dura, luego se te suben a la chepa y no hay nada que hacer”. ¿Es necesaria la mano dura? ¿Nos hemos planteado cómo somos y en qué fallamos a nivel personal para pensar así?

 ¿Si ante la afirmación anterior, hablásemos de parejas en lugar de relaciones padres-hijos, pensaríamos lo mismo? Seguro que no, sería algo desorbitado.

 NOTA PREVIA ACLARATORIA: cuando hable de “padres”, estaré diciendo “padres y madres”; cuando hable de “hijos”, estaré diciendo “hijos e hijas”. Es tan sólo un estilo de escribir que sea menos “cansado” para el lector. Prosigamos.

 Hablamos hoy del estilo educativo de tipo autoritario dentro de la familia. En principio podríamos decir que es diametralmente opuesto al estilo del que estuvimos hablando la semana pasada, el estilo de sobreprotección, pero guardan ciertas similitudes que iremos desgranando.

 Si leyeron la entrada anterior, recordarán la carta que unos padres sobreprotectores le escribieron a su hijo. Esta sería la carta de unos padres autoritarios:

 “Si fallas te castigaré, si no obedeces te castigaré, si no te comportas como digo que lo tienes que hacer te castigaré. Y lo haré por tu bien, para que el futuro no falles, obedezcas y te comportes como te dije que lo hicieras. El por qué es lo de menos, lo importante es que lo hagas por que lo digo yo.”

 Este estilo se caracteriza principalmente por la imposición de normas por parte de los padres sin ninguna clase de negociación, sin escuchar a ninguna de las otras partes. El castigo lo es todo. De aquí se deriva todo.

 Se deriva la falta de comunicación. En algunos casos es escasa en otros es nula o es abundante pero mal utilizada. Si yo como padre o madre no considero importante lo que tú, hijo, me tengas que decir, no voy a perder el tiempo en escucharte, no voy a tener en cuenta por tanto tus opiniones, intereses y necesidades, y no voy a dejar que crezca en ti el espíritu crítico.

 En ocasiones, el problema de comunicación se debe a que los padres no saben mantener una conversación con los hijos por no saber estar a su nivel.

 En los casos en los que hay suficiente comunicación, la información que se recibe por parte del hijo es utilizada en su contra para tener más control sobre ellos, por lo que se acaba prohibiendo de esta forma la confianza en la familia. Los hijos aprenderán que el hermetismo es su mayor aliado, para qué decir lo que sienten y piensan.

 El nivel de exigencia que se le impone a los hijos es muy alto, sobre todo para asumir responsabilidades, impropias muchas veces de su madurez. Esto puede provocar en muchos casos, debido al alto nivel de control, el efecto contrario. Es decir, los padres sobreprotegen a los niños y no dejan que sean ellos mismos, no creen que puedan valerse por sí mismos, así que ellos controlan de manera extrema su vida (¿les suena de algo?).

 Los momentos de afecto por parte de los padres son escasos y no se suelen expresar de forma abierta. Incluso, se utiliza la falta de afecto, la indiferencia y el silencio para castigar a los hijos. Y hasta que no se obtenga el efecto deseado el castigo seguirá.

 Es un estilo basado en lo negativo y deja a un lado lo positivo. No hay recompensas, felicitaciones o halagos ante lo conseguido, porque los padres piensan que cuando hacen algo de forma correcta sus hijos, es porque es su obligación. Un logro se convierte en un deber.

 Las amenazas y las tácticas de intimidación son otra arma a utilizar para conseguir lo que se quiere. Tipo: si no haces lo que te digo te vas a enterar; atente a las consecuencias si no me obedeces; más vale que lo consigas o si no ya sabes lo que  viene después.

 Los castigos físicos también están presentes. Esta es una de las grandes armas de intimidación y subyugación que existe. ¿Cómo es capaz la persona que me cuida y me quiere, en la que confío y quiero, hacerme esto?

 Todas estas características de “¿Cómo conseguir ser autoritario con tus hijos?, provocarán las siguientes consecuencias en los hijos (muchas de ellas también se consiguen con el estilo de sobreprotección):

 – Falta de autoestima.

 – Escasas habilidades sociales.

 – Inseguridad: no confían en sí mismos.

 – Tendencia a sentirse culpables: esa espada de Damocles constante por si estamos fallando a nuestros padres debe ser agotadora. Podríamos decir que esto no se cumple en el estilo de sobreprotección.

 – Dependencia de los demás: están acostumbrados a que todo se haga por ellos, en este caso porque se les indica constantemente lo que tienen que hacer (a diferencia de los sobreprotectores que son ellos mismos quienes lo hacen).

 – Tristeza: escasos momentos de felicidad.

 – Irritabilidad: ser huraño hace que no se acerquen a ti, así se vive más tranquilo.

 – Falta de comunicación: no expresan lo que quieren ni lo que sienten. Les da miedo hacerlo por las futuras represalias. Incluso aprenden a mentir para evitar castigos.

 – Poca o nula iniciativa: los padres se han encargado de tenerlas.

 – Obediencia a los padres absoluta: sin embargo, en ausencia de esta, muestran rebeldía, agresividad e irresponsabilidad. No saben cómo enfrentarse a las situaciones sin el dedo indicativo presente. De forma jocosa (hagan una mirada amplia de lo que voy a decir), en el estilo de sobreprotección es al contrario, son los hijos los que imponen una obediencia absoluta a sus padres.

 Como ven, el estilo de sobreprotección y el autoritario tienen claras diferencias a la hora de la ejecución, sin embargo, si miramos las consecuencias no las hay tantas.

 La próxima semana hablaremos del estilo permisivo. Os espero.

Mª Ángeles Fernández Arias. Psicopedagoga.

About the author

Instituto Bitácora administrator

Somos un equipo multidisciplinar, encabezado por el Dr Reina, dedicado al tratamiento del alcoholismo y otras adicciones, así como a la atención de la familia y a las patologías mentales, desde un modelo bio-psico-social que permite hacer una lectura antropológica de la persona que presenta el problema en su contexto y dentro de unos principios Bioéticos.

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