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PorInstituto Bitácora

ADICCIÓN A LA COMIDA

Hoy queremos hablar de la relación problemática que establecen algunas personas con la comida, relación que nada tiene que ver con comer por tener hambre.

1. Trastornos alimentarios

Los trastornos alimentarios constituyen un problema de salud emergente que tiene un fuerte impacto en nuestra sociedad. Aunque el síntoma, o la manifestación del trastorno es la alteración de la conducta alimentaria, el origen de este trastorno es multifactorial. La interacción de diferentes aspectos de origen biológico, psicológico, familiar y sociocultural, dan lugar al desarrollo de este trastorno, que provoca serias consecuencias negativas tanto en la salud física y en el funcionamiento psicosocial de la persona que lo padece.

En cuanto a factores biológicos los más significativos son el género, ya que es más probable su desarrollo en mujeres que en hombres, la etapa del proceso de desarrollo, que hace de la pubertad un periodo de alta vulnerabilidad para el desarrollo del trastorno, y el funcionamiento neuroquímico. Entre los psicológicos, se encuentran la insatisfacción personal, autoexigencia, sintomatología ansiosa y/o depresiva.

En cuanto al factor familia, las investigaciones se han centrado en el funcionamiento familiar, y concluyen que las familias con un miembro con trastorno alimentario, presentan mayor deterioro, caracterizado por menor cohesión, adaptabilidad, expresividad, independencia, respuesta afectiva, control conductual y escasez de actividades que fomenten el desarrollo de sus integrantes, cuestiones, que por otra parte son aspectos comunes a otras patologías. Desde el punto de vista sociocultural la imposición desde todos los medios de una imagen corporal “ideal” es un punto a tener muy en cuenta, en el crecimiento de este tipo de trastorno.

2. Tipos de trastornos alimentario

El término “trastornos alimentarios” se refiere a una variedad de trastornos cuya característica común son los comportamientos anormales de alimentación. Son problemas de salud mental serios, que pueden llegar a poner en peligro la vida del enfermo. Los principales trastornos alimentarios son: la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón.

Hoy nos ocuparemos de este último.

3. Trastorno por atracón.

Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), el trastorno por atracón tiene como característica principal episodios de ingesta en un tiempo concreto, generalmente inferior a dos horas, en el que la persona ingiere cantidades de alimentos significativamente superiores al que la mayoría de las personas ingeriría en tiempo y circunstancias parecidas. Se acompaña de sensación de pérdida de control, entendida como la incapacidad para contenerse y no comer, o para parar de comer una vez que se ha empezado. Se acompaña de un malestar intenso, y se asocia, al menos a tres de los hechos siguientes: Comer más rápidamente de lo normal, comer hasta sentirse desagradablemente lleno, comer grandes cantidades de alimentos sin sensación física de hambre, comer debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere, y sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado.

Esta sensación, sentirse avergonzado por los problemas alimentarios, hace que los episodios se produzcan a escondidas. En este tipo de trastorno alimentario, no existen conductas compensatorias, por lo que pueden aparecer oscilaciones en el peso y problemas de sobrepeso.

Cuando se tiene un episodio por atracón, no cualquier alimento es válido. Se eligen alimentos denominados “confort” que son ricos en azúcares, grasas y sal, que producen en el cerebro serotonina, dopamina, endorfinas y opioides que dan lugar a efectos sedantes y placenteros. Por lo que este tipo de alimentos produce una rápida sendación de placer y por tanto disminuye la sensación de malestar percibido y se refuerza este comportamiento.

4. Tratamiento

La preocupación de las personas que sufren este trastorno es doble. La principal está relacionada con la pérdida de control ante la comida, que como hemos mencionado anteriormente, procude un intenso malestar. Y también está la preocupación por los efectos que dichos atracones pueden tener a medio y largo plazo en el aumento de peso, que puede acabar dañando aun más el estado emocional y las relaciones interpersonales. Así, la persona se queda atrapada en un círculo vicioso del que es difícil salir sin ayuda especializada.

