PorInstituto Bitácora

Testimonio de un paciente

En esta ocasión queremos dejar por aquí el testimonio de un paciente acerca de su proceso de recuperación. Queremos que esto sirva como motor de motivación para todas aquellas personas que nos lean y que piensen que la adicción es algo de lo que no se puede salir. 

Queremos agradecer a T. por su sinceridad y su generosidad al compartir su experiencia. 

Esta semana justo he cumplido un año y tres meses desde que empecé el tratamiento con el Doctor Reina, Choni y Ana.

Un año y tres meses en los que mi vida ha cambiado por completo, con mucho trabajo, esfuerzo y sobretodo paciencia. He pasado por baches, pero por suerte no he tenido ninguna recaída ni nada que se le parezca, y eso, quizás ha hecho que todo sea un poco más fácil.

Haciendo balance y mirando atrás veo que el camino no ha sido fácil, y no seguirá siéndolo, pero hay cosas que hacen que seguir por el buen camino sea la mayor motivación. En mi caso, volver a acercarme a Dios, a mi familia y seguir haciendo deporte, han sido las claves.

He visto desde el primer día que empecé el tratamiento y cambié de vida literalmente, una liberación y una paz interior que no tenía desde hacía años. Esto me ayudaba en los momentos más duros, cuando las fuerzas aflojaban y a lo mejor no el hecho de tener deseos de consumo, sino mirando atrás y siendo consciente de todos los errores cometidos.

Deporte – En esos momentos, ver que estaba llevando una vida sana, sin mentiras, tener plena consciencia de mis actos y mi cabeza 24/7 me ayudaba a seguir. Los resultados deportivos a pesar de haber dejado mi deporte, y probar otros nuevos, teniendo el cuerpo y la mente desintoxicados cada día un poco más me ayudaba a motivarme, a seguir, a no querer dejar nada atrás. Estaba conociendo un nuevo yo, con unas capacidades nuevas, una capacidad de sufrimiento y ganas de seguir que cuando estaban en épocas de consumo era impensable.

La motivación deportiva ha sido una pieza fundamental para darme cuenta de hasta dónde puedo llegar y que con trabajo, paciencia, puedes mover tus límites cada día un poco más lejos.

Familia – Amigos – Novia– Este aspecto ha sido fundamental, volver a acercarme a mi familia, y no es que estuviera alejado físicamente, sólo vivía en otra ciudad y venía a visitarlos a menudo, pero vivía una mentira de la que llevaba meses queriendo salir y no sabía cómo pedir ayuda.

El volver a mi ciudad, estar cerca de mi familia y hacerles partícipes de mi tratamiento, de mis mejoras, de mis necesidades. Hablar de otros temas no relacionados con la adicción pero que me atormentaban desde hacía años, me ha ayudado a confiar más en los demás, a ser más abierto y consciente de que tener una familia para apoyarte en todo es el mayor de los tesoros.

Por otro lado, habiéndome equivocado en el asunto de las relaciones sentimentales, creo que el estar haciendo las cosas bien y olvidarme de buscar a alguien, y simplemente buscar mi mejor versión día a día ha hecho que aparezca ella, la mejor persona que he conocido. Ejemplo de amor, de bondad, de fe en Dios. Estoy muy feliz, pero con los pies en la tierra.

Para terminar este apartado, lo que me ha costado y me está costando recuperar a mis amistades de toda la vida, pero en definitiva las sanas, esto ha sido una motivación enorme y me ha ayudado muchísimo para llevar el tratamiento adelante.

Tratamiento – En este caso, la decisión que tomé el día que accedí a tratarme, creo que ha sido una de las más acertadas.

Esta decisión fue confiar al 100% en lo que me dijeran y propusieran, tanto Ana, como Choni como el Doctor Reina. Creo que ha sido una pieza clave el no dejarme llevar por mis instintos en muchas cosas, en escuchar y llevar a cabo las recomendaciones.

Me ha servido como guía y motivación para no desviarme ni una sola vez. Me acuerdo que la única vez que no hice caso a Choni, en un tema que no estaba relacionado con el consumo, pero como hablábamos de todo e intentabamos poner todo en orden, no le hice caso y decidí actuar como me dictaba el corazón, me di un golpe estrepitoso y me di cuenta de que estaba haciendo bien confiando y actuando en consecuencia en todo lo relacionado con la adicción.

La terapia de grupo ha sido también fundamental en todo esto, me ha hecho sentirme parte de algo sincero, sin medias tintas, en dónde todos podemos abrirnos totalmente, sin miedo al qué dirán. Han sido mi segunda familia.

Acercarme a Dios –  Cuando llevaba ya dos o tres meses de tratamiento, y me encontraba con una fuerza enorme, a pesar de que estaba pasando por momentos personales y laborales aún duros, me di cuenta de que era momento de sacarme del centro, de volver a acercarme a Dios como había hecho todo mi vida, y que los dos últimos años de consumo me había alejado por el simple hecho de la vergüenza que me daba a mi mismo y pensaba que ocultandome de todo y todos, no pasaba nada.

Por lo tanto fue volviendo a mi manera, pero volviendo, viviendo mi fe y espiritualidad ayudando a los demás, volviendo a misa, a confesarme, a preparar voluntariados…

Esto me ha hecho ver mi problema desde otro punto de vista, no olvidarme de cuales son mis objetivos, pero si sacarme del centro de todo a mi, que me estaba volviendo más egoísta si cabe, más egoísta de lo que un adicto puede ser.

Por lo tanto, mirando atrás, y dejándome mil cosas que comentar, creo que he trabajado bien, que aún me queda mucho, en muchos aspectos, pero una cosa tengo clarisima en todo esto:

En la vida no hay que dejar de intentar ser mejor ni un solo día. Paso a paso, poco a poco, pero intentando crecer y no estancarse ni conformarse.

Muchas gracias a Lola, por estar ahí siempre para todo lo que he necesitado, incluso para reñirme.

A Choni, por las horas charlando de todo y de nada, poniendo mi vida patas arriba para luego ir ordenando lo realmente importante. Por las lágrimas y las risas. Sé que puedo contar con ella aunque ya no forme parte del equipo.

