Etiquetasfamilia

PorInstituto Bitácora

Familia:Cuando la distancia es la mejor estrategia

El mundo entero celebraba el pasado lunes 15 de mayo el Día de la Familia.

El lema de este año es “Familia, educación y bienestar”. Y con él se pretende resaltar el papel de las familias en estas cuestiones, educación y el velar por el bienestar de sus miembros, así como visibilizar la importancia de la familia como cuidadora, y señalar las  buenas prácticas dirigidas a la conciliación de la vida familiar y laboral y a asistir a los progenitores en su papel de educadores y cuidadores.

 

Desde Instituto Bitácora nos unimos a esta celebración y como hemos hecho en otras ocasiones queremos destacar la importante función de la familia como educadora en la prevención del consumo de alcohol y drogas, así como su papel como principal fuente de motivación, dando razones al paciente para que acepte ayuda cuando se están produciendo problemas, y como acompañantes del paciente a la hora de afrontar el tratamiento  para este tipo de problemas.

 

La familia tiene un papel determinante en el proceso de recuperación. Y a veces se enfrenta a situaciones muy difíciles, tan difíciles como el caso que ahora presentamos.

“Estar casada con un hombre con problemas con el alcohol y adicción a las drogas no es fácil, sobre todo porque me considero una persona muy emocional. Y no es que piense que mi vida es un drama, aunque a veces lo parezca, es porque las emociones pesan. Y esto a veces hace más complicado afrontar algunos problemas. Estos problemas hacen mella tanto en el paciente como en los familiares. 

Una vez diagnosticado el problema de mí marido. Comenzamos terapia, tanto de pareja como la de las adicciones, donde he aprendido mucho y me ha ayudado mucho. Y eso lo he ido viendo conforme el tiempo ha pasado. 

Mi marido comenzó la terapia animado, “obligado” por mí, todo ello estando separados, ya que sus problemas con las drogas fueron para mí una sorpresa, que descubrí cuando él un día acabó en urgencias. Decidí que estar separados en ese momento era lo mejor. Era la única manera de que él abriese los ojos hacia una realidad que no era capaz de ver y sobre todo a valorar todo lo que perdía con la vida que estaba llevando hasta ese momento. 

La separación para mí era una necesidad.Llevo casada 10 años y en todo ese tiempo como mucho hemos estado separados una noche. Por lo que poner distancia entre nosotros fue un gran hándicap para mí, supongo que también para él. Era como comenzar algo nuevo sin haberlo planeado y con los ánimos por los suelos, unido a la intranquilidad de qué estará haciendo y esa amarga sensación de no poder proteger/ controlar que una vez conocida su adicción sale de ti. Pero con el tiempo sabes que la última decisión en esos momentos es suya, así que por mucho que se controle/ proteja es él el que tiene que decir que no. Pero estaba segura que ésta separación era por su bien y por el mío, no como escarmiento sino como herramienta para intentar que viese la realidad de las cosas y valorase todo lo que se “jugaba” con su adicción y yo poder aclarar ideas y de alguna manera sobrevivir a la pesadilla que supone todo esto. 

Esta separación animó a mi marido a tomarse más en serio todo lo que estaba pasando. Después de meses de recorrido y abstinencia, decidimos que era el momento de volver a casa. Y todo marchaba medio bien. Yo me volqué en su recuperación e intentamos empezar una nueva vida. Pero mi marido por hacer caso omiso a las advertencias de cómo superar todo esto y no saberse proteger de los peligros, se relajó y tuvo una recaída. 

De nuevo hubo necesidad de separación física y se marchó de casa. El se lo tomó como una reprimenda. Yo se lo pedí porque no podía volverme a hundir, me negaba a que si él no quería seguir las pautas necesarias para avanzar, yo no avanzar por ello. Me parece muy injusto que porque uno quiera “tirarse al pozo” arrastre a los demás. Esta vez no, iba a afectarme lo necesario, pero nada más. Canalicé todos los sentimientos que en el momento de la recaída me brotaron. Y aunque suene a tópico decidí que ya no iba a sufrir más de lo necesario. Le iba a ayudar, siempre y cuando me demostrase que se tomaba en serio todo esto. Pero mi vida debía continuar, mis hijos no se merecen a una madre triste, yo no me merezco estar mal, nadie se merece estar mal, quizá algunos necesitan pasarlo mal para aprender a valorar lo que tienen y las consecuencias de sus actos.

No me podía quedar estancada en el problema, necesitaba avanzar, la vida sigue y estar centrada en el problema no es la solución. Y eso que dicen de cuando estás bien los problemas se afrontan de otra manera, es verdad. Las dos recaídas me han pillado de diferente manera. Y sinceramente cuando estás bien sabes manejar mejor la situación. Aunque claro está que no todo está en tu mano, si no en la del enfermo. 

