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PorInstituto Bitácora

Cannabis y adolescencia.

El cannabis es globalmente la sustancia psicoactiva ilícita, aunque su regulación varía en función a cada país, más comúnmente utilizada. El cannabis es una planta conocida en botánica como “cannabis sativa” de la que se extraen diversos derivados, entre los cuales los más conocidos son el hachís y la marihuana.

El hachís es la resina gomosa que se obtiene de las flores de las plantas hembras tras su prensado. La marihuana, se obtiene triturando las flores, hojas, semillas y tallos secos de la planta. El principal principio activo responsable de los efectos experimentados después del consumo es el THC (siglas del tetrahidrocannabidol), aunque en la planta se han identificado cerca de setenta compuestos químicos capaces de alterar el funcionamiento de nuestras neuronas.

A pesar de que muchas personas consideran el cannabis una sustancia inocua, supone un riesgo para la salud y existe una preocupante demanda creciente de tratamiento por consumo de cannabis, sobre todo en la población joven. De hecho, los adolescentes españoles ocupan los primeros puestos en los rankings de consumidores de esta sustancia.

El consumo de hachís y/o marihuana produce diferentes síntomas físicos, psicológicos y alteraciones en el comportamiento, que aparecen a los pocos minutos de ser fumado, y suelen durar varias horas. Estos efectos pueden variar en función a determinadas circunstancias, tales como la edad o personalidad de los consumidores, las expectativas existentes en relación con el consumo, la cantidad consumida, las experiencias previas con la sustancia, la frecuencia de su uso, el contexto o ambiente de consumo o el tiempo trascurrido tras el consumo.

Lo que hoy queremos señalar, es lo que nos estamos encontrando con cada vez más frecuencia en la consulta.

Padres desesperados que no saben cómo ayudar a sus hijos, adolescentes y jóvenes que se han bajado del carro de ir evolucionando y creciendo como personas,  asumiendo responsabilidades, o que simplemente no se han subido.

Y es que, en determinadas etapas del ciclo vital, en la adolescencia, el consumo de cannabis resulta altamente nocivo. La alta concentración de tetrahidrocannabinol (THC) en el cerebro adolescente que no ha concluido el proceso de desarrollo, provoca una mayor vulnerabilidad a sus efectos nocivos, aumentándose la capacidad de provocar alteraciones en su estructura y conexiones neuronales, y en su funcionamiento normal.

No se trata únicamente de pérdidas de concentración y de memoria que afectan al aprendizaje, de deterioro cognitivo asociado al fracaso escolar, de falta de reflejos y alteración de la capacidad motora o del “síndrome amotivacional” que implica apatía y desinterés por los estudios y el entorno. Sino que además, como droga de abuso que es, tiene un impacto acumulativo que no solo incrementa el riesgo de desarrollo de una adicción, sino que además puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades mentales subyacentes.

Como vemos el consumo de cannabis con fines no médicos, está lejos de ser inofensivo especialmente para los jóvenes. Supone un riesgo que tiene consecuencias tanto para la salud, como para el desarrollo y adaptación personal y social.

En concreto, en la adolescencia, el consumo de hachís o marihuana, puede dificultar los procesos de desarrollo y maduración física, intelectual y afectiva. Las alteraciones que provoca en la memoria y en el aprendizaje, pueden dar lugar al fracaso en el ámbito educativo y condicionar así las posibilidades de adaptación o ajuste social a medio y largo plazo.

 

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

Cannabis y sus efectos

Hay muchas personas que consideran que el cannabis, la droga ilegal más consumida en todo el mundo, es una sustancia inocua, que no supone un riesgo para la salud. E incluso hay personas que tienen una visión positiva de su uso, a pesar de las muchas evidencias acerca de los efectos negativos del cannabis.

Existen muchos tópicos y mitos, mucha información distorsionada acerca del uso recreativo del cannabis,  que promueven una cultura favorable hacia su consumo y que responden a diferentes intereses,  y por ello, el debate sobre su consumo, está muy presente.

Nuestro objetivo es compartir algunas de las situaciones relacionadas con esta droga, que nos encontramos día a día en la consulta. Y por la que habría que empezar es precisamente esta cuestión, la resistencia a entender y a aceptar, que para algunas personas el consumo de cannabis se ha convertido en un problema serio, en una adicción.

 Con información de fuentes serias, parece una realidad innegable, que el uso continuado de cannabis provoca problemas físicos, psicológicos, sociofamiliares, y escolar-laboral. A poco que profundicemos n os encontramos con que la marihuana o el hachís producen:

-Problemas respiratorios y cardiovasculares, así como procesos cancerosos similares al del tabaco.

-Alteraciones en el aprendizaje y memoria, que afectan al desarrollo intelectual y por tanto al rendimiento escolar y/o laboral.

-Alteraciones psicológicas, o el llamado síndrome amotivacional, que se caracteriza por la aparición de apatía, empobrecimiento afectivo, abandono y desinterés, que tiene mucho que ver con el término “pasota” y que dificulta los procesos de maduración afectiva.

-Reducción del sistema inmunitario y alteración de la reproducción celular, que supone mermar la capacidad del organismo ante las infecciones.

-Afecta negativamente al funcionamiento hormonal sexual, tanto en hombres como en mujeres, en el caso del hombre reducción del número y movilidad de los espermatozoides, ciclos menstruales sin ovulación en el de la mujer.

-En personas con predisposición favorece la aparición de trastornos psicóticos graves.

-Y puede acabar en el desarrollo de una adicción.

El consumo esporádico también puede suponer un riesgo. Además del hambre que entra, de la risa floja y tonta, de lo lento que pasa el tiempo, de las distorsiones en la percepción sensorial que parece todo más bonito más intenso, de lo rojo que se te ponen los ojos… tras esa excitación inicial, con aumento del ritmo cardíaco y presión arterial,  viene la sensación de relajación, con descoordinación intelectual y somnolencia, por lo que resulta muy complicado  entonces, llevar a cabo procesos mentales en los que intervenga la memoria o la concentración. Y  lo de montarnos en el coche bajos los efectos del cannabis cuando los tiempos de reacción son mayores porque la capacidad de atención y alerta está mermada, supone un riesgo tanto para nosotros como para los demás…

Pero a pesar de ello, de las consecuencias tanto del consumo continuado como del consumo esporádico, cuando tenemos ante nosotros un caso de una persona con problemas por el consumo de cannabis, ya sea el consumo el problema en sí mismo, es decir una adicción, o el consumo de cannabis esté afectando de manera negativa a otro problema, nos encontramos con un alto nivel de resistencia por parte de los pacientes para entender y aceptar dicha situación. La persona niega o minimiza que el consumo de marihuana o hachís sea un problema, porque ese es el mensaje que les llega, que fumar porros tiene efectos menos negativos que el alcohol o el tabaco, que es  un producto natural, de hecho cada vez hay más gente que lo cultiva en casa, que el hachís o la marihuana no produce adicción, que su consumo se puede controlar porque mucha gente fuma porros a lo largo de su vida y no pasa nada, que tienen efectos terapeúticos…

El primer paso pues, sería aceptar la negativa del paciente como algo normal, que forma parte de la sintomatología de este tipo de trastornos, y trabajar sobre la motivación, para aumentar la conciencia de problema y la posibilidad de cambio.

Asunción Lago Cabana. Psicóloga Instituto Bitácora.

 

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