Al Doctor Reina, porque me ha enseñado a conocerme, a identificar mis debilidades, a explotarlas, a crecer, a no olvidarme de seguir creciendo en TODO, y a confiar en los demás mucho más.

Y por supuesto a Ana, que ha sido con la que más horas he pasado, aunque haya sido con más compañeros, me ha ayudado a ver las cosas de otra manera, de otra manera mejor y más práctica, y sobretodo a no confiarme absolutamente NUNCA.

Para terminar a mis compañeros de la terapia de grupo, por los que estaban y están, porque sin ellos habría sido absolutamente imposible llegar a dónde estoy, y seguramente sea imposible llegar más lejos.

PorInstituto Bitácora

SIGNIFICADO DE LA ENFERMEDAD DENTRO DEL SISTEMA FAMILIAR (I)

Decíamos, que la adicción es una enfermedad que en los inicios pasa desapercibida, entrando en la vida de la persona que la padece, y en la de sus familiares y allegados, de manera gradual, y poco a poco se va instalando, para destruir su bienestar físico, mental y social. Decíamos que es la familia la que detecta estos cambios, y que conforme se van agravando, va afectando de manera negativa a su organización, a sus costumbres, a la forma en que se comunica y a las relaciones afectivas. Decíamos que es la propia familia, la que da razones a la persona  consumidora para que acepte ponerse en tratamiento, ya que ésta no tiene una percepción objetiva de su relación con la sustancia o la conducta y las consecuencias que está teniendo en su vida y en la vida de los que le rodean.

Hablábamos también de cómo la implicación e intervención de la familia en la atención de personas con problemas adictivos, mejora significativamente la evolución y eficacia de los tratamientos.  Hablábamos, de la importancia de realizar una evaluación exhaustiva y detallada de la situación que presenta el paciente y la familia, para adaptar las estrategias terapéuticas y el apoyo a la familia, para que así el pronóstico sea más favorable.

Pero para que la familia pueda ser el gran aliado en el proceso de recuperación, y diseñar y aplicar estrategias de intervención para que así pueda ser, la familia tiene que estar bien. Y ese es también el objetivo: EL BIENESTAR DE LA FAMILIA.

En los problemas adictivos, aunque la sintomatología de la enfermedad es la misma para todos los casos, las circunstancias de cómo se ha llegado a desarrollar, y el cómo va a ser el proceso de recuperación, son particulares y específicas, de ahí la importancia de una buena evaluación para poder hacer un tratamiento individualizado. O lo que es lo mismo, aplicar estrategias de intervención diseñadas para cada paciente y sus circunstancias. Y la familia, es la circunstancia más importante.

En el mejor de los casos el trabajo con la familia estará enfocado, como hemos ido explicando, para que la familia sea un apoyo positivo durante el proceso de recuperación. Pero este no es el único escenario posible. No siempre la familia puede acompañar al paciente en la recuperación. Hay situaciones que hacen, como cuando la familia está muy sobrecargada y/o  sin capacidad para adaptarse a los cambios que irán surgiendo como consecuencia del proceso de tratamiento, que el apoyo a la familia será para que se “retire temporalmente” y se recupere, mientras se trabaja con el paciente. En otros casos, el ayudar a que la familia esté bien puede incluso implicar apoyo para que siga adelante sin la persona consumidora…

Ante la diversidad de situaciones, para saber cómo tenemos que enfocar el tratamiento, y qué tipo de ayuda necesita la familia, se hace por tanto necesario, conocer

¿Cómo está la familia?

¿Cómo era la familia antes de que el consumo se convirtiera en un problema?

¿Cómo entiende la familia la enfermedad?

¿Cuál es el significado de la enfermedad dentro del sistema familiar?

 ¿Cuáles han sido las consecuencias del consumo en la dinámica familiar?

¿Cuáles son las expectativas de la familia respecto al tratamiento?… 

CUANDO UN ELEFANTE ENTRA EN EL SALÓN DE TU CASA.

Hace ya bastantes años, que leía de manos de expertos en el tratamiento de los problemas de alcohol en la familia, que convivir con el alcoholismo sería algo parecido a soportar la presencia de un enorme y molesto elefante en el salón de tu casa, del que además no puedes hablar con nadie.

Hoy sigo utilizando esta comparación porque me parece de lo más acertado. ¿Imaginan la de destrozos que puede llegar a ocasionar un elefante en el salón de una casa si sus habitantes no empujan todos juntos, con fuerza, hacia la misma dirección, cuando está entrando por la puerta para que se vaya?… ¿Y si no se pone la resistencia suficiente y el elefante se planta en medio del salón? Resultaría imposible  mantenerlo ordenado, limpio, cómodo y agradable, para que todos los que viven allí puedan disfrutar del lugar donde encontrarse y reencontrarse cada día.

Cuando en una familia uno de sus miembros tiene un problema por consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas, su organización, sus costumbres, sus relaciones, cambian. La dinámica habitual de la familia cambia. Todo se ve alterado, y cuanto más dure la situación, cuanto más tiempo dejemos que el elefante conviva con nosotros, más grandes serán los daños.

Los cambios que habitualmente nos encontramos a nivel familiar cuando hay un problema de alcohol, drogas o conductas adictivas son:

-Pérdida de autoridad, de credibilidad y de respeto, de la persona que tiene el problema respecto al resto de los miembros de la familia.

-Confusión de roles, debido a que el desarrollo de la enfermedad dificulta que la persona consumidora asuma sus responsabilidades dentro del sistema familiar, y otros tengan que asumirlas.

-Déficit en la comunicación, en una doble vía. De la persona que tiene el problema respecto a la familia, lo que tiene como consecuencia que el aislamiento del enfermo dentro de la familia, sea un elemento que mantiene el consumo. Y también déficit en la comunicación de la familia respecto al mundo. La familia deja de hacer muchas de sus rutinas y costumbres saludables para evitar situaciones problemáticas… para poder mantener el elefante oculto… por lo que pierde mucho refuerzo positivo y aumenta su malestar.

-Sentimientos negativos de ira, de miedo, de sensación de incapacidad, de culpa, de vergüenza, de desesperanza…

Si seguimos conviviendo con el elefante en el salón, si el consumo y sus consecuencias, se mantienen, la familia no puede evolucionar y no puede cumplir con sus funciones básicas, comprometiendo la estabilidad, seguridad, sociabilidad, madurez… de todos y cada uno de sus miembros.

Y en estas circunstancias la familia necesita ayuda. La situación se vuelve tan complicada, que uno mismo, por sí solo, no puede manejarla, se vuelve tan complicada como tener un elefante en el salón de tu casa. 

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

Apuestas deportivas en la población joven (II)

En el artículo anterior, expusimos cómo el perfil del ludópata había sufrido un cambio muy importante en los últimos años, habiéndose instaurado esta patología entre la población joven.
También señalamos aquellas propiedades o características de los nuevos formatos de apuestas online, tratando de aclarar cuáles son los elementos que facilitan que un chico joven se convierta en un usuario patológico de este tipo de juegos.
En definitiva, se trató de ofrecer la visión de que el juego y las apuestas online son productos especialmente diseñados para que se haga un uso compulsivo de ellos, y que además invierten en importantes campañas de marketing para captar el mayor número de jugadores.

¿Qué efectos tienen las características de este tipo de juegos de apuestas en el comportamiento del jugador?

En los últimos años, los estudios al respecto han demostrado que los juegos de apuestas online son más adictivos que los mismos juegos en su modalidad presencial. 

La recompensa económica es un motor muy fuerte para la conducta humana, y las empresas de juego online son conscientes de ello. De hecho, se ha demostrado que la conducta de juego activa los mismos circuitos cerebrales que se activan con el consumo de drogas.
Sabiendo esto, la clave está en que el jugador piense que puede ganar dinero. ¿Y cómo generan esa idea en el jugador?
En primer lugar, hay que atender a la realidad de que la probabilidad de ganar en los juegos y las apuestas online es más elevada que en los juegos presenciales. De esta forma, los jugadores jóvenes fácilmente pueden tener la percepción de que están ganando dinero. De hecho, en algunos momentos esto puede ser así. Lo que ellos no tienen en cuenta, y esto lo saben las empresas de juego, es que el obtener beneficios no es la norma, muy al contrario, la gran mayoría de las veces quien gana es la casa.

En definitiva, se trata de que en los jugadores aparezca la idea de que el juego puede ser una fuente rápida y fácil de conseguir dinero. Una vez que aparece esa idea, el jugador tratará de aferrarse a ella, y comenzará a interpretar la realidad del juego de manera que pueda reafirmarse en su hipótesis de que es posible ganar dinero con las apuestas.

En este punto, cobra especial valor un elemento llamado sesgo del experto.
Algunos tipos de juegos favorecen la idea de que existen estrategias a la hora de apostar, y que estas pueden servir para obtener mayores ganancias. Se genera la falsa creencia de que se puede llegar a ser un buen jugador. De esta forma, un chico que apueste en partidos de futbol, puede llegar a pensar que, si tiene ciertos conocimientos sobre los equipos y sobre la competición en sí, puede ser capaz de  anticipar el resultado de un partido.
Puede ser que, en algunos casos, los resultados puedan ser algo más predecibles (P. ej: Barça vs. Levante), pero lo cierto es que en cualquier competición deportiva entran en juego muchísimos factores cuyos efectos no siempre pueden ser previstos.   
El hecho de que en el jugador se genere la idea de que es un experto en las apuestas, suele implicar que se realice un número más elevado de apuestas y que a su vez, se asuman mayores riesgos. Es fácil intuir que en tales casos, de todas las apuestas realizadas, las ganancias serán menores que las pérdidas.

Además de todo esto, otro peligro del sesgo del experto, es que, en los casos en los que se pierden las apuestas, el jugador atribuye la pérdida a un fallo en su estrategia. Lo que no tiene en cuenta, es que las pérdidas responden a la propia naturaleza del juego.

¿Cuál es la realidad de todo esto?

En el artículo anterior, se mencionó que las empresas de apuestas online habían multiplicado por tres sus beneficios en los últimos años. En cambio, no existen noticias de que ningún jugador se haya enriquecido gracias al juego y las apuestas online. De ello, podemos deducir que un número alto de jugadores está experimentando importantes pérdidas económicas.

Actualmente no existen datos oficiales acerca del número de personas que padecen adicción al juego online. Pero, si atendemos tanto a los datos económicos de las empresas, como al aumento en el número de pacientes que llegan a las consultas con este tipo de problema, es fácil concluir que las cifras sobre los nuevos casos de ludopatía serán alarmantes.

Ana Ponce Rodríguez

Referencias

  • Castilla, C., Berdullas, S., Vicente, A., & Villamarín, S. (2013). Apuestas online: el nuevo desafío del juego patológico. Infocop61, 3-6.
  • García, L. R. (2018). Apuestas deportivas online: percepción adolescente y regulación publicitaria. methaodos. revista de ciencias sociales6(1).
PorInstituto Bitácora

El éxito de las apuestas deportivas en la población joven

Si pensamos en una persona adicta al juego o ludópata, es muy probable que lo que nos venga a la mente sea la imagen de un señor que ya ha pasado los 40, echando moneditas a una tragaperra luminosa junto a la barra de un bar.
Ciertamente, este ha sido el perfil del ludópata que llega a la consulta en busca de tratamiento. Hasta ahora. En los últimos años, ese perfil de adicto al juego ha experimentado un cambio bastante importante. Ahora ya no se trata de un señor bien entrado en la madurez que juega a las tragaperras, sino de un chico joven, de unos 30 años de media, que apuesta dinero a través de su móvil.

¿Por qué ha cambiado el perfil del jugador patológico?

Para desarrollar una adicción al juego, hasta ahora había sido necesario dirigirse a los lugares en los que estaban presentes las máquinas en las que poder jugar. El hecho de tener que ir a un lugar concreto a apostar una cantidad de dinero o echar unas monedas a la máquina, servía de filtro a la hora de que las personas hicieran uso del juego.
Actualmente, el negocio de las apuestas ha encontrado un mercado muy potente en el que poder expandirse, y que depende de dos elementos que están presente en el día a día de muchas personas jóvenes: el móvil y el fútbol.
Si antes era necesario dirigirse al fondo del bar y situarse de espaldas a todo el mundo para poder echar unas monedas a la máquina, ahora son Carlos Sobera o Neymar los que aparecen en las pantallas para decirle a sus espectadores que apuesten, apuesten y apuesten. No es casual que siempre lo hagan justo antes de que empiece un importante partido de fútbol.
Además de eso, para poder jugar, lo único que se necesita es tener un móvil con conexión a internet. ¿Qué persona joven no dispone de eso actualmente?

Por si aún pudiese existir alguna resistencia a apostar, muchas empresas regalan un bono con una cantidad concreta de “dinero” para poder jugar. Es “dinero”, entre comillas, porque ese bono que regalan solamente puede usarse para apostar online, no pudiendo ser retirado y cambiado por dinero real en ningún caso.

Con tal estrategia de marketing llevada a cabo por las empresas de apuestas online, se hace fácil entender que muchos chicos jóvenes se hayan convertido en usuarios de este tipo de juegos.

Además de todo esto, las páginas webs y aplicaciones de apuestas online, tienen una serie de características que facilitan las conductas de abuso.

En primer lugar, disponibilidad y facilidad para poder realizar una apuesta. Al precisar solo de un móvil con conexión a internet, las barreras del lugar y del tiempo se pierden, de tal manera que la persona puede apostar mientras está en sofá de su casa a las 3 de la madrugada.

Por otro lado, se pueden realizar apuestas sobre multitud de deportes (como partidos de fútbol, tenis o carreras de caballos) o eventos (Eurovisión o los Oscars). Y dentro de un mismo partido, se puede apostar sobre multitud de elementos (número de tiros a puerta, corners, etc.).

La rapidez para poder apostar también es un factor importante. Solamente es necesario hacer un par de clicks para que la apuesta quede hecha. A esto, se le suma que existe la posibilidad de apostar en caliente, es decir, mientras la competición se está llevando a cabo. De esta forma, los resultados y las recompensas de las apuestas son prácticamente inmediatos.

Por otro lado, poder realizar una apuesta desde el móvil ofrece una intimidad que no se tiene cuando se juega de manera presencial. El anonimato, la discreción y la dificultad de ser controlado favorecen que se haga un uso compulsivo de dichas aplicaciones.  

Las empresas de apuestas deportivas casi han triplicado sus beneficios en los últimos años.

¿Qué podemos deducir de ello? Pues que el enorme aumento de beneficio proviene sin ninguna duda de pérdida de grandes cantidades de dinero por parte de sus usuarios.
En el próximo artículo hablaremos del gran negocio del juego online, y de cómo los usuarios pasan de ser jugadores ocasionales, a convertirse en jugadores patológicos.

Ana Ponce Rodríguez

PorInstituto Bitácora

Menores y uso de internet

En los últimos tiempos, internet ha llegado pisando fuerte, colándose en el día a día de millones de usuarios que navegan a diario por la red. Sin duda los beneficios de internet son innumerables, pues con solo hacer un click, tenemos acceso a cualquier tipo de información. Pero lo que es una ventaja, también puede llegar a ser un inconveniente, sobre todo cuando esa ventana a todo tipo de información está también abierta a los menores. 

Los adultos, en mayor o menor medida, poseemos la capacidad de filtrar y juzgar con madurez aquellos contenidos que vamos encontrando en la red. Pero los niños, los adolescentes y muchos jóvenes no poseen la capacidad de discernir aquello que es real de lo que no lo es. Es por esto, que la exposición a internet conlleva unos riesgos de los que ya estamos comenzando a observar las consecuencias. 

¿Cómo está afectando la exposición a internet a los menores y a los jóvenes?

En primer lugar, un niño o un adolescente que tiene a su disponibilidad un móvil o una Tablet, lo primero que hará es dejar de realizar otras actividades acordes a su edad. En el caso de los más pequeños, hablamos de jugar en la calle con otros amigos, jugar al balón, jugar con juguetes y juegos, colorear, interesarse por libros, películas, etc. En el caso de los adolescentes, también se dejan de lado actividades como el deporte, música, películas, lectura, etc., o incluso las relaciones sociales. El repertorio de actividades y de intereses se reduce muchísimo cuando hay un móvil con internet 24 horas disponible. Un niño que juega poco, o a un adolescente que hace poco más que mirar su teléfono, ven muy limitadas sus oportunidades de interacción con el entorno, y con ello, su aprendizaje. Las relaciones con los iguales son bastante más limitadas, la interacción cara a cara se resiente y lo que predomina es la relación a través de las redes sociales. Esto les convierte en más inmaduros y vulnerables.

¿Qué es lo que las redes sociales enseña a los niños y a los jóvenes? 

Se puede decir que, hoy por hoy, Instagram es la ventana por la cual los más jóvenes ven el mundo. Y sobra decir que la imagen que enseña Instagram (al igual que todas las redes sociales) está bastante lejos de la realidad del día a día. Con esto, encontramos que los más jóvenes giran más en torno a enseñar, mostrar y parecer, que a realmente ser. Lo más importante ahora no es hacer cosas, conocer lugares o personas, es sacar todo eso en fotos y colgarlas en las redes sociales para que todo el mundo las vea.
Aún es pronto para poder conocer de forma certera las consecuencias que todo esto acarreará en las nuevas generaciones. Pero lo que sí se puede intuir, es que esta tendencia a querer mostrar al mundo cada paso que se da y la búsqueda constante de la aprobación de otras personas a través de likes y comentarios, es probable que vaya a estar ligado a problemas emocionales.
Existe una serie, “Black mirror” (disponible en Netflix) que, desde la ciencia ficción, en el capítulo 1 de su 3ª temporada ilustra muy bien este fenómeno. Es una forma de poder entender, dejando a un lado los elementos de la ficción, de qué manera las redes sociales pueden llegar a condicionar la vida de una persona.

¿Qué otros peligros entraña internet para los más jóvenes?

Quizás un aspecto aún  más preocupante dentro de todo este asunto es el acceso a la pornografía.
En el momento en el que un niño (sí, un niño) tiene un móvil entre sus manos, la probabilidad de que antes sus ojos aparezcan imágenes de índole sexual son bastante altas. ¿Cuántas veces al visitar alguna web hemos sido asaltados con esas molestas ventanas que se colaban en nuestro dispositivo mostrando todo tipo de escenas sexuales? Aparte de esto, no podemos olvidar el hecho de que el contenido adulto en muchos casos aparece entre los resultados del navegador sin que realmente sea eso lo que se está buscando.
Los pequeños manejan bastante bien las distintas aplicaciones de internet, y si el uso no lo hacen bajo la supervisión de un adulto, hay que dar por sentado que en un momento u otro, acabarán viendo contenido sexual. 

Como hemos mencionado antes, los niños y los adolescentes no tienen madurez suficiente para filtrar y analizar la veracidad del contenido que están viendo. Parece que esto está dando lugar a que los chicos asuman como algo normal la práctica de relaciones abusivas hacia la mujer y las relaciones sin protección. Quizás esto guarde cierta relación con los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, que apunta a un incremento alarmante en los últimos años de las infecciones de transmisión sexual.

Los que hemos mencionado aquí, son solamente algunos de los riesgos que entraña el uso de internet por parte de los menores y los jóvenes. Existen otros peligros que pasaremos a describir en posteriores publicaciones.

En definitiva, es importante que los padres establezcan un control y una supervisión sobre el uso que hacen sus hijos de internet, como forma de evitar tanto el uso indebido, como la exposición a contenidos inadecuados.

Ana Ponce Rodríguez

PorInstituto Bitácora

DIFERENTES TIPOS DE DEMANDA Y CÓMO PUEDE ACTUAR LA FAMILIA (II PARTE)

En el artículo anterior hablábamos de cómo en los problemas adictivos, un porcentaje muy significativo de los pacientes que acuden a tratamiento no cuentan con la motivación suficiente para iniciar y/o mantener el cambio de conducta, y dejar de consumir alcohol, drogas o la conducta adictiva. Que la motivación del paciente es un continuo de diferentes etapas que el terapeuta tiene que identificar, para aplicar las estrategias de intervención más adecuadas para ayudar al paciente y también a la familia, a avanzar en la recuperación.

Explicamos cómo en la primera de estas etapas, LA PRECONTEMPLACIÓN, el paciente acude a tratamiento por presión externa, fundamentalmente por presión familiar pero sin intención de cambiar. Y qué estrategias aplicar para aumentar la conciencia de problema.

A continuación seguimos avanzando por las diferentes etapa, la segunda de ellas, hasta lograr el mantenimiento de la abstinencia.

PACIENTE QUE ACUDE A TRATAMIENTO AMBIVALENTE: CONTEMPLACIÓN

El paciente puede haber pasado de precontamplación, o negación del problema, a esta nueva etapa, mediante el trabajo terapéutico o acudir a tratamiento con este nivel de motivación al cambio. Los pacientes presentan tanto razones para cambiar, como razones para mantener la conducta de consumo. Esta etapa se denomina Contemplación.

La demanda de tratamiento en este caso, sigue siendo principalmente por parte de la familia. El papel de la familia, como a lo largo de todo el proceso de recuperación, sigue siendo fundamental, ya que puede ser un gran facilitador del cambio, o todo lo contrario.

El paciente en esta etapa, es más conscientes de los problemas derivados de su conducta adictiva, lo que le ayuda a reevaluarse a nivel cognitivo y afectivo, estando más abierto a hablar sobre la conducta problema y sus consecuencias. Incluso puede valorar la posibilidad de dejar de consumir, aunque no ha elaborado un compromiso firme de cambio. El cambio se plantea a nivel intencional, pero no se observa ninguna conducta que manifieste de manera objetiva esa intención cognitiva. Las consecuencias positivas y negativas del consumo empiezan a equilibrase, y la persona empieza a plantearse dejar de consumir, aunque básicamente mantiene su ambivalencia. Los pacientes en esta etapa se caracterizan por la necesidad de hablar sobre su problema, tratando de comprender su adicción, sus causas, consecuencias y posible tratamiento. La persona sin tratamiento o sin el tratamiento adecuado, puede permanecer en esta etapa durante años.

En esta etapa el terapeuta debe facilitar el análisis de las razones para dejar la conducta de consumo y los riesgos de no cambiar, para así inclinar la balanza a favor del cambio.

El paciente se está planteando la posibilidad de dejar de consumir, pero aun no ha dejado el consumo, y como en etapas anteriores la familia debe evitar el enfrentamiento directo, mantener siempre la calma, y mantenerse firme, sin ceder ante amenazas o chantajes. Ya que el paciente está más receptivo a hablar sobre su conducta de consumo, la familia debe favorecerlo desde el cariño, el respeto y sin culpabilizar.

PACIENTE QUE ACUDE A TRATAMIENTO CON INTENCIÓN DE DEJAR DE CONSUMIR: PREPARACIÓN O DETERMINACIÓN.

En estos casos la demanda de tratamiento no sólo está en la familia, también existe un mínimo de motivación interna en el paciente.

Es el momento en que el que la persona con problemas por consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas, toma la decisión y realiza pequeños cambios en su conducta adictiva, destinados a abandonar el consumo. Entre los cambios que realiza destaca, por ejemplo, el disminuir la cantidad de alcohol o drogas, o tiempo dedicado a la conducta, en el caso de ser una adicción comportamental.

Se “abre la puerta” para el cambio. El terapeuta debe ayudar al paciente a decidir el recurso terapéutico más adecuado, accesible, apropiado y efectivo para conseguir el cambio.

La familia debe implicarse en el proceso para también ella aceptar y entender la enfermedad e irse adaptando a los cambios que se irán produciendo como consecuencia del proceso de recuperación. A veces, la familia también tiene que cambiar para que el cambio en el paciente se produzca y se mantenga.

PACIENTE QUE ACUDE A CONSULTA CON LA INTENCIÓN DE DEJAR DE CONSUMIR: ACCIÓN

Aunque no es lo habitual, en el tratamiento de las adicciones también se puede presentar el caso de un paciente que acude a consulta dispuesto y decidido a ponerse en manos de los profesionales y cambiar. Pero como hemos indicado al principio, lo normal es que el paciente llegue a esta etapa del cambio a través del propio proceso de recuperación y de manos de los terapeutas, de compañeros de terapia de grupo, y de su familia.

El paciente deja de consumir, empieza a mantenerse abstinente y esto supone un gran cambio en positivo a todos los niveles, sobre todo en cuanto a las relaciones familiares. El paciente obtiene apoyo y refuerzo de su familia, lo que retroalimenta los cambios que está realizando.

Pero también se requiere por parte de la persona, y de la familia, un compromiso importante que le exigirá un gran esfuerzo y tiempo. Es por ello, que aunque en este momento, que parece que las cosas empiezan a normalizarse, y el paciente se siente bien, la familia lo ve bien, y también ella se siente bien, para que no se produzcan abandonos de tratamiento o recaídas por exceso de confianza, hay que continuar con más responsabilidad si cabe en el proceso de recuperación, ya que ésta va más allá de la abstinencia.

PACIENTE QUE LLEVA UN TIEMPO SIGNIFICATIVO SIN CONSUMIR: MANTENIMIENTO

En esta etapa la persona intenta consolidar los logros de la etapa anterior y prevenir posibles recaídas. El periodo de mantenimiento se inicia, cuando ya hay una abstinencia significativa, mínimo seis meses de iniciado el cambio. El paciente (y también la familia) puede tener miedo no solo a la recaída, sino también al cambio en sí mismo, porque puede creer que cualquier cambio puede llevar a una recaída. Por ello hay que trabajar para que no se produzca un retraimiento y búsqueda de la máxima estructuración del nuevo estilo de vida. Hay que trabajar para buscar la normalidad, teniendo siempre presente, que la única posibilidad de normalizar es desde una abstinencia satisfactoria.

Probablemente en esta etapa lo más importante para el paciente es su sensación de que se está convirtiendo en el tipo de persona que quiere ser.

PACIENTE QUE TRAS UN TIEMPO EN ABSTINENCIA HA REINICIADO EL CONSUMO: RECAÍDAS

Las personas con problemas por consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas, no avanzan a través de las distintas fases de forma lineal, lo normal es que pasen varias veces por la misma fase hasta que consiguen mantenerse abstinentes. Esto viene a reflejar que a lo largo del proceso de recuperación están contempladas las recaídas, los pacientes recaen, en ocasiones hasta varias veces, hasta que consiguen dejar de consumir definitivamente.

La recaída ocurre cuando las estrategias que emplea la persona para mantener su estado de abstinencia fallan. Generalmente, los pacientes ante una recaída presentan sentimientos de culpa, de fracaso y posible desesperanza, lo que suele afectar negativamente a su autoeficacia. Afortunadamente, la recaída no siempre lleva a los pacientes a abandonar el tratamiento, sino que los sitúa en una fase que les permite continuar reciclándose y preparándose para continuar nuevamente el cambio iniciado. Son muy pocos los pacientes que regresan al estadio de precontemplación, es decir, a la negación del problema.

Que las recaídas se interpreten como algo que forma parte del proceso de recuperación, no significa que sea lo deseable, ya que siempre suponen un receso en la recuperación… de lo que más se aprende, y lo que más satisfactorio resulta es la abstinencia.

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

DIFERENTES TIPOS DE DEMANDA Y CÓMO PUEDE ACTUAR LA FAMILIA (1ª PARTE)

Iniciábamos esta serie de artículos, explicando cómo la familia es testigo de los cambios que se van produciendo como consecuencia del desarrollo de un problema por consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas. Cómo el desequilibrio físico, psicológico y social que experimenta la persona consumidora, no necesariamente implica petición de ayuda. Y cómo es la familia, la que generalmente ante una situación de crisis, presiona a la persona consumidora, convirtiéndose en la fuente principal de motivación, para que la persona acepte acudir a tratamiento.

Esta es la realidad clínica en los problemas adictivos, que un porcentaje muy significativo de los pacientes que acuden a tratamiento no disponen de una predisposición adecuada que garantice poder iniciar y mantener cambios en su conducta adictiva. Esto supone una característica específica de esta enfermedad, formando parte de su sintomatología, igual que la fiebre en la gripe, la resistencia y las dudas del paciente para dejar la conducta de consumo.

Por ello, el punto de partida para poder empezar a trabajar con el paciente, es primero, identificar su nivel de motivación al cambio, es decir, saber cuánto de grande (o de pequeño) es su deseo de cambiar, para en segundo lugar, crear, aumentar, o mantener, ese deseo de cambio. Además, hay que tener siempre en cuenta, que la motivación, el deseo de cambiar, es dinámica y fluctuante. Así, a lo largo de todo el proceso de recuperación, hay que ir reevaluando y midiendo, cómo está el nivel de motivación, ya que es crucial para ir avanzando, evitar abandonos de tratamiento y prevenir recaídas.

El cambio pues, es como un continuo en el que se pueden perfilar y distinguir una serie de etapas. Los objetivos terapéuticos y el apoyo de la familia tienen que adaptarse a estas diferentes etapas del proceso de cambio, o lo que es lo mismo, a los diferentes niveles de motivación del paciente, para que el tratamiento pueda tener un mínimo de garantías. De ahí, la importancia que desde Instituto Bitácora damos a realizar una evaluación exhaustiva y detallada de la situación que presenta el paciente y la familia, y llevar a cabo un proceso de intervención individualizado.

Vamos a intentar explicar el proceso de cambio, desde el modelo Transteórico de Prochaska y DiClemente, que es el que actualmente más aceptación tiene. Este modelo identifica los diferentes niveles de predisposición al cambio que puede presentar una persona cuando se plantea modificar su conducta. El situar a la persona en el periodo de cambio más representativo de los que proponen, permite evaluar cuándo es posible que ocurran determinados cambios de intenciones, actitudes y conductas.

Según estos autores, las diferentes etapas o situaciones con las que nos podemos encontrar cuando se demanda tratamiento por un problema adictivo son:

  • PACIENTE QUE NO SE PLANTEA CAMBIAR: PRECONTEMPLACIÓN
  • PACIENTE QUE ACUDE A TRATAMIENTO AMBIVALENTE: CONTEMPLACIÓN
  • PACIENTE QUE ACUDE A TRATAMIENTO CON INTENCIÓN DE DEJAR DE CONSUMIR: PREPARACIÓN O DETERMINACIÓN.
  • PACIENTE QUE ACUDE A CONSULTA CON LA INTENCIÓN DE DEJAR DE CONSUMIR: ACCIÓN
  • PACIENTE QUE LLEVA UN TIEMPO SIGNIFICATIVO SIN CONSUMIR: MANTENIMIENTO
  • PACIENTE QUE TRAS UN TIEMPO EN ABSTINENCIA HA REINICIADO EL CONSUMO: RECAÍDA

El trabajo del terapeuta será identificar cuál es el motivo “real” por el que el paciente acude a consulta, decidir qué estrategias poner en marcha teniendo en cuenta en qué etapa del cambio se encuentra el paciente, y ayudar a la familia para que pueda participar del proceso de recuperación.

PACIENTE QUE NO SE PLANTEA CAMBIAR: PRECONTEMPLACIÓN

El paciente acude a tratamiento por presión familiar (u otro tipo de presiones como problemas de salud, problemas laborales, judiciales, económicos…) pero no tiene intención de cambiar. Esta etapa se denomina Precontemplación.

El terapeuta y la familia, para generar motivación, para crear en el paciente el deseo de cambiar, deben dar información que aumente la conciencia de problema, que aumente la capacidad del paciente para percibir los riesgos de su propia conducta.

Forman parte de esta etapa también, los casos en los que es la familia, sin el paciente, la que acude a tratamiento buscando apoyo y asesoramiento. El papel de la familia es siempre determinante, y este es un gran ejemplo. A través de cambios en la forma en que la familia entiende el problema, en la forma en que la familia se comunica y trata al paciente, se puede lograr que el paciente acepte acudir a tratamiento.

En esta etapa en la que el paciente aun no se plantea dejar el consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas, la familia está muy sobrecargada. En esta situación es fácil ceder ante los chantajes de la pareja, hijo/a, madre o padre consumidor. Es fácil discutir violentamente, con él/ella, haciéndole cargar con las desilusiones, impotencias y miedos de la familia. Es fácil que la familia se vea como “el bueno” que todo lo ha dado y que solo recibe disgustos a cambio. Es fácil que la familia se sienta culpable, y muy angustiada por todo lo que está ocurriendo.…

Sin embargo, se debe evitar a toda costa entrar en la confrontación.

Se debe intentar hablar con confianza y respeto. La familia debe hacer el esfuerzo de reconocer y asumir, hasta en los momentos más tensos, que no se consume porque se quiere, aunque así lo parezca, se consume porque el alcohol, las drogas o las conductas potencialmente adictivas, están controlando la vida de su pareja, su hijo/a, su madre o su padre. La familia tiene que aprovechar todas las ocasiones favorables que se presenten para hablar sobre buscar o mantener el tratamiento. La familia debe establecer unos límites de convivencia familiar, dentro de los cuales el paciente reciba atención por parte de la familia. La familia debe de mantener la calma…

El papel de la familia es fundamental y muy difícil, de ahí que en el artículo anterior, los calificáramos como “héroes”.

La familia tiene que enfrentarse a un paciente (pareja, hijo/a, madre, padre) que no se cuestiona su situación, que ni siquiera ve el problema, que no quiere ni hablar de un posible cambio en su conducta. A una pareja, hijo/a, madre, padre, que no es consciente de las consecuencias reales que tiene, para sí mismo y para las personas que le rodean, su conducta adictiva, porque cree que lo que hace y su estilo de vida no suponen problema alguno. En esta etapa del proceso de cambio, lo gratificante del consumo tiene para la persona consumidora más peso que los aspectos negativos.

El paciente que se encuentra en este nivel de motivación, de iniciar tratamiento lo hace con el único objetivo de reducir la presión bajo la que se encuentra. Y aunque parezca que ante una situación así poco se puede hacer, trabajando desde el punto de vista motivacional, y apoyando a la familia para que ponga en marcha determinadas estrategias, se puede empezar a crear la duda en el paciente acerca de su relación con el alcohol, las drogas o las conductas potencialmente adictivas. Pero teniendo en todo momento muy en cuenta, que si no se logra aumentar el nivel de motivación, cuando disminuya la presión externa se reinstaurará el estilo de vida previo.

En el próximo artículo sobre “familia en el proceso de recuperación” continuaremos avanzando a través de las siguientes etapas.

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

PROCESO DE RECAÍDA

La recaída es quizás una de las circunstancias más temidas tanto por las personas que padecen una adicción, como por sus familiares. Una vez que la persona adicta ha conseguido alcanzar la abstinencia, la forma de que esta se mantenga es trabajando para prevenir que la recaída aparezca. En este punto, es imprescindible que pacientes y familiares conozcan y se familiaricen con el proceso que sigue la recaída, pues si no se es capaz de identificar las señales que alertan de una recaída, difícilmente esta se podrá prevenir.

¿Cómo ocurre el proceso de recaída?

Normalmente, la recaída no aparece de un momento a otro. Lo común es que de manera progresiva vayan apareciendo señales y síntomas que nos pueden alertar de que las cosas no van bien. Esto puede tomarse como una oportunidad para, de manera prematura, detener el proceso que llevaría a un nuevo consumo.

Para no caer en un contenido excesivamente teórico que pueda aburrir o confundir al lector, emplearemos el caso real de un paciente adicto al alcohol para ilustrar de qué manera se da este proceso.

El paciente, al que llamaremos Luis, acudió a consulta por un problema de adicción al alcohol. Desde el principio, Luis respondió muy bien al tratamiento, tomando interés y siguiendo de una manera muy adecuada todas las indicaciones de los profesionales. Como su historia con el alcohol había sido muy larga y le había acarreado numerosos problemas y sufrimiento, Luis estaba muy motivado y animado por el hecho de haber empezado a poner un poco de orden en su día a día. Tras años de consumo de alcohol y malestar diario, por fin empezaba a poder llevar una vida normal. Relataba que se sentía libre, como si hubiese roto una cadena que le ataba a la bebida y le hacía esclavo de esta.
Aunque a veces le costaba conciliar el sueño, refería que se iba a la cama con una sensación de tranquilidad que hacía muchos años que no experimentaba, decía que se sentía en paz con su conciencia.
Retomó también antiguas aficiones como la natación y la guitarra, actividades que siempre le habían apasionado, pero que por su problema con el alcohol, había dejado de practicarlas. Esto le ayudaba a calmar algunos síntomas de ansiedad que padecía en algunos momentos concretos.

En definitiva, haciendo balance, Luis se sentía muy satisfecho con su nueva vida.

Hasta el momento, siguiendo el criterio de los profesionales, había estado evitando exponerse a situaciones que invitasen a beber alcohol. Había dicho que no a una comida de empresa, también había evitado la celebración de cumpleaños de un viejo amigo y la boda de un familiar. Comprendía que en ese tipo de eventos el consumo de alcohol podía ser abusivo, y que exponerse a ello no sería bueno para él, pues aumentarían enormemente sus deseos de consumo. Puesto que estaba muy entusiasmado con el resto de cosas de su día a día, no le había importado renunciar a esos momentos sociales.

Transcurridos pocos meses, la motivación de Luis comenzó a descender. El entusiasmo y la ilusión que sentía en su día a día ya no era tan grande. Algunos días faltaba a sus clases de natación, y ya no empleaba tanto tiempo en practicar con la guitarra. Sin duda, este descenso en su motivación era el primer indicador que debía activar las alertas.
No obstante a todo ello, seguía sintiéndose feliz por haberse alejado de la bebida, y seguía sintiéndose libre de la esclavitud del alcoholismo, eso no había cambiado. Se sentía seguro, tenía claro que su decisión de no beber era firme. Tanto esto era así, que desatendió el consejo de los profesionales y decidió acudir a una comunión a la que había sido invitado. Estaba (o parecía estar) tan seguro de sí mismo, que ignoró la advertencia de que el acudir a la comunión podría desembocar en una recaída más o menos inminente. En su exceso de seguridad, su falta de precaución y en la no adherencia al consejo profesional, encontramos otros indicios claros de que la recaída puede estar más cerca.

Luis acudió a la comunión y no consumió alcohol. Pensó que había ganado la batalla. Pero no quiso prestar atención a las sensaciones y pensamientos que ahora se habían instalado en él. Había aguantado toda la celebración sin probar ni una gota de alcohol, pero esto le había resultado terriblemente incómodo. No se sintió a gusto viendo cómo todo el mundo podía beber a su alrededor y él no. De hecho, casi no pensó en otra cosa durante todo el evento.
No bebió alcohol, pero la idea que se trajo de vuelta a casa fue la de que la vida sin poder beber es terriblemente difícil e incómoda. La maquinaria de la recaída ya estaba en marcha. Sus pensamientos hicieron el resto. Empezó a verse a sí mismo incapaz de mantenerse abstinente, su seguridad había desaparecido. Además, donde antes se sentía tranquilo y libre de la esclavitud del alcohol, ahora solo podía pensar en el sufrimiento que le suponía el no poder beber. Ese sentimiento de desesperación hizo que aparecieran unas ganas terribles de volver a consumir, y con ello, la idea de que todo ese malestar y nerviosismo que estaba sintiendo se aliviaría con la bebida.

Es fácil intuir el desenlace del relato. Si se analiza la secuencia de acontecimientos, es sencillo detectar en qué puntos de la historia se podría haber actuado de una manera distinta de cara a evitar la recaída. Si Luis se hubiera extremado sus precauciones al notar un descenso de su motivación en su vida diaria y se hubiese planteado la posibilidad de recaer, si hubiese evitado ir a la comunión, o si hubiese puesto sobre la mesa ese malestar que le había generado la exposición al alcohol durante el evento… en cualquiera de esos momentos, podría haber puesto en marcha distintas estrategias que le hubiesen ayudado a gestionar su malestar y a reconducir las situaciones para poder mantener la abstinencia.

¿Qué podemos concluir de todo esto?

Durante el proceso de recuperación de la adicción a una sustancia, la persona podrá atravesar algunos momentos complicados, en los que su motivación podrá disminuir. Esa fluctuación en la motivación, así como los altibajos, son una parte natural del proceso para los cuales existen herramientas y estrategias de afrontamiento.
En definitiva, el mensaje que buscamos transmitir con este artículo, es que si se sigue el criterio de los profesionales, y con el adecuado esfuerzo tanto del paciente como de sus familiares, es posible anticipar y prevenir las recaídas de una manera eficaz.

Ana
Ponce Rodríguez
PorInstituto Bitácora

LA FAMILIA COMO PRINCIPAL FACTOR DE MOTIVACIÓN AL TRATAMIENTO

En textos anteriores hablábamos de la adicción como una enfermedad insidiosa. De cómo la familia de la persona que tiene un problema por consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas, iba identificando y viviendo los cambios en la conducta de la persona afectada, de cómo éstos, al principio se pueden justificar, dudando la familia de si realmente el consumo supone un problema o no. De cómo estos pequeños cambios, de mantenerse el consumo, irremediablemente van a más, hasta dar lugar al desarrollo de una enfermedad en la que poco a poco el bienestar físico, mental y social de la persona se ve afectado, así como la organización de la familia, las costumbres, la comunicación y las relaciones afectivas.

Estos cambios que se van produciendo como consecuencia del desarrollo de la enfermedad, no solo se manifiestan en el plano familiar. Las consecuencias negativas de la conducta de consumo se manifiestan en el plano personal, en la salud física y psicológica, en las relaciones interpersonales, en lo laboral o académico, en el manejo del ocio y tiempo libre…

En cuanto a salud física, si hablamos de adicciones químicas, las consecuencias van a depender del tipo de sustancia, de la cantidad y frecuencia de consumo, de la vía de administración, y de si estamos hablando de consumo de una sustancia, o de consumo de varias sustancias. En el caso de consumo de varias sustancias, las consecuencias físicas son mayores que si sumáramos los efectos de cada una por separado. Además de estas consecuencias físicas, en todas las adicciones, en las que hay sustancias y en las que no, se producen determinados cambios en la estructura y funcionamiento cerebral, que dan lugar a tolerancia, pérdida de control, síndrome de abstinencia y dependencia.

En