La ayuda especializa, dado que los antecedentes de los atracones  son estados emocionales negativos, es decir, que la forma de comer, o la cantidad de comida ingerida está en función al estado de ánimo, y no a la necesidad fisiológica de comer, tendrá como objetivo la creación de hábitos alimentarios saludables y trabajo a nivel emocional, para aprender a manejar y afrontar las dificultades vitales.

El tratamiento, dado la etiología multifactorial del trastorno deberá ser de corte  multidisciplinar e individualizado. En muchos casos, además de psicoterapia, se requiere de apoyo farmacológico, para hacer frente a la sintomatología ansiosa-depresiva, y como en los trastornos por consumo de sustancias, la implicación de la familia y grupos de apoyo son una parte importante del proceso de tratamiento. Estar con otras personas que intentan superar el mismo tipo de problema, como en los problemas adictivos, es una potente herramienta, y puede ser una parte muy efectiva del tratamiento.

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

Trastorno del Espectro Autista

El pasado 2 de abril fue el Día Mundial de concienciación sobre el Autismo. El Trastorno del Espectro Autista (a partir de ahora lo llamaremos con las siglas TEA) es un grupo de trastornos que en la mayoría de los casos el desarrollo es anormal desde la primera infancia. En general afecta cómo una persona se comporta, cómo interactúa y cómo se comunica con otras personas.

Para muchos padres este diagnóstico viene como un jarro de agua fría y con mucha incertidumbre sobre qué pasará a partir de ahora. Sufren un duelo por el proyecto de hijo que tenían en mente y la realidad del hijo que tienen, sin embargo, la mayoría acaban haciéndose más fuertes y aprendiendo de todo que maravilloso que puede enseñarte un hijo, y aunque pueden acabar diciendo “sé que mi hijo nunca entenderá cómo es el mundo” también pueden decir “ahora yo también veo el mundo de otra manera”.

A continuación haremos un breve sobre el trastorno.

¿Cuáles son los síntomas?

Se llama “trastorno de espectro” porque diferentes personas con TEA pueden tener una gran variedad de síntomas distintos y su grado puede variar de mayor a menor gravedad.

Algunos síntomas característicos son que pueden tener problemas para hablar con otras personas y no miran a los ojos al hablar. Además, pueden interesarse por pocas cosas o actividades y muy concretas y limitadas, además de que sus  intereses son limitados pueden presentar comportamientos repetitivos. Es posible que pasen mucho tiempo ordenando cosas o repitiendo una frase una y otra vez.

¿Hay datos de alerta para los padres?

No señalar o no mirar al que habla cuando se tiene entre 9 y 16 meses son algunas de las señales que deben alertar a los padres para acudir a un especialista. En ese tiempo los bebés utilizan su dedo para señalar lo que quieren o les llama la atención, los niños con autismo no desarrollan esto o lo hacen muy tardíamente.

Otra señal por las que hay que consultas es si a los 15-18 meses el niño ya ha dicho sus primeras palabras “mama” o “papa” o ya sonríe y de repente deje de hacerlo.

Ninguno de estos signos por sí mismos indican que el bebe presenta el trastorno pero sí es un signo de alarma para los familiares.

¿Cuáles son las causas?

No se conocen las causas del trastorno del espectro autista. Tanto la genética como el ambiente influyen.

En un reciente estudio los investigadores dicen que pueden predecir si algunos bebés menores de 1 año realmente desarrollarán autismo en el segundo año. La nueva técnica experimental, mediante el uso de exámenes cerebrales estándar, está diseñada para centrarse solamente en los recién nacidos que se sabe que tienen un riesgo alto de autismo porque tienen un hermano mayor que lo padece.

 ¿Qué tratamientos hay?

En la actualidad no hay un tratamiento estándar para el autismo. Cuanto antes se comience, mayores son las probabilidades de tener más efectos positivos en los síntomas y las aptitudes. Los tratamientos incluyen terapias de comportamiento y de comunicación, desarrollo de habilidades y/o medicamentos para controlar los síntomas.

