¿CÓMO ME RELACIONO?

PorInstituto Bitácora

¿CÓMO ME RELACIONO?

Desde la psicología identificamos tres formas básicas de relacionarnos con los demás: a través de la conducta pasiva, agresiva y asertiva.

Así, la persona intenta por todos los medios que no se produzca un conflicto y evita pasar un mal momento. Este tipo de comportamiento impide expresar honestamente los sentimientos, pensamientos u opiniones o bien se hace pero de una manera autoderrotista, o con disculpas sin convicción. El mensaje que se comunica es:

Esta conducta pasiva suele acompañarse de conductas no verbales como un volumen de voz bajo, habla poco fluida, bloqueos al hablar, huida del contacto ocular, cara tensa, dientes apretados, movimientos corporales nerviosos o inapropiados, etc. Como consecuencia de esta forma de relacionarnos, la persona tiene la constante sensación de ser incomprendida, manipulada o no tenida en cuenta, con sentimientos de culpa, ansiedad, frustración y baja autoestima. Incluso puede sentirse agresiva pero no lo manifiesta. Por otro lado, los efectos que produce en los interlocutores este comportamiento suelen ser negativos, pues la otra persona no sabe si se está o no aprovechando de ella, al no estar diciendo realmente lo que quiere decir, y además el otro interlocutor se puede sentir cargado de responsabilidad, porque es él quien tiene que tomar las decisiones. La segunda forma de relacionarnos es la forma agresiva. Contrariamente a la anterior, aquí la persona antepone y defiende sus derechos de una manera ofensiva, manipulativa e inapropiada, pasando por encima de los derechos de los demás. En este caso, la persona trata de alcanzar la victoria a través de la dominación, utilizando técnicas de degradación o manipulación entre otras. La persona piensa que si no se comporta así podría resultar demasiado vulnerable ante los demás y suelen sentirse “honestos” porque expresan lo que sienten y “no engañan a nadie”. El mensaje que se comunica es: “mis opiniones, sentimientos o pensamientos cuentan más que los tuyos”, “es más importante lo mío que lo tuyo”, “soy superior a ti”. Acompañando a estas manifestaciones verbales suelen darse comportamientos corporales destinados al mismo fin: mirada agresiva, aumento del volumen de la voz, gestos o posturas de amenaza, etc. Las consecuencias a corto plazo pueden ser tanto positivas, pues muchas veces consigue sus propósitos, como negativas debido a que puede experimentar sentimientos de culpabilidad. Sin embargo a largo plazo las consecuencias suelen ser negativas, pues puede ir acumulando tensión en sus relaciones con los demás, o rencor por parte de éstos. Terminamos este post hablando de la tercera forma de relación con los demás, la conducta asertiva. Esta conducta implica

franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos pero siempre respetando los derechos de los demás. Ser asertivo no significa querer llevar siempre la razón, sino expresar nuestras opiniones y puntos de vista, sean estos correctos o no. Todos tenemos también derecho a equivocarnos. El mensaje que se comunica es:

Normalmente los problemas de falta de asertividad pueden ser debidos a que no sabemos cómo comportarnos. El miedo a expresar nuestros sentimientos y deseos nos lleva a emplear estilos pasivos o agresivos. Ni que decir tiene que la mejor forma de relacionarse es asertivamente. No obstante, conviene aclarar que nadie es totalmente asertivo, pasivo a agresivo, pues son habilidades o actitudes que adoptamos en forma más o menos habitual y que también dependen de las situaciones o personas con quienes nos relacionamos (podemos ser asertivos en unas situaciones pero no en otras). Sería más exacto hablar de la asertividad como algo que podemos poseer en mayor o menor grado, o con mayor o menor frecuencia, y que es susceptible de aprendizaje y mejora a través de un adecuado entrenamiento.

Ana Martín Almagro. Psicóloga de Instituto Bitácora

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Instituto Bitácora administrator

Somos un equipo multidisciplinar, encabezado por el Dr Reina, dedicado al tratamiento del alcoholismo y otras adicciones, así como a la atención de la familia y a las patologías mentales, desde un modelo bio-psico-social que permite hacer una lectura antropológica de la persona que presenta el problema en su contexto y dentro de unos principios Bioéticos.

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