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HABILIDADES PARA UNA COMUNICACIÓN EFICAZ (II)

Si recordáis en el anterior post sobre la comunicación,   hablamos de la importancia que tiene en las conversaciones con los demás aspectos como formular las preguntas adecuadas,  no  hablar excesivamente,  respetar las pausas,  darnos a conocer y  practicar la escucha activa. Ahora os pregunto… ¿Habéis puesto en práctica alguna de estas habilidades?, y si es así, ¿qué observáis en la otra persona?, ¿cómo os habéis sentido con la práctica?

En este post continuaremos hablando de algunas otras habilidades también a tener en cuenta de cara a una buena comunicación con los demás.

¿Qué habilidades son necesarias para una comunicación eficaz?

·      Hacer elogios sinceros: los elogios expresan un pensamiento o sentimiento positivo hacia otra persona. Pueden referirse a una cualidad que nos agrada (“Eres muy inteligente”), a su aspecto (“Ese vestido te sienta muy bien”) o a algo que le pertenece (“Me gusta tu jardín”). No se trata de adular sino de elogiar sinceramente, sin tratar de obtener nada a cambio.

Cuando nos acostumbramos a elogiar y a mostrar aprecio a los que nos rodean, suelen establecerse mejores relaciones y los demás tienden también a hacernos más elogios, resultando más atractivos para nuestros interlocutores. Además, les ayudamos a mejorar su autoestima.

Igualmente beneficioso es realizar verbalizaciones que refuerzan el discurso del interlocutor, al transmitir que estamos de acuerdo o comprendemos lo que acaba de decir. Algunos ejemplos serían: “Esto es muy divertido”, “Me encanta hablar contigo” o “Debes ser muy bueno jugando al futbol”. Otro tipo de frases menos directas sirven también para transmitir el interés por la conversación: “Bien”, “umm” o “¡Estupendo!”.

·      Aceptar elogios: para que los demás se sientan bien al hacernos elogios conviene que nos habituemos a escucharlos con agrado, sin negarlos ni ignorarlos y sin mostrarnos incómodos. Cuando no los aceptamos, el otro puede pensar que estamos cuestionando la validez de su elogio o su honestidad y puede sentirse mal.

·      Reformulación: consiste en resumir con las propias palabras lo que parece que el emisor acaba de decir. Es muy importante en el proceso de escucha ya que ayuda a comprender lo que el otro está diciendo y permite verificar si realmente se está entendiendo y no malinterpretando lo que se dice. Un ejemplo puede ser: “Entonces, según veo, lo que pasaba era que…”, “¿Quieres decir que te sentiste…?”.

·      Mostrarse de acuerdo en lo posible: cuando acostumbramos a discrepar demasiado de los demás, suelen sentir que no les comprendemos. Por eso, se aconseja que, si a nuestro juicio, la afirmación de alguien está equivocada, se lo digamos con cautela:  “Lo que dices es verdad y ahora, si me lo permites, voy a explicarte mi manera de verlo”, “Tu opinión me parece muy interesante y, desde mi punto de vista…”.

Se trata de mostrarnos de acuerdo, en lo posible, con el contenido de su mensaje, mostrando sobre todo respeto y comprensión por su opinión, aunque no la compartamos. En realidad, casi siempre podemos encontrar algo que respetar o admitir en las opiniones que expresen los demás, aunque no estemos de acuerdo con ellas.

·      Cuidar la comunicación no verbal: que debe de ir acorde con la verbal. Por tanto, decir por ejemplo ” ya sabes que te quiero” con cara de enfado dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

También conviene que el contacto visual sea frecuente, pero no exagerado.

Todos estos aspectos son susceptibles de entrenamiento y mejora. Por ello os animo a que lo tengáis en cuenta,  lo pongáis en práctica en vuestras conversaciones cotidianas y observéis qué sucede en la otra persona y en vosotros…¡Cuanto más practiques mejor!

 

Ana Martín Almagro

 

 

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Habilidades para una comunicación eficaz

Aunque comunicarse parece simple, mucho de lo que comunicamos, con frecuencia se interpreta erróneamente o no se entiende bien. Esto puede causar conflictos en nuestras relaciones personales o profesionales.

Lo interesante de este tema es que la comunicación, al igual que otras competencias, se puede aprender y practicar.

En este post nos centraremos en algunas de las habilidades que resultan necesarias de cara a  mantener conversaciones y una buena comunicación.

¿Qué habilidades son necesarias para una comunicación eficaz?

 

  •         Formular preguntas adecuadas: por lo general deben ser oportunas, que no resulten molestas al interlocutor, centrarse en temas que interesen al otro y no ser excesivamente cerradas.

Las preguntas cerradas (“¿prefieres pizza o ensalada?”, “¿de dónde eres?”, etc.) si se usan en exceso obstaculizan la comunicación, mientras que las abiertas (“¿qué te ha parecido la noticia?”, “¿qué haces el fin de semana?”, etc.) ayudan a que la conversación alcance mayor profundidad.

  •         No hablar excesivamente y respetar las pausas en las conversaciones: puede ser útil aprovechar las pausas para volver a un tema anterior o para abordar un tema nuevo. Sabemos que hablar demasiado es un defecto bastante común y una de las habilidades sociales más importantes es la de saber escuchar y guardar silencio cuando sea oportuno.
  •       Darnos a conocer: consiste en comunicar información acerca de nosotros mismos: de cómo pensamos y sentimos, de nuestros problemas, deseos y proyectos. Estas autorrevelaciones permiten que la comunicación fluya.

Por ejemplo, si alguien que acabamos de conocer nos pregunta: “¿cuál es tu profesión?”, y nos limitamos a responder “comercial”, cerramos la comunicación. En cambio, si respondemos expresando algo más de nosotros mismos como “trabajo en una multinacional, llevando tal tipo de gestiones…”, esa información adicional permite que la otra persona nos haga más preguntas y exprese su opinión.

Tanto al darnos a conocer como a la hora de hacer preguntas, conviene ser cautos para evitar que el otro pueda sentirse mal o tener una mala imagen de nosotros. Por eso se suele ir poco a poco, desde un nivel más superficial hasta otro más profundo. Se puede empezar hablando con frases hechas (“buenas, ¿cómo estás?”), para a continuación hablar de hechos o sucesos (“hoy he tenido mucho trabajo”), después de opiniones (“me parece interesante ir a museos”) y, finalmente, de sentimientos (“me siento más nervioso últimamente”).

Cuando no se respeta esta progresión y se expone o pregunta información personal demasiado pronto, el interlocutor tiende a sentirse mal.

En el extremo contrario, está comprobado que si no hablamos nunca de nosotros mismos, los otros se sentirán incómodos o se alejarán, pues nos considerarán personas misteriosas, poco de fiar o que no tenemos nada que decir.

  •         Escucha activa: significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla. Se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo.

 

Para llegar a entender a alguien se precisa asimismo cierta empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona. Así, cuando mantenemos una actitud de escucha activa, la otra persona siente que es muy agradable hablar con nosotros.

Saber escuchar, es uno de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo. A pesar de existir la creencia errónea de que se escucha de forma automática, escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye.

De hecho, la falta de comunicación que se sufre hoy día, se debe en gran parte, a que no se sabe escuchar a los demás y se está más tiempo pendiente de nuestro propio discurso. En esta necesidad propia de comunicar, se pierde la esencia de la comunicación: poner en común y compartir con los demás.

En el siguiente post terminaremos de exponer las habilidades que necesitamos para conseguir una comunicación eficaz.

 

Ana Martín Almagro

 

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