Y sí, poner distancia es duro, triste, y es un cambio radical en tu vida. Pero yo creo que es la mejor ayuda tanto para el enfermo como para los familiares. Tanto a unos como a otros les hace ver más la realidad de esta enfermedad. Hace abrir los ojos sobre qué es lo mejor en sus vidas y ayuda a trazar un nuevo camino, ya sea juntos o separados. Todo dependerá de cómo se lo planteen ambas partes. No por ello creo que sea la solución al problema en sí, pero sí creo que es una de las maneras de llegar al objetivo que marcamos al comienzo de la terapia. Y si se quiere se puede. Solo hay que saber luchar por lo que verdad merece la pena” 

 

 

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

15 noviembre Día Mundial Sin Alcohol

Desde Instituto Bitácora, nos súmanos a la celebración del Día Mundial Sin Alcohol.

Y ya que es un día para la reflexión sobre las consecuencias del consumo de alcohol, queremos señalar, el difícil escenario en el que se encuentran las personas que presentan un trastorno por consumo de alcohol.

Se encuentran con una sociedad que acepta y valora que con dos copas de más contemos cuatro chistes, pero cuando aparecen problemas nos aparta.

Se encuentran con una enfermedad que gran parte de la población no considera como tal, aunque sean evidentes los desequilibrios a nivel físico, psicológico y social.

Se encuentran con que los dispositivos que están a su alcance muchas veces no funcionan. Sabemos muy bien qué hacer ante un problema de colesterol, o hipertensión o diabetes o ansiedad o tabaquismo, pero muchas veces se atienden los problemas derivados del alcohol, sin tratar el problema del alcohol. Solo pondré un ejemplo, porque hay muchos. El chaval que una noche de sábado acaba en urgencias por un coma etílico, ¿Qué se hace? ¿Se trabaja una vez que se le da el alta para evitar una segunda vez?

Hoy, quince de noviembre, queremos acercar esta problemática, creciente a pesar del trabajo en prevención que se ha hecho y se está haciendo, a TODOS. Y queremos especialmente señalar, que las personas que presentan problemas con el alcohol sufren mucho, en silencio, en soledad. Sufren como consecuencia de la enfermedad. Sufren por la culpa, la vergüenza, y sufren por el estigma social que todo ello supone.

Os dejamos el testimonio de dos de nuestros pacientes que están dejando de sufrir.

 

Tras muchos intentos sola por salir de ese refugio en el que por circunstancias de la vida hacia años me encontraba inmersa, y con el empuje principal de mis hijos que también estaban a punto de tirar la toalla, casi me vi obligada a tomar la mejor decisión que quizás haya tomado en mi vida, asistir al Centro Bitácora con mucha fe y esperanza, de la mano de quienes más amor y cariño podré recibir jamás, a quienes les di la vida.

Para mi ha sido maravilloso dejar de beber, he aprendido a valorar la vida, a reír estando fresca, a disfrutar de mis hijos y de mis nietos, a verme guapa, a no tener pereza en arreglarme, salir, hacer actividades que antes no hubiera hecho ni soñando.
Me costó mucho abrirme y contar mis experiencias, pero ahora asisto a terapias con otras mujeres como yo y me lleno de alegría y entusiasmo. Compartir es afrontar.
La vida sin alcohol es VIDA.

 

Bueno me llamo Vicente:

 

Mi vida sin alcohol es maravillosa, cuando bebía mi vida no era vida, era una persona que me encerraba en mi mismo y cada vez peor y todo por la bebida. Vivía para la bebida. Hasta que un día a mi familia le pedí ayuda y empezó una nueva vida sin alcohol y es estupenda.

 

Empiezo a ser yo, ya no tengo tanto miedo a salir a la calle mirando hacia abajo para que nadie note que tengo los ojos rojos de la resaca, ahora en todo momento soy yo quien decide, sin dudar, ya que me siento seguro de mi mismo puesto que tengo ganas de vivir, empiezo a cuidarme, mi aspecto es totalmente diferente ahora estoy limpio, cuidado, e incluso tengo más peso, puesto que antes no comía solo bebía y de comer nada.

Donde no veía una salida ahora si la veo, y es más, hasta me gusta ver que me estoy queriendo pues si me quiero yo podré querer a otras personas.

Ahora mi camino puede ser de rosas con espinas, pero veo lo positivo, veo la rosa y las espinas las aparto, puesto que ahora empiezo a ser yo mismo y positivo, no veo la oscuridad de antes que solo me decía pobre de mi, ahora tengo problemas como todo el mundo, pero los afronto con más claridad y no escondo la cabeza como hacia antes, afronto todo desde una perspectiva normal.

Ahora empiezo a ser una persona normal y no enferma y ser normal para un alcohólico no es fácil, pero si quieres puedes. Y te aseguro que no cambio ni mi mejor día de borrachera por el peor día que tenga ahora, puesto que ahora soy muchísimo más feliz que antes y me gusta mucho quererme, me sienta bien y a los demás que me quieren también. Y empiezan a confiar en mi y eso me llena y me da mucha más fuerza para seguir a delante, y fuerza para creer en mi mismo.

He recuperado lo más importante para mi, mi hija y mi familia, y creedme, cuando te ves solo y envuelto en el mundo del alcohol no ves salida, pero si la hay. Yo no soy especial ni nada de eso, solo tengo ganas de vivir mi vida sin una copa, puesto que soy enfermo alcohólico, pero la vida sin alcohol es maravillosa y se consigue siempre que uno quiera.

Asunción Lago Cabana.

Psicóloga de Instituto Bitácora

PorInstituto Bitácora

Cambios, crisis, evolución

¿Dónde está el manual de la vida? ¿Quién me dice qué debo hacer ahora que todo está cambiando? Todos nos hemos preguntado alguna vez estas cuestiones y todos sabemos a ciencia cierta que ni existen los manuales ni nadie puede decirte qué hacer sin riesgo a equivocarse (es más fácil culpar a los demás de los propios errores que a uno mismo).

La vida está llena de cambios como dije en la primera entrada sobre el aspecto evolutivo de la familia. Hay momentos en el ciclo vital de las familias que se producen cambios naturales y otros cambios que son inesperados.

Los cambios naturales son aquellos que son esperables y por los que un gran porcentaje de personas pasan a lo largo de su vida y son como todos los cambios, momentos de readaptación, técnicamente hablando, momentos de crisis. Leer más

PorInstituto Bitácora

“LE PRESENTO A LA FAMILIA. ENCANTADO DE CONOCERLA”

Durante las próximas semanas comenzaré a hablar sobre la familia y la importancia que tiene ésta en la maduración de la persona. Trataré distintos aspectos como: la importancia de la comunicación, las dificultades al afrontar cambios en el seno familiar, tomas de decisiones, rigidez o permisividad en las normas, etc.

Para empezar a hablar sobre familia y sobre las dificultades a las que se enfrenta, lo primero que debo realizar es una reflexión sobre qué es la familia, para así comprender los “porqués” de estas dificultades con las que se encuentra a lo largo de su camino.

Y lo haré desde tres puntos de vista básicos: la familia como agente de socialización, su proceso evolutivo y la familia como sistema. Los tres aspectos son lo suficientemente extensos como para escribir capítulos y capítulos sobre ellos, pero trataré de resumirlos de forma comprensiva en esta entrada. Posteriormente, en sucesivas entradas, ahondaré en cada uno de ellos, exponiendo casos de ejemplo que a todos nos “sonarán”.

La familia debe recibir una atención especial ya que, las personas encuentran en ella seguridad y afecto. Es la primera fuente de socialización del hombre y la mujer, desde donde se educa para la vida en sociedad. Es, por tanto, la unidad primaria de interacción y sostenimiento de la estructura social.

Sobre su aspecto evolutivo, podemos decir que todas las familias tienen un ciclo vital, como cualquier ser vivo. Y durante ese ciclo, se van produciendo diferentes etapas, etapas de cambios que provocan desequilibrios en la estabilidad familiar.

Al igual que la sociedad evoluciona, la familia también lo hace. Ambos conceptos son activos y van pasando por fases, que suponen crisis naturales y debido a ellas, las familias se transforman, crecen, maduran y/o se rompen.

Su estructura está formada por roles, que como todo ciclo evolutivo, van cambiando según la etapa en la que se encuentre la familia: separación de la familia de origen para formar una relación conyugal, nacimiento de hijos, distintas etapas de los hijos (niñez, adolescencia, emancipación), jubilación y ancianidad. Así, la persona va adquiriendo a lo largo de su vida distintos roles, y en ocasiones, incluso adopta varios roles en un momento determinado: hija, esposa, madre… Roles que la persona debe desempeñar adecuadamente y, además, en relación con los otros miembros de la familia.

Pasando ahora al aspecto sistémico de la familia, podemos decir que la familia está conformada por reglas de comportamiento internas, implícitas y explícitas, marcadas por los miembros individuales de ésta y por el conjunto de sus miembros. Muy ligadas a su vez a la interacción con el exterior, formando parte así del contexto social en el que vive.

Concretando: ¿qué quiere decir que la familia tiene un funcionamiento sistémico? Podríamos decir, que la familia está formada por personas que se relacionan entre sí, marcando estas relaciones los roles y los vínculos dentro de este sistema.

Es importante decir, que en todo sistema, el cambio de una de las partes afecta al resto de las partes. Así que, si un miembro de la familia está pasando por una etapa personal de cambio, esto afectará al resto de personas que forman su núcleo familiar, ya que su forma de relacionarse será distinta y, por lo tanto, esto afectará a la forma de relacionarse del resto tanto con él en concreto como entre sí.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, para resolver las crisis que van surgiendo en el núcleo familiar, es importante analizar la evolución tanto del grupo familiar como individual, el sistema de relaciones internas existente y las relaciones externas que tienen sus miembros con el exterior (la sociedad, en términos generales).

Teniendo en cuenta esto último, en la resolución de cualquier conflicto producido en el seno familiar, se hace imprescindible una intervención integradora, que tenga en cuenta los tres aspectos destacados, y esto nos lo proporciona la terapia familiar.

La próxima semana hablaré sobre la familia como agente de socialización, y como os dije al principio, expondré casos de ejemplo, para clarificar el concepto y dejar a un lado el “academicismo” de esta primera entrada. Os espero.

Mª Ángeles Fernández Arias. Psicopedagoga

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies