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PorInstituto Bitácora

Mindfulness en el tratamiento de las adicciones

¿Qué es MINDFULNESS?

Mindfulness es la acepción inglesa del concepto castellano de “atención plena”, “estar atento”, “conciencia plena”, o “presencia plena”. E implica que la persona se concentre en la tarea que está realizando en ese momento, sin que la mente divague sobre el futuro o el pasado, y sin sensación de apego o rechazo, y cuyo objetivo es provocar  claridad de mente y agrado.

Es una práctica históricamente arraigada en antiguas disciplinas meditativas budistas  que en el mundo occidental ha sido considerada más como una técnica en psicoterapia que como una religión.

Jon Kabat Zinn, biólogo molecular, médico, escritor y profesor universitario, considerado por muchos como el introductor del mindfulness en el ámbito clínico en el mundo occidental, lo define como “el estado de conciencia que emerge a través de prestar atención en el momento presente, de forma intencional, y sin juzgar, a la experiencia que se despliega momento a momento”

El mindfulness, tiene tres elementos principales: la conciencia, el momento presente, y la aceptación. Y la herramienta principal es la respiración natural.

La manera más fácil y eficaz de comenzar a practicar mindfulness es concentrar la atención en la respiración y observar lo que sucede mientras intentamos mantenerla ahí.

El auge del MINDFULNESS

Las técnicas del mindfulness, desde el punto de vista de la psicología occidental, se utilizan con fines terapéuticos por su capacidad para producir un aumento de la atención y una mejora en las habilidades para responder a los procesos mentales que contribuyen al malestar emocional y a los comportamientos desadaptativos. Suponen una manera de centrarnos en lo que está sucediendo en el aquí y ahora con nuestra vida, tomar contacto directo y ser conscientes de nuestra realidad, para poder así, aceptar, afrontar y manejar nuestro malestar.  Es este el motivo, por el que a lo largo de las tres últimas décadas se han incluido en intervenciones clínicas.

Sin embargo, en la última década, en nuestro país, el mindfulness, ha experimentado una gran expansión y se está aplicando a numerosos ámbitos, sobre todo al personal y laboral, de manera que muchos pueden creer que puede ser una solución para casi todo. Y parece que en la sociedad en la que actualmente vivimos, en la del corre corre, en la de la eterna juventud, en la del no sufrir, en la de los mil y un estímulos… tiene mucha cabida. Sin embargo, muchos expertos, expertos que defiende el mindfulness, advierten de cuál es la situación real, y alertan de los posibles riesgos que puede tener una expansión sin límites.

El riesgo está en no darle el lugar que tiene, y que se aplique en cualquier ámbito y por cualquier persona. El mindfulness, en función a la evidencia científica actual, sirve para el estrés, para la ansiedad, para el dolor, para la enfermedad, pero no para todo, y debe ser utilizado en psicoterapia por las personas que están capacitadas para ello, que son, los médicos, psiquiatras y  psicólogos.

¿Sirve el MINDFULNESS para el tratamiento de las adicciones?

Como acabamos de afirmar, existen evidencias médicas que avalan los beneficios del mindfulness como práctica de reducción de la tensión. Dado que tanto la conducta de consumo como el riesgo de recaída aumentan la tensión y el estrés, tanto a nivel fisiológico como psicológico, las técnicas de mindfulness son una estrategia eficaz para la prevención de recaídas.

La prevención de recaídas basada en mindfulness:

-Permiten reducir la tensión o malestar que pueden desembocar en impulsos y deseos de consumo, resultando útil tanto si el objetivo es una meta de moderación como si es la abstinencia.

-Favorece el autocontrol, ya que facilita el identificar, aceptar y canalizar nuestras emociones y pensamientos.

-Ayuda a situarnos en lo positivo, favoreciendo el establecer relaciones con nosotros mismos y con el mundo, más sanas y que nos ayuden a desarrollarnos y a crecer como personas.

En el siguiente post, profundizaremos en este último punto, la PREVENCIÓN DE RECAÍDAS BASADA EN MINDFULNESS.

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

Taller de prevención de recaídas

Empezamos el mes de julio, con un taller de prevención de recaídas, destinado a pacientes y familiares de pacientes con problemas por consumo de alcohol y/o drogas.

Aunque en algunos casos al principio del tratamiento pueda resultar relativamente fácil cambiar las conductas relacionadas con el consumo de alcohol y/o drogas durante un tiempo, la llamada “luna de miel”, lo difícil es mantener estos cambios. El intento de superación de un problema por consumo de alcohol o drogas es un proceso largo y complejo en el que pueden surgir crisis. Cuando el paciente no afronta adecuadamente estas crisis o dificultades, se pueden producir nuevos consumos. Además si éstos, no son tratados adecuadamente, el paciente volverá a “engancharse”.

Estos consumos se denominan recaídas. La recaída es todo un proceso. Una cadena progresiva de conductas, actitudes, emociones y pensamientos, que se inicia mucho antes de que el paciente comience a consumir alcohol y/o droga de nuevo. Y aunque resulta difícil establecer claramente dónde empieza una recaída, generalmente se inicia como consecuencia de algún estresante o de algún cambio tanto positivo como negativo.

Una recaída es por tanto, el resultado de un sumatorio de errores, muchos de ellos percibidos por las personas que rodean al paciente, y sobre el que se puede intervenir para parar el proceso y que no acabe en recaída.

Esta idea, es el punto de partida del taller que vamos a desarrollar a lo largo del mes desde Instituto Bitácora. Y aunque el hecho de que una recaída se inicie mucho antes de que la persona consuma, pueda parecer muy catastrófico, en realidad es todo lo contrario, resulta muy alentador que a lo largo de ese periodo de tiempo en el que se está preparando la recaída, podamos identificar las señales de aviso y poder actuar sobre ellas.

El primer objetivo del taller, que no el único, es el de aprender a reconocer dichas señales. Para algunos de los familiares estas señales no resultaran extrañas, ya que la conducta adictiva se vuelve rígida y esquemática, e incluso muchas veces han sido capaces de predecir cuándo se va a producir un nuevo episodio de consumo. Muchas veces hemos escuchado cómo un familiar nos contaba, por ejemplo, que el paciente le había llamado por teléfono para decir que ya iba para casa, y al colgar sabía que ya no volvería, no lo había visto, pero había un no sé qué, que le decía lo que iba a acabar pasando.

O ver un determinado gesto que no está en el repertorio habitual del paciente y que el familiar sabe que su presencia es un motivo de alarma… El paciente y la familia aprenderán a manejar estos pequeños cambios para poder reconducir y parar un posible proceso de recaída.

Estas señales, no solo son ciertos estados emocionales, como tristeza, irritabilidad, enfado, aburrimiento, soledad…o físicos como falta de energía, fatiga… sino también actitudes, comportamientos y procesos cognitivos.

El papel de la familia es muy importante, ya que el paciente tiende a no ver estas señales o a restarles importancia. El paciente empieza a sumar pequeños errores, determinadas mini decisiones aparentemente poco importantes, que pueden poner en marcha una recaída. En la cima de la montaña hay una bolita de nieve tamaño canica, que si se deja caer por la ladera acabará siendo de tal tamaño que se volverá imparable y pasará seguro sobre nosotros. Así es como funciona el proceso de recaída, va haciéndose cada vez más fuerte, más difícil de manejar, y es por ello, que es tan importante el identificar las señales y aceptarlas, para poder canalizarlas bien, y cuanto antes… en adicciones dejar las cosas para mañana puede ser muy tarde.

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

DEJAR DE FUMAR

Hace unas semanas, el 31 de mayo, se celebraba el día mundial sin tabaco, una iniciativa de la Organización Mundial De La Salud, que por primera vez se hizo en 1987. Dicha iniciativa  tiene por objetivo poner de relieve los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo y abogar por políticas eficaces para reducir su consumo. El lema de este año ha sido: “El tabaco, una amenaza para el desarrollo”.

Dependencia Fisiológica

El tabaco contiene nicotina, una droga cuya capacidad adictiva se puede comparar con la heroína y la cocaína. Así, la mayoría de los consumidores de tabaco, son adictos a la nicotina, y les resulta difícil dejarla por iniciativa propia. El principal objetivo de fumar tabaco es hacer llegar rápidamente una dosis de nicotina al cerebro.

La mayoría de los fumadores que conocen los peligros del tabaco desean dejarlo. Como sucede con otras adicciones, dejar el tabaco no es fácil, muy pocos fumadores son capaces de dejarlo en el primer intento, aunque existen diferentes formas para dejarlo que son eficaces y por tanto puede lograrse.  La principal dificultad para el abandono de la conducta de fumar es la dependencia a la nicotina. Pero los motivos por los que se mantiene la conducta de fumar, es un fenómeno más  complejo, en el que hay que abordar no solo la potente dependencia fisiológica, sino que también la dependencia psicológica (procesos cognitivos) y la comportamental (asociación con situaciones, lugares, personas).

Motivación

Tal como nos informan desde muchos medios, dejar de fumar es lo mejor que pueden hacer los consumidores de tabaco para proteger su salud y la de los demás. Pero hay que encontrar razones, para hacer frente a la fuerte dependencia, y pasar de pensar y saber el daño que supone para nuestra salud, para nuestro bolsillo, a pasar a la acción. Si los fumadores son conscientes de que dejar el tabaco es un beneficio a todos los niveles tanto para sí mismo como para los que le rodean, y que dejar de fumar es posible, estarán en disposición de intentarlo.

Tratamientos para dejar de fumar

Aunque muchas personas son capaces de dejar el tabaco por sí mismas, hay otras muchas que necesitan ayuda. Para estas últimas, existen diferentes tratamientos con base científica para dejar de fumar. Lo ideal es recibir consejo médico sanitario, para decidir cuál es la estrategia  que mejor se adapta a la persona en particular. Algunas de ellas son:

-Terapias de reemplazo de la nicotina. Los más conocidos son los chicles y los parches de nicotina, pero también hay sprays e inhalantes.

-Terapias farmacológicas: La vareniclina (también llamada Chantix®) es un medicamento que fue desarrollado para este menester.  Interfiere sobre los receptores de nicotina en el cerebro, teniendo un doble efecto, por un lado reduce el placer que una persona experimenta al fumar, y por otro reduce los síntomas de abstinencia de nicotina.

El bupropión, que se conoce por los nombres de marca Zyban, Wellbutrin o Aplenzin, es un fármaco con propiedades psicoestimulantes, que está indicado como antidepresivo y también para el abandono del tabaco, ayudando a reducir la ansiedad y los síntomas de abstinencia.

-Terapias conductuales: Que han demostrado su eficacia tanto por sí mismas como conjuntamente con las terapias anteriormente citadas. Sus estrategias van desde el empleo de guías o manuales de autoayuda, hasta la terapia cognitiva-conductual individual o de grupo.

La mayoría de los tratamientos para dejar de fumar van desde uno a tres meses, pero para reducir las recaídas, que en un alto porcentaje se producen, se recomienda un seguimiento más allá del tiempo que ocupa el tratamiento propiamente dicho.

Programa de tratamiento de Instituto Bitácora

Desde Instituto Bitácora, como con otras adicciones, contamos con un programa específico de tratamiento para dejar de fumar. Es un tratamiento multidisciplinar, integrativo e individualizado, que está basado en la reducción progresiva de la dependencia fisiológica, psicológica y conductual.

En un plazo de ocho semanas, la persona será capaz de abandonar el tabaco, sin que le resulte difícil, siguiendo una serie de indicaciones, objetivas y fáciles de alcanzar. Esto es así porque al ir disminuyendo poco a poco los niveles de nicotina, más el apoyo cognitivo-conductual, se minimiza el malestar producido por el síndrome de abstinencia.

En los casos en los que fuera necesario, se recurriría a otras estrategias complementarias tales como el apoyo farmacológico o técnicas de relajación.

Como antes señalábamos, un seguimiento periódico más allá de las ocho semanas que ocupan el programa de reducción progresivo para dejar de fumar,  es aconsejable para poder mantenerse abstinente.

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

Familia:Cuando la distancia es la mejor estrategia

El mundo entero celebraba el pasado lunes 15 de mayo el Día de la Familia.

El lema de este año es “Familia, educación y bienestar”. Y con él se pretende resaltar el papel de las familias en estas cuestiones, educación y el velar por el bienestar de sus miembros, así como visibilizar la importancia de la familia como cuidadora, y señalar las  buenas prácticas dirigidas a la conciliación de la vida familiar y laboral y a asistir a los progenitores en su papel de educadores y cuidadores.

 

Desde Instituto Bitácora nos unimos a esta celebración y como hemos hecho en otras ocasiones queremos destacar la importante función de la familia como educadora en la prevención del consumo de alcohol y drogas, así como su papel como principal fuente de motivación, dando razones al paciente para que acepte ayuda cuando se están produciendo problemas, y como acompañantes del paciente a la hora de afrontar el tratamiento  para este tipo de problemas.

 

La familia tiene un papel determinante en el proceso de recuperación. Y a veces se enfrenta a situaciones muy difíciles, tan difíciles como el caso que ahora presentamos.

“Estar casada con un hombre con problemas con el alcohol y adicción a las drogas no es fácil, sobre todo porque me considero una persona muy emocional. Y no es que piense que mi vida es un drama, aunque a veces lo parezca, es porque las emociones pesan. Y esto a veces hace más complicado afrontar algunos problemas. Estos problemas hacen mella tanto en el paciente como en los familiares. 

Una vez diagnosticado el problema de mí marido. Comenzamos terapia, tanto de pareja como la de las adicciones, donde he aprendido mucho y me ha ayudado mucho. Y eso lo he ido viendo conforme el tiempo ha pasado. 

Mi marido comenzó la terapia animado, “obligado” por mí, todo ello estando separados, ya que sus problemas con las drogas fueron para mí una sorpresa, que descubrí cuando él un día acabó en urgencias. Decidí que estar separados en ese momento era lo mejor. Era la única manera de que él abriese los ojos hacia una realidad que no era capaz de ver y sobre todo a valorar todo lo que perdía con la vida que estaba llevando hasta ese momento. 

La separación para mí era una necesidad.Llevo casada 10 años y en todo ese tiempo como mucho hemos estado separados una noche. Por lo que poner distancia entre nosotros fue un gran hándicap para mí, supongo que también para él. Era como comenzar algo nuevo sin haberlo planeado y con los ánimos por los suelos, unido a la intranquilidad de qué estará haciendo y esa amarga sensación de no poder proteger/ controlar que una vez conocida su adicción sale de ti. Pero con el tiempo sabes que la última decisión en esos momentos es suya, así que por mucho que se controle/ proteja es él el que tiene que decir que no. Pero estaba segura que ésta separación era por su bien y por el mío, no como escarmiento sino como herramienta para intentar que viese la realidad de las cosas y valorase todo lo que se “jugaba” con su adicción y yo poder aclarar ideas y de alguna manera sobrevivir a la pesadilla que supone todo esto. 

Esta separación animó a mi marido a tomarse más en serio todo lo que estaba pasando. Después de meses de recorrido y abstinencia, decidimos que era el momento de volver a casa. Y todo marchaba medio bien. Yo me volqué en su recuperación e intentamos empezar una nueva vida. Pero mi marido por hacer caso omiso a las advertencias de cómo superar todo esto y no saberse proteger de los peligros, se relajó y tuvo una recaída. 

De nuevo hubo necesidad de separación física y se marchó de casa. El se lo tomó como una reprimenda. Yo se lo pedí porque no podía volverme a hundir, me negaba a que si él no quería seguir las pautas necesarias para avanzar, yo no avanzar por ello. Me parece muy injusto que porque uno quiera “tirarse al pozo” arrastre a los demás. Esta vez no, iba a afectarme lo necesario, pero nada más. Canalicé todos los sentimientos que en el momento de la recaída me brotaron. Y aunque suene a tópico decidí que ya no iba a sufrir más de lo necesario. Le iba a ayudar, siempre y cuando me demostrase que se tomaba en serio todo esto. Pero mi vida debía continuar, mis hijos no se merecen a una madre triste, yo no me merezco estar mal, nadie se merece estar mal, quizá algunos necesitan pasarlo mal para aprender a valorar lo que tienen y las consecuencias de sus actos.

No me podía quedar estancada en el problema, necesitaba avanzar, la vida sigue y estar centrada en el problema no es la solución. Y eso que dicen de cuando estás bien los problemas se afrontan de otra manera, es verdad. Las dos recaídas me han pillado de diferente manera. Y sinceramente cuando estás bien sabes manejar mejor la situación. Aunque claro está que no todo está en tu mano, si no en la del enfermo. 

Y sí, poner distancia es duro, triste, y es un cambio radical en tu vida. Pero yo creo que es la mejor ayuda tanto para el enfermo como para los familiares. Tanto a unos como a otros les hace ver más la realidad de esta enfermedad. Hace abrir los ojos sobre qué es lo mejor en sus vidas y ayuda a trazar un nuevo camino, ya sea juntos o separados. Todo dependerá de cómo se lo planteen ambas partes. No por ello creo que sea la solución al problema en sí, pero sí creo que es una de las maneras de llegar al objetivo que marcamos al comienzo de la terapia. Y si se quiere se puede. Solo hay que saber luchar por lo que verdad merece la pena” 

 

 

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

ADICCIÓN A LA COMIDA

Hoy queremos hablar de la relación problemática que establecen algunas personas con la comida, relación que nada tiene que ver con comer por tener hambre.

1. Trastornos alimentarios

Los trastornos alimentarios constituyen un problema de salud emergente que tiene un fuerte impacto en nuestra sociedad. Aunque el síntoma, o la manifestación del trastorno es la alteración de la conducta alimentaria, el origen de este trastorno es multifactorial. La interacción de diferentes aspectos de origen biológico, psicológico, familiar y sociocultural, dan lugar al desarrollo de este trastorno, que provoca serias consecuencias negativas tanto en la salud física y en el funcionamiento psicosocial de la persona que lo padece.

En cuanto a factores biológicos los más significativos son el género, ya que es más probable su desarrollo en mujeres que en hombres, la etapa del proceso de desarrollo, que hace de la pubertad un periodo de alta vulnerabilidad para el desarrollo del trastorno, y el funcionamiento neuroquímico. Entre los psicológicos, se encuentran la insatisfacción personal, autoexigencia, sintomatología ansiosa y/o depresiva.

En cuanto al factor familia, las investigaciones se han centrado en el funcionamiento familiar, y concluyen que las familias con un miembro con trastorno alimentario, presentan mayor deterioro, caracterizado por menor cohesión, adaptabilidad, expresividad, independencia, respuesta afectiva, control conductual y escasez de actividades que fomenten el desarrollo de sus integrantes, cuestiones, que por otra parte son aspectos comunes a otras patologías. Desde el punto de vista sociocultural la imposición desde todos los medios de una imagen corporal “ideal” es un punto a tener muy en cuenta, en el crecimiento de este tipo de trastorno.

2. Tipos de trastornos alimentario

El término “trastornos alimentarios” se refiere a una variedad de trastornos cuya característica común son los comportamientos anormales de alimentación. Son problemas de salud mental serios, que pueden llegar a poner en peligro la vida del enfermo. Los principales trastornos alimentarios son: la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón.

Hoy nos ocuparemos de este último.

3. Trastorno por atracón.

Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), el trastorno por atracón tiene como característica principal episodios de ingesta en un tiempo concreto, generalmente inferior a dos horas, en el que la persona ingiere cantidades de alimentos significativamente superiores al que la mayoría de las personas ingeriría en tiempo y circunstancias parecidas. Se acompaña de sensación de pérdida de control, entendida como la incapacidad para contenerse y no comer, o para parar de comer una vez que se ha empezado. Se acompaña de un malestar intenso, y se asocia, al menos a tres de los hechos siguientes: Comer más rápidamente de lo normal, comer hasta sentirse desagradablemente lleno, comer grandes cantidades de alimentos sin sensación física de hambre, comer debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere, y sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.

Esta sensación, sentirse avergonzado por los problemas alimentarios, hace que los episodios se produzcan a escondidas. En este tipo de trastorno alimentario, no existen conductas compensatorias, por lo que pueden aparecer oscilaciones en el peso y problemas de sobrepeso.

Cuando se tiene un episodio por atracón, no cualquier alimento es válido. Se eligen alimentos denominados “confort” que son ricos en azúcares, grasas y sal, que producen en el cerebro serotonina, dopamina, endorfinas y opioides que dan lugar a efectos sedantes y placenteros. Por lo que este tipo de alimentos produce una rápida sendación de placer y por tanto disminuye la sensación de malestar percibido y se refuerza este comportamiento.

4. Tratamiento

La preocupación de las personas que sufren este trastorno es doble. La principal está relacionada con la pérdida de control ante la comida, que como hemos mencionado anteriormente, procude un intenso malestar. Y también está la preocupación por los efectos que dichos atracones pueden tener a medio y largo plazo en el aumento de peso, que puede acabar dañando aun más el estado emocional y las relaciones interpersonales. Así, la persona se queda atrapada en un círculo vicioso del que es difícil salir sin ayuda especializada.

La ayuda especializa, dado que los antecedentes de los atracones  son estados emocionales negativos, es decir, que la forma de comer, o la cantidad de comida ingerida está en función al estado de ánimo, y no a la necesidad fisiológica de comer, tendrá como objetivo la creación de hábitos alimentarios saludables y trabajo a nivel emocional, para aprender a manejar y afrontar las dificultades vitales.

El tratamiento, dado la etiología multifactorial del trastorno deberá ser de corte  multidisciplinar e individualizado. En muchos casos, además de psicoterapia, se requiere de apoyo farmacológico, para hacer frente a la sintomatología ansiosa-depresiva, y como en los trastornos por consumo de sustancias, la implicación de la familia y grupos de apoyo son una parte importante del proceso de tratamiento. Estar con otras personas que intentan superar el mismo tipo de problema, como en los problemas adictivos, es una potente herramienta, y puede ser una parte muy efectiva del tratamiento.

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

Videojuegos y cannabis. Una potente asociación.

En Instituto Bitácora venimos atendiendo, desde hace unos años, a personas con problemas por consumo de cannabis asociado a los videojuegos. Es un problema de absoluta actualidad, debido a que en los últimos años está experimentando un significativo aumento. Desde el punto de vista de edad y sexo, es más habitual entre adolescentes y  jóvenes, aunque no es un problema exclusivo de esta franja de edad. Y se da mayoritariamente entre los hombres.

Ambas conductas, consumo de cannabis, y videojuegos, son vistas, especialmente por muchos de nuestros jóvenes, como conductas que no suponen riesgo alguno, sino todo lo contrario. Pero si por separado el mal uso de ambas conductas resulta potencialmente dañino, combinadas se multiplican las posibilidades de desarrollar problemas serios. Como decíamos en publicaciones anteriores, en determinadas etapas del ciclo vital, el consumo de cannabis resulta altamente nocivo tanto para la salud, como para el desarrollo y adaptación personal y social. Pudiendo dificultar los procesos de desarrollo y maduración física, intelectual y afectiva. Además, las alteraciones que provoca en la memoria y en el aprendizaje, pueden dar lugar al fracaso en el ámbito académico y laboral y condicionar así, las posibilidades  de ajuste social a medio y largo plazo.

En cuanto a los videojuegos, como explicábamos también en otra publicación, que actúan sobre el cerebro de la misma manera que sustancias que pueden desarrollar dependencia, como el mismo cannabis, su asociación actúa como un potente amplificador de la sintomatología.

De manera que la disforia (estado de ánimo depresivo, ansiedad, irritabilidad), la anhedonia (incapacidad para experimentar placer), la indiferencia afectiva, las alteraciones en procesos cognitivos (atención, memoria, pensamiento, lenguaje), la alteración de la percepción del tiempo, el aislamiento por la disminución de las relaciones familiares y sociales, la falta de interés hacia otras actividades… convierten a la persona en alguien incapaz de hacer nada, de disfrutar de nada, que se mantendrá indiferente y despreocupado por todo lo que le rodea, y que solo se limitará a hacer las actividades que está obligado a hacer.

Para un mayor entendimiento de lo que puede ocurrir cuando se asocian videojuegos y cannabis, acompañamos el post con el relato de una persona que pasó por todo esto hace unos años.

“Para empezar, decir claramente que yo me enganché a la play, y a los porros. No sé qué fue primero, ambas cosas me divertían.  Ahora sé que para mí es una adicción, y que sirve de puente y es compatible con otras adicciones. Desde el presente me resulta fácil ver que se convirtió en una adicción, por la sencilla razón que llegó un momento en el que no podía parar de jugar, por algún motivo, supongo que por el uso desmesurado que llegué a hacer, el mecanismo de mi cerebro para tomar esa decisión, la de parar, sencillamente desapareció.

Durante mucho tiempo pensé que no estaba haciendo nada malo. Que hacía lo que me gustaba. Que muchas veces lo hacía con mis amigos y eso era aun mejor. Y muchas veces fumaba porros, y creía que me divertía más, y que me concentraba más… Seguía pensando que no pasaba nada, me divertía, estaba en casa con amigos… pero esa mezcla, la play, los porros, me tenía absorbido.

Todo mi tiempo libre era para jugar, ya daba igual si solo o con alguien, eran horas y horas, incluso toda la tarde o toda la noche.

Me dolían hasta los dedos, pero pensaba que no pasaba nada, que era divertido, que no estaba haciendo nada malo, que mis amigos también lo hacían. Cuando jugaba fumaba porros, o a veces bebía alcohol, con mis amigos… casi no salía de casa, y cuando salía pensaba en jugar en cuanto volviera…y cada vez había más veces que jugaba y fumaba solo, pero seguía pensando que no pasaba nada, que era divertido.

No pensaba que era un problema, y no escuchaba a mi familia, cuando me insistían en que aquello ya no era normal, que se me pasaba la vida sin hacer otra cosa, y que yo no era el mismo. Escuchar a los que te quieren es fundamental, y a mí me faltó humildad. Seguía diciéndome que yo no tenía ningún problema, que no estaba haciendo nada malo, que era divertido. Ponía mil excusas para seguir pensando que estaba haciendo lo que yo quería. No quería ser consciente de mi realidad, y las cosas se iban agravando y el pozo se hacía más hondo y cada vez era más difícil salir. Pero mi mundo era eso, se había reducido de tal manera, que lo poco que me quedaba era jugar y fumar… para mí no había más, no veía más allá.

Reconocer que tienes un problema y seguir las indicaciones de los que quieren ayudarte no es fácil. Retirarte a tiempo o no, esa es la línea que marca si las consecuencias serán esas o aumentarán.

Lo realmente cierto y positivo es que todo esto depende de nosotros. No hablo de voluntad, que también, hablo de saber dónde estás, y que el camino a recorrer para salir puede ser largo y duro. Pero la meta tiene su recompensa por mucho que tardes. Ese dicho tan antiguo de que todos los caminos llegan a Roma es cierto. A mí me dijeron, que muchos llegan pronto a Roma, pero que otros necesitamos dar vueltas antes de llegar, y que ese tiempo nunca es perdido. Yo di muchas vueltas. Hay que conocerse a uno mismo, ser humilde y valiente para dejar atrás todo con fe e ilusión… y lo dice alguien que pensaba que nunca saldría del pozo…

Escuchen a quien les quiere, sigan las indicaciones de los terapeutas, y todo saldrá bien… saludos a todos y espero que os sea de ayuda”

 

Asunción Lago Cabana

 

 

PorInstituto Bitácora

Cannabis y adolescencia.

El cannabis es globalmente la sustancia psicoactiva ilícita, aunque su regulación varía en función a cada país, más comúnmente utilizada. El cannabis es una planta conocida en botánica como “cannabis sativa” de la que se extraen diversos derivados, entre los cuales los más conocidos son el hachís y la marihuana.

El hachís es la resina gomosa que se obtiene de las flores de las plantas hembras tras su prensado. La marihuana, se obtiene triturando las flores, hojas, semillas y tallos secos de la planta. El principal principio activo responsable de los efectos experimentados después del consumo es el THC (siglas del tetrahidrocannabidol), aunque en la planta se han identificado cerca de setenta compuestos químicos capaces de alterar el funcionamiento de nuestras neuronas.

A pesar de que muchas personas consideran el cannabis una sustancia inocua, supone un riesgo para la salud y existe una preocupante demanda creciente de tratamiento por consumo de cannabis, sobre todo en la población joven. De hecho, los adolescentes españoles ocupan los primeros puestos en los rankings de consumidores de esta sustancia.

El consumo de hachís y/o marihuana produce diferentes síntomas físicos, psicológicos y alteraciones en el comportamiento, que aparecen a los pocos minutos de ser fumado, y suelen durar varias horas. Estos efectos pueden variar en función a determinadas circunstancias, tales como la edad o personalidad de los consumidores, las expectativas existentes en relación con el consumo, la cantidad consumida, las experiencias previas con la sustancia, la frecuencia de su uso, el contexto o ambiente de consumo o el tiempo trascurrido tras el consumo.

Lo que hoy queremos señalar, es lo que nos estamos encontrando con cada vez más frecuencia en la consulta.

Padres desesperados que no saben cómo ayudar a sus hijos, adolescentes y jóvenes que se han bajado del carro de ir evolucionando y creciendo como personas,  asumiendo responsabilidades, o que simplemente no se han subido.

Y es que, en determinadas etapas del ciclo vital, en la adolescencia, el consumo de cannabis resulta altamente nocivo. La alta concentración de tetrahidrocannabinol (THC) en el cerebro adolescente que no ha concluido el proceso de desarrollo, provoca una mayor vulnerabilidad a sus efectos nocivos, aumentándose la capacidad de provocar alteraciones en su estructura y conexiones neuronales, y en su funcionamiento normal.

No se trata únicamente de pérdidas de concentración y de memoria que afectan al aprendizaje, de deterioro cognitivo asociado al fracaso escolar, de falta de reflejos y alteración de la capacidad motora o del “síndrome amotivacional” que implica apatía y desinterés por los estudios y el entorno. Sino que además, como droga de abuso que es, tiene un impacto acumulativo que no solo incrementa el riesgo de desarrollo de una adicción, sino que además puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades mentales subyacentes.

Como vemos el consumo de cannabis con fines no médicos, está lejos de ser inofensivo especialmente para los jóvenes. Supone un riesgo que tiene consecuencias tanto para la salud, como para el desarrollo y adaptación personal y social.

En concreto, en la adolescencia, el consumo de hachís o marihuana, puede dificultar los procesos de desarrollo y maduración física, intelectual y afectiva. Las alteraciones que provoca en la memoria y en el aprendizaje, pueden dar lugar al fracaso en el ámbito educativo y condicionar así las posibilidades de adaptación o ajuste social a medio y largo plazo.

 

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

Videojuegos, ¿cuándo pasan a ser un problema?

Los videojuegos han pasado a ser una de las actividades más importantes entre niños, adolescentes y jóvenes, formando parte de su vida cotidiana porque, han crecido con ellos.

Los videojuegos constituyen una de las formas más extendidas de entretenimiento y también, al ser algunos de contenido didáctico, una herramienta altamente estimulante para el aprendizaje.

Pero aunque es cierto que son una forma de “entretenimiento para la mente” su uso excesivo puede conducir a serios problemas, que por otra parte no son complicados de prevenir e identificar. En los últimos años se ha triplicado la demanda de tratamiento por problemas con el uso de los videojuegos, sobre todo los videojuegos on line. Esta demanda de tratamiento, se da fundamentalmente entre adolescentes, y mayoritariamente entre los chicos.

¿CUÁNDO ESTA CONDUCTA PASA A SER UN PROBLEMA?

Decíamos anteriormente que la cuestión de diferenciar entre lo que es entretenerse un rato, y descuidar nuestras relaciones y actividades, no es una cuestión difícil de identificar. Aunque otra cuestión aparte, sería que a muchos padres se nos pasa por alto que algo está pasando, porque estamos en otra cosa. Y podemos estar utilizando los videojuegos como “niñeras” porque no tenemos tiempo para más. También sentirnos más seguros cuando los chic@ están frente a la pantalla en vez de fuera porque están en casa. Y podemos dejarlo pasar horas jugando porque no queremos enfrentarnos a la resistencia de nuestros hijos. O porque no somos capaces de poner normas y cumplirlas. O porque nosotros también estamos con la vista en otra pantalla… Leer más

PorInstituto Bitácora

Biografía de una codependiente

¿Qué es codependencia?

La palabra codependencia aparece en los setenta, para explicar la relación disfuncional que establece una persona, fundamentalmente un familiar, con otra que tiene un problema por consumo de alcohol y/o drogas. Esta relación, que es íntima y directa, tiene la particularidad, que no beneficia a ninguno de los implicados, sino todo lo contrario, dicha relación, mantiene el malestar y perpetúa el problema de abuso o adicción.

¿Cómo actúa un codependiente?

La persona codependiente intenta satisfacer sus necesidades en función al otro, alejándose y  olvidándose de sus propios problemas, por lo que están siempre por resolver. El centro de su existencia es el problema del otro, todo lo ocupa la preocupación por el otro, el miedo a la separación, la culpa… y así, su sufrimiento es constante, permanente.

Las personas que desarrollan este trastorno psicológico presentan síntomas del tipo: Necesidad de tener el control sobre el otro. Baja autoestima y sensación de falta de autoeficacia. Autoconcepto y autoimagen negativos. Dificultad para poner límites. Dificultad para establecer condiciones. Represión de emociones. Monopolización de los problemas del otro. Negación o minimización de los propios problemas, como mecanismo de defensa. Dificultad para pedir ayuda. Ideas obsesivas y/o conductas compulsivas. Miedo al abandono, a la soledad, al rechazo.

¿Quién puede desarrollar codependencia?

Como acabamos de señalar, este trastorno lo desarrollan las personas que conviven con otra que tiene un problema por consumo de alcohol y/o drogas, principalmente la pareja o familiar directo.

El género y el entorno en el que hemos crecido y hemos sido educados, son factores de vulnerabilidad para el desarrollo de la codependencia. Las condiciones sociales y culturales tienen que ver con la alta prevalencia de este problema en las mujeres. Las mujeres son las encargadas del cuidado y protección de los demás. En general, se espera que seamos dulces, dóciles, dependientes, sacrificadas, pacientes, maternales, abnegadas, dispuestas siempre a hacer cosas por los demás postergando lo nuestro…Significativo también es que muchas de las mujeres que desarrollan este tipo de relación de dependencia, desde pequeñas ocuparon roles inapropiados para su edad y se hicieron cargo de sus hermanos o padres. Esa temprana adultez las hace personas muy sensibles, y que tienden a elegir como parejas a personas a las que poder cuidar y proteger como no sintieron que hicieron con ellas. Estableciendo un lazo de unión con la persona que tiene problemas, en el que el eje más que el amor, es la necesidad. Al creer que son necesarias/os para el otro, las personas codependientes se sienten cómodas, seguras, porque la posibilidad del que el otro las abandone es menor. Pero esta condición tiene una parte muy negativa, que es que, cuando no se sienten correspondidas/os, experimentan un intenso malestar en el que incluso pueden hacerse daño a sí mismas/os

¿Cómo tratar la codependencia?

La codependencia es difícil de desactivar. El codependiente es incapaz de ver por sí mismo la relación disfuncional que ha establecido. No puede distanciarse de la relación, por muy insana que ésta sea.

Con psicoterapia individualizada, y como complemento, terapia de grupo con otras personas con el mismo problema, e incluso a veces, es necesario el apoyo farmacológico, la persona puede reconocer su condición de codependiente, iniciándose así la posibilidad de cambio, y el paso a la acción, es decir, empezar a trabajar para poder modificar la manera en que vive la relación y lograr la normalización. Leer más

PorInstituto Bitácora

De vuelta a la normalidad

De vuelta a la normalidad, aunque hay que decir, que este año la Navidad ha sido especial, porque para nosotros, Instituto Bitácora, no ha supuesto grandes cambios en la rutina de trabajo con nuestros pacientes, salvo el grupo de terapia de mujeres, que es siempre especial, e hizo un pequeño paréntesis.

La celebración de la llegada de Sus Majestades Los Reyes Magos De Oriente pone el broche final a estos días, que como os hemos ido contando en este mismo espacio, no son fáciles ni para personas que están en tratamiento por un problema por consumo de alcohol ni para sus familiares. Pero como en todo, también hay cosas buenas, y hoy os dejamos una muestra de ello.

Para Fígaro, uno de nuestros pacientes, con la iluminación de nuestras calles empezó la complicación, aunque lo vio a posteriori, pero lo vio y lo manejó bien. Por delante tenía muchas ocasiones en las que el alcohol iba a ser el gran protagonista. Además, después de unos meses en tratamiento se sentía bien, con fuerza y con la “obligación” de normalizar.

Pero ¿qué es normalizar para una persona que tiene un problema por consumo de alcohol?…

A mis pacientes les repito en muchas ocasiones: “Te puedes fiar de ti en todo, pero acerca de lo que piensas respecto al alcohol, siempre es pronto para hacerlo… Ahora que no quieres beber, que tienes claro que el alcohol es un elemento negativo en tu vida, las ganas de beber seguirán, pero ahora vendrá por otro camino… Ya no vendrán de frente…Ahora buscará la manera de convencerte, buscará la manera de que te des un permisito, para que bajes la guardia y empezar a sumar los pequeños errores, tan pequeños que ni los ves… No te fíes de tus pensamientos relacionados con el alcohol, ponlos primero en cuarentena” Leer más

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