¿De padres sobreprotectores, hijos tiranos?

PorInstituto Bitácora

¿De padres sobreprotectores, hijos tiranos?

¿Hasta cuándo vamos a estar ahí como escudos protectores? ¿Realmente es esa nuestra misión? ¿Estaremos fomentando el espíritu crítico en nuestros hijos? Conviene hacer de vez en cuando un parón en nuestra vida para reflexionar sobre lo que estamos haciendo y sobre cómo lo estamos llevando a cabo.

 Así comenzamos este nuevo ciclo sobre tipos de familias, hablando de los padres sobreprotectores. Aquellos sobre los que hice referencia al hablar del cordón umbilical que nunca parece vaya a romperse, aquel que se romperá de “tanto usarlo”.

 Si algún padre o madre (sobreprotector), le escribiera una carta a su hijo, sería algo parecido a esto:

 “No te preocupes por nada, porque ahí estaré; no pierdas el tiempo pensando cómo arreglar un problema, porque yo lo solucionaré por ti; tus fallos serán los míos y yo me responsabilizaré de ellos; decidiré siempre lo que más te conviene, y; haré por ti lo que me pidas. Yo, seré tú.”

 No conozco a ningún padre o madre que no quiera lo mejor para sus hijos o que quiera que sus hijos sufran. Sin embargo, podemos errar en cómo hacer que eso se cumpla. Si nos consideramos los únicos responsables de la vida a la que estamos acompañando, comenzamos con un error de base. Hay que tener en cuenta al otro individuo, aunque sea pequeño, aunque sea un adolescente o ya un adulto. Esa otra persona tiene peculiaridades, expectativas y es necesario que sepa cómo cumplirlas, unas veces con ayuda y otras solo. Pero nunca, como simple espectador.

 Si no permitimos que nuestros hijos se equivoquen, cómo van a aprender para una siguiente vez. En muchas ocasiones los padres sobreprotectores intentan evitar que sus hijos vivan situaciones que a ellos les supusieron una vivencia negativa, sin saber que gracias a precisamente esa vivencia, aprendieron, crecieron a nivel personal y sobre todo emocionalmente. No es fácil dejar que nuestros hijos se “estrellen”, pero es necesario.

 Seguro que muchas veces hemos oído e incluso dicho eso de “lo que sea para que a mi niña no le falte de nada” (y aunque esto casi siempre hace referencia a aspectos materialistas, también podemos aplicarlo a aspectos emocionales, educativos…). Y no está mal que a nuestra niña no le falta de nada, pero como casi todo, depende. Y dependerá si la hacemos partícipe de cómo conseguirlo, porque se lo podemos dar todo hecho o podemos enseñarle a cómo hacerlo. Por ejemplo, si hacemos por ellos el trabajo de ciencias sobre el sistema solar, cierto es, que probablemente sea el mejor trabajo de su clase (si somos manitas claro), pero lo que no va a conseguir, y esto es seguro, es la satisfacción de haberlo hecho, y habrá perdido la honestidad de comentar la autoría del trabajo.

 Los niños educados en este tipo de familia anteponen sus necesidades y deseos a los del otro, lo que les llevará más tarde a tener grandes dificultades en las relaciones con sus amigos. “Yo soy el centro en mi casa, ¿por qué no voy a serlo en el cole?”.

 Como consecuencia, tendremos a niños o adolescentes con una baja tolerancia a la frustración, lo tienen todo y no les cuesta nada conseguirlo, ni física ni mental ni emocionalmente hablando. Si algo no te cuesta hacerlo no lo valoras en su medida. Cuando ellos tengan que enfrentarse solos a la consecución de sus metas y no lo consigan, qué ocurrirá: rabietas incontrolables, miedo, ira, baja autoestima, ansiedad, poca seguridad en sí mismos…

 Hasta ahora hemos hablado de los hijos, pero qué les ocurre a los padres con este rol parental. Es difícil ser feliz plenamente cuando se piensa que no se puede cometer ningún error, porque caerá en nuestros hijos. Esos hijos que cada vez nos demandan más atención sin ningún tipo de compasión, ya que siempre han obtenido lo que han querido, esos pequeños seres que se transforman en “tiranos” con sus padres, ¿y cómo no hacerlo?, así han crecido: yo pido y tú me das. Esas son las reglas del juego. Los padres viven subyugados a los hijos.

 El mundo perfecto no existe y tampoco se puede crear. No pretendamos que nuestros hijos vivan en un mundo irreal entonces, en la vida hay grandes momentos de felicidad, como también episodios problemáticos en los que hay que armarse de sabiduría y solucionar los problemas. Si no tenemos las herramientas en nuestra cabeza, cómo lo vamos a hacer.

 Da miedo que los hijos crezcan y algún día se vayan, parece que perderemos ese vínculo que se creó cuando nacieron. Pues pensemos en ese vínculo como algo alterable, es decir, que cambia con el tiempo y que tiene que ir adaptándose a la situación familiar. Nunca dejarán de ser nuestros hijos y, a su vez, tenemos que decir sin miedo a equivocarnos que nunca fueron nuestros.

 Una de nuestras misiones como padres es la de fomentar en los hijos la responsabilidad en la consecución de sus propios proyectos, en definitiva, de su vida. No es nuestra tarea conseguirlos por ellos.

 Es necesario poner límites, normas y claro está, hacer que se cumplan. Muchas veces, lo que necesitan nuestros hijos es un “NO”. Para sentirse seguros, para saber cómo “no” se hacen las cosas. Para sentir y saber que sus padres son un referente a seguir.

 Termino con esta viñeta de SIPE, como dice mi compañero Sebastián Sanz, dote a su vida de humor.

  viñeta

 La próxima semana hablaré sobre los padres autoritarios. Y como ya sabéis no dudéis en comentar, preguntar, sugerir y criticar constructiva mente.

 Os espero en nuestra siguiente cita semanal.

Mª Ángeles Fernández Arias. Psicopedagoga.

About the author

Instituto Bitácora administrator

Somos un equipo multidisciplinar, encabezado por el Dr Reina, dedicado al tratamiento del alcoholismo y otras adicciones, así como a la atención de la familia y a las patologías mentales, desde un modelo bio-psico-social que permite hacer una lectura antropológica de la persona que presenta el problema en su contexto y dentro de unos principios Bioéticos.

1 comentario hasta ahora

Prepararse para la muerte – INSTITUTO BITÁCORAPosted on10:37 am - May 11, 2017

[…] Ira: una rebelión contra todo y todos. […]

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