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

HABILIDADES PARA UNA COMUNICACIÓN EFICAZ (II)

Si recordáis en el anterior post sobre la comunicación,   hablamos de la importancia que tiene en las conversaciones con los demás aspectos como formular las preguntas adecuadas,  no  hablar excesivamente,  respetar las pausas,  darnos a conocer y  practicar la escucha activa. Ahora os pregunto… ¿Habéis puesto en práctica alguna de estas habilidades?, y si es así, ¿qué observáis en la otra persona?, ¿cómo os habéis sentido con la práctica?

En este post continuaremos hablando de algunas otras habilidades también a tener en cuenta de cara a una buena comunicación con los demás.

¿Qué habilidades son necesarias para una comunicación eficaz?

·      Hacer elogios sinceros: los elogios expresan un pensamiento o sentimiento positivo hacia otra persona. Pueden referirse a una cualidad que nos agrada (“Eres muy inteligente”), a su aspecto (“Ese vestido te sienta muy bien”) o a algo que le pertenece (“Me gusta tu jardín”). No se trata de adular sino de elogiar sinceramente, sin tratar de obtener nada a cambio.

Cuando nos acostumbramos a elogiar y a mostrar aprecio a los que nos rodean, suelen establecerse mejores relaciones y los demás tienden también a hacernos más elogios, resultando más atractivos para nuestros interlocutores. Además, les ayudamos a mejorar su autoestima.

Igualmente beneficioso es realizar verbalizaciones que refuerzan el discurso del interlocutor, al transmitir que estamos de acuerdo o comprendemos lo que acaba de decir. Algunos ejemplos serían: “Esto es muy divertido”, “Me encanta hablar contigo” o “Debes ser muy bueno jugando al futbol”. Otro tipo de frases menos directas sirven también para transmitir el interés por la conversación: “Bien”, “umm” o “¡Estupendo!”.

·      Aceptar elogios: para que los demás se sientan bien al hacernos elogios conviene que nos habituemos a escucharlos con agrado, sin negarlos ni ignorarlos y sin mostrarnos incómodos. Cuando no los aceptamos, el otro puede pensar que estamos cuestionando la validez de su elogio o su honestidad y puede sentirse mal.

·      Reformulación: consiste en resumir con las propias palabras lo que parece que el emisor acaba de decir. Es muy importante en el proceso de escucha ya que ayuda a comprender lo que el otro está diciendo y permite verificar si realmente se está entendiendo y no malinterpretando lo que se dice. Un ejemplo puede ser: “Entonces, según veo, lo que pasaba era que…”, “¿Quieres decir que te sentiste…?”.

·      Mostrarse de acuerdo en lo posible: cuando acostumbramos a discrepar demasiado de los demás, suelen sentir que no les comprendemos. Por eso, se aconseja que, si a nuestro juicio, la afirmación de alguien está equivocada, se lo digamos con cautela:  “Lo que dices es verdad y ahora, si me lo permites, voy a explicarte mi manera de verlo”, “Tu opinión me parece muy interesante y, desde mi punto de vista…”.

Se trata de mostrarnos de acuerdo, en lo posible, con el contenido de su mensaje, mostrando sobre todo respeto y comprensión por su opinión, aunque no la compartamos. En realidad, casi siempre podemos encontrar algo que respetar o admitir en las opiniones que expresen los demás, aunque no estemos de acuerdo con ellas.

·      Cuidar la comunicación no verbal: que debe de ir acorde con la verbal. Por tanto, decir por ejemplo ” ya sabes que te quiero” con cara de enfado dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

También conviene que el contacto visual sea frecuente, pero no exagerado.

Todos estos aspectos son susceptibles de entrenamiento y mejora. Por ello os animo a que lo tengáis en cuenta,  lo pongáis en práctica en vuestras conversaciones cotidianas y observéis qué sucede en la otra persona y en vosotros…¡Cuanto más practiques mejor!

 

Ana Martín Almagro

 

 

PorInstituto Bitácora

Videojuegos y cannabis. Una potente asociación.

En Instituto Bitácora venimos atendiendo, desde hace unos años, a personas con problemas por consumo de cannabis asociado a los videojuegos. Es un problema de absoluta actualidad, debido a que en los últimos años está experimentando un significativo aumento. Desde el punto de vista de edad y sexo, es más habitual entre adolescentes y  jóvenes, aunque no es un problema exclusivo de esta franja de edad. Y se da mayoritariamente entre los hombres.

Ambas conductas, consumo de cannabis, y videojuegos, son vistas, especialmente por muchos de nuestros jóvenes, como conductas que no suponen riesgo alguno, sino todo lo contrario. Pero si por separado el mal uso de ambas conductas resulta potencialmente dañino, combinadas se multiplican las posibilidades de desarrollar problemas serios. Como decíamos en publicaciones anteriores, en determinadas etapas del ciclo vital, el consumo de cannabis resulta altamente nocivo tanto para la salud, como para el desarrollo y adaptación personal y social. Pudiendo dificultar los procesos de desarrollo y maduración física, intelectual y afectiva. Además, las alteraciones que provoca en la memoria y en el aprendizaje, pueden dar lugar al fracaso en el ámbito académico y laboral y condicionar así, las posibilidades  de ajuste social a medio y largo plazo.

En cuanto a los videojuegos, como explicábamos también en otra publicación, que actúan sobre el cerebro de la misma manera que sustancias que pueden desarrollar dependencia, como el mismo cannabis, su asociación actúa como un potente amplificador de la sintomatología.

De manera que la disforia (estado de ánimo depresivo, ansiedad, irritabilidad), la anhedonia (incapacidad para experimentar placer), la indiferencia afectiva, las alteraciones en procesos cognitivos (atención, memoria, pensamiento, lenguaje), la alteración de la percepción del tiempo, el aislamiento por la disminución de las relaciones familiares y sociales, la falta de interés hacia otras actividades… convierten a la persona en alguien incapaz de hacer nada, de disfrutar de nada, que se mantendrá indiferente y despreocupado por todo lo que le rodea, y que solo se limitará a hacer las actividades que está obligado a hacer.

Para un mayor entendimiento de lo que puede ocurrir cuando se asocian videojuegos y cannabis, acompañamos el post con el relato de una persona que pasó por todo esto hace unos años.

“Para empezar, decir claramente que yo me enganché a la play, y a los porros. No sé qué fue primero, ambas cosas me divertían.  Ahora sé que para mí es una adicción, y que sirve de puente y es compatible con otras adicciones. Desde el presente me resulta fácil ver que se convirtió en una adicción, por la sencilla razón que llegó un momento en el que no podía parar de jugar, por algún motivo, supongo que por el uso desmesurado que llegué a hacer, el mecanismo de mi cerebro para tomar esa decisión, la de parar, sencillamente desapareció.

Durante mucho tiempo pensé que no estaba haciendo nada malo. Que hacía lo que me gustaba. Que muchas veces lo hacía con mis amigos y eso era aun mejor. Y muchas veces fumaba porros, y creía que me divertía más, y que me concentraba más… Seguía pensando que no pasaba nada, me divertía, estaba en casa con amigos… pero esa mezcla, la play, los porros, me tenía absorbido.

Todo mi tiempo libre era para jugar, ya daba igual si solo o con alguien, eran horas y horas, incluso toda la tarde o toda la noche.

Me dolían hasta los dedos, pero pensaba que no pasaba nada, que era divertido, que no estaba haciendo nada malo, que mis amigos también lo hacían. Cuando jugaba fumaba porros, o a veces bebía alcohol, con mis amigos… casi no salía de casa, y cuando salía pensaba en jugar en cuanto volviera…y cada vez había más veces que jugaba y fumaba solo, pero seguía pensando que no pasaba nada, que era divertido.

No pensaba que era un problema, y no escuchaba a mi familia, cuando me insistían en que aquello ya no era normal, que se me pasaba la vida sin hacer otra cosa, y que yo no era el mismo. Escuchar a los que te quieren es fundamental, y a mí me faltó humildad. Seguía diciéndome que yo no tenía ningún problema, que no estaba haciendo nada malo, que era divertido. Ponía mil excusas para seguir pensando que estaba haciendo lo que yo quería. No quería ser consciente de mi realidad, y las cosas se iban agravando y el pozo se hacía más hondo y cada vez era más difícil salir. Pero mi mundo era eso, se había reducido de tal manera, que lo poco que me quedaba era jugar y fumar… para mí no había más, no veía más allá.

Reconocer que tienes un problema y seguir las indicaciones de los que quieren ayudarte no es fácil. Retirarte a tiempo o no, esa es la línea que marca si las consecuencias serán esas o aumentarán.

Lo realmente cierto y positivo es que todo esto depende de nosotros. No hablo de voluntad, que también, hablo de saber dónde estás, y que el camino a recorrer para salir puede ser largo y duro. Pero la meta tiene su recompensa por mucho que tardes. Ese dicho tan antiguo de que todos los caminos llegan a Roma es cierto. A mí me dijeron, que muchos llegan pronto a Roma, pero que otros necesitamos dar vueltas antes de llegar, y que ese tiempo nunca es perdido. Yo di muchas vueltas. Hay que conocerse a uno mismo, ser humilde y valiente para dejar atrás todo con fe e ilusión… y lo dice alguien que pensaba que nunca saldría del pozo…

Escuchen a quien les quiere, sigan las indicaciones de los terapeutas, y todo saldrá bien… saludos a todos y espero que os sea de ayuda”

 

Asunción Lago Cabana

 

 

PorInstituto Bitácora

La crisis de los 40

La crisis en mitad de la vida, o la crisis de los 40  como se conoce popularmente, no es que sea un punto fijo, es un fenómeno que suele suceder en el periodo comprendido entre los 35 y 50 años, es decir, en la vida adulta.

Parecen verdades simples y evidentes que esta vida es la única que tenemos y que transcurre en el tiempo, sin embargo, así dicho a todos nos da vértigo, por eso, muchas veces no nos paramos a pensarlo o lo olvidamos para ir viviendo como si el tiempo no pasara.

Personas en estas circunstancias son en muchas ocasiones las que nos llegan a la consulta, cuando la persona toma consciencia de que el tiempo pasa y lo fugaz que puede ser la vida y surge la pregunta ¿y qué he hecho yo con mi vida?

En esta época, algunos quieren comprometerse en su relación de pareja mientras otros quieren divorciase, algunos buscan estabilidad en el trabajo mientras otros buscan cambiar de ocupación radicalmente, otros de trabajar menos y disfrutar de más tiempo libre, algunos desean tener hijos mientras otros sueñan con que sus hijos se vayan de casa…y esto es porque en la primera mitad de la vida hemos dado prioridad a unos aspectos mientras otros han quedado en un segundo plano, en las sombras, por ejemplo, una mujer que ha dado prioridad a la maternidad en la primera mitad de la vida y ha pospuesto su desarrollo profesional y cuando los hijos crecen y ya no la necesitan tanto sale a la luz eso que había dejado en la sombra, y empieza a convertirse en prioritario, y se plantea retomar unos estudios que abandonó.

Vivir es enfrentarse continuamente  a cambios y un continuo de transición, si tenemos en cuenta que desde que nacemos hasta que nos morimos vamos pasando por distintas fases del ciclo vital. Por ejemplo, desde que somos pequeños y nace un hermano, tenemos que adaptarnos y pasar de ser hijo único a ya no ser el principal centro de atención, si tenemos padres sensible que nos ayudan a este proceso no tenemos porqué pasar una crisis en esta situación o al menos que no sea una crisis muy grande. La adolescencia también es una época de cambios, de crisis de identidad, en la adolescencia uno se construye su personalidad y quien es, definiéndose a sí mismo y busca un proyecto de a qué quiere dedicarse en la vida. El siguiente momento de crisis más significativo suele ser el de la mitad de la vida.

Hay un autor, Erikson, que dice que la vida en sociedad en la que vivimos requiere que los adultos sean productivos y contribuyan como miembros activos al bien común, por ejemplos al criar a los hijos, o en el trabajo o una actividad humanitaria. Si la persona llega la mitad de la vida y lo que ha conseguido está por debajo de sus expectativas se puede sentir insatisfecho o estancado, y pueden aparecer manifestaciones como la tristeza o la ansiedad. La persona se puede sentir como que no se ha desarrollado y que está “atrapado en una vida de solo obligaciones” pero sin un sentido de satisfacción ni realización personal, se puede sentir como “muerto en vida” o que “es otra persona” o que “no sabe quién es”.

Un sentimiento de estancamiento no tiene por qué ser negativo, incluso puede servir para que la persona sea más consciente de sus necesidades.

En mitad de la vida tenemos dos tareas fundamentales, reevaluar el pasado y modificar el futuro en la propia vida. Al mirar hacia atrás lo que haremos será examinar los logros alcanzados en todos los aspectos, y qué hemos conseguido de lo que cuando éramos pequeños nos ilusionaba y decíamos “yo cuando sea mayor quiero ser…” pero y ahora ya soy mayor ¿qué?. Al repasar el pasado y conforme vamos cambiando inevitablemente vamos introduciendo cambios en el futuro, esta tarea no es fácil y, en ocasiones, es necesario un apoyo psicoterapéutico para no encontrarse tan perdido.

En mitad de la vida no damos cuenta que se nos acabará tarde o temprano y empezamos a pensar en el tiempo disponible, aunque desde muy temprano sabemos que moriremos algún día es como que somos más consciente cuando llegamos a este tiempo, y nos planteamos cuestiones como “yo quiero volver a sentirme vivo”, “he perdido la chispa de la vida”.

Es como si necesitáramos vivir más auténticamente y darle un sentido a nuestra vida, cuestión que antes ni nos lo planteábamos porque teníamos todo un futuro por delante y la muerte estaba muy lejos, pues bien, este futuro ya está aquí, ya ha llegado y no sabes qué hacer con él ¿ te suena esta situación?

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

Cannabis y adolescencia.

El cannabis es globalmente la sustancia psicoactiva ilícita, aunque su regulación varía en función a cada país, más comúnmente utilizada. El cannabis es una planta conocida en botánica como “cannabis sativa” de la que se extraen diversos derivados, entre los cuales los más conocidos son el hachís y la marihuana.

El hachís es la resina gomosa que se obtiene de las flores de las plantas hembras tras su prensado. La marihuana, se obtiene triturando las flores, hojas, semillas y tallos secos de la planta. El principal principio activo responsable de los efectos experimentados después del consumo es el THC (siglas del tetrahidrocannabidol), aunque en la planta se han identificado cerca de setenta compuestos químicos capaces de alterar el funcionamiento de nuestras neuronas.

A pesar de que muchas personas consideran el cannabis una sustancia inocua, supone un riesgo para la salud y existe una preocupante demanda creciente de tratamiento por consumo de cannabis, sobre todo en la población joven. De hecho, los adolescentes españoles ocupan los primeros puestos en los rankings de consumidores de esta sustancia.

El consumo de hachís y/o marihuana produce diferentes síntomas físicos, psicológicos y alteraciones en el comportamiento, que aparecen a los pocos minutos de ser fumado, y suelen durar varias horas. Estos efectos pueden variar en función a determinadas circunstancias, tales como la edad o personalidad de los consumidores, las expectativas existentes en relación con el consumo, la cantidad consumida, las experiencias previas con la sustancia, la frecuencia de su uso, el contexto o ambiente de consumo o el tiempo trascurrido tras el consumo.

Lo que hoy queremos señalar, es lo que nos estamos encontrando con cada vez más frecuencia en la consulta.

Padres desesperados que no saben cómo ayudar a sus hijos, adolescentes y jóvenes que se han bajado del carro de ir evolucionando y creciendo como personas,  asumiendo responsabilidades, o que simplemente no se han subido.

Y es que, en determinadas etapas del ciclo vital, en la adolescencia, el consumo de cannabis resulta altamente nocivo. La alta concentración de tetrahidrocannabinol (THC) en el cerebro adolescente que no ha concluido el proceso de desarrollo, provoca una mayor vulnerabilidad a sus efectos nocivos, aumentándose la capacidad de provocar alteraciones en su estructura y conexiones neuronales, y en su funcionamiento normal.

No se trata únicamente de pérdidas de concentración y de memoria que afectan al aprendizaje, de deterioro cognitivo asociado al fracaso escolar, de falta de reflejos y alteración de la capacidad motora o del “síndrome amotivacional” que implica apatía y desinterés por los estudios y el entorno. Sino que además, como droga de abuso que es, tiene un impacto acumulativo que no solo incrementa el riesgo de desarrollo de una adicción, sino que además puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades mentales subyacentes.

Como vemos el consumo de cannabis con fines no médicos, está lejos de ser inofensivo especialmente para los jóvenes. Supone un riesgo que tiene consecuencias tanto para la salud, como para el desarrollo y adaptación personal y social.

En concreto, en la adolescencia, el consumo de hachís o marihuana, puede dificultar los procesos de desarrollo y maduración física, intelectual y afectiva. Las alteraciones que provoca en la memoria y en el aprendizaje, pueden dar lugar al fracaso en el ámbito educativo y condicionar así las posibilidades de adaptación o ajuste social a medio y largo plazo.

 

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

Terapia familiar en Esquizofrenia

Uno de los servicios que ofrecemos en el Instituto Bitácora es la intervención con la familia cuando sea necesario y con cualquier tipo de patología. Hoy nos gustaría hablar un poco de la terapia familiar en una de las enfermedades mentales más temidas, la esquizofrenia.

La esquizofrenia fue la que inspiró a algunos autores en los años 60 – 70 para crear el concepto de “terapia familiar”.  Inicialmente investigaron si la familia podría contribuir en la aparición de la enfermedad, después se llegó a la conclusión que hay muchos factores que influyen en su génesis y que el poder trabajar con las relaciones familiares ayuda a evitar recaídas y mejorar las condiciones de vida del paciente, realmente como en otros trastornos.

La esquizofrenia es una enfermedad muy compleja, para explicar su causa hay muchas teorías y, como para todo lo que hay muchas posibles hipótesis sin que ninguna se haya demostrado claramente, también hay muchas posibles alternativas para abordar su tratamiento.

En primer lugar influyen los factores biológicos, la biología es como el hardware del ordenador, la parte física, tangible, todo “lo que se puede ver y tocar”, el cerebro y sus neurotransmisores, y el software,  las instrucciones que el ordenador necesita para funcionar, “lo que no se pueden ver ni tocar”, serían los aspectos de las relaciones entre las personas, que es lo que se trabaja en la terapia familiar.

Podemos decir que cualquiera que sea “la causa de la esquizofrenia”‘, los pacientes con esta enfermedad parecen tener un “‘déficit psicológico” que aparenta aumentar su vulnerabilidad a estímulos internos y externos.

La terapia pretende disminuir la vulnerabilidad del paciente a la estimulación, mediante la administración de medicamentos antipsicóticos  (actuando sobre los estímulos internos, el hardware) y la disminución de la cantidad de estimulaciones provenientes del medio familiar, ya que es el contexto primario dentro del cual funciona el paciente (actuando sobre los estímulos externos, el software).

Una situación en la que se tiene un miembro psicótico es muy difícil para la familia, más efectiva será la intervención familiar cuando se pueda aplicar a personas jóvenes y con factores de buen pronóstico  como por ejemplo un buen funcionamiento antes de los primeros síntomas o del primer brote, con una adecuada actividad social y sin trastornos previos de personalidad.

Objetivos de la terapia familiar en esquizofrenia son:

 

Aumentar la autoconfianza familiar y el conocimiento de la enfermedad, disminuyendo de esta manera, la ansiedad familiar ante los pacientes y aumentando su habilidad de manejo hacia ellos, proveer a las familias con información acerca de la enfermedad y su manejo (por ejemplo, las personas con esquizofrenia pueden presentar “síntomas negativos” como la apatía, falta de interés, el embotamiento emocional o el retraimiento social… si los familiares comprenden que esas conductas son fruto de la enfermedad, y no es un estado de “vagancia” serán menos críticos y disminuirán el nivel de emociones expresadas negativas y, de esa forma, también disminuirán las recaídas del paciente ).

Otra meta es capacitar a los miembros de la familia para sentirse menos aislados y estigmatizados, del mismo modo que también tenemos que tener en cuenta que hay que ajustar las expectativas acerca del paciente, al mismo tiempo que imponer límites y favorecer su autonomía así como sistemas de apoyo.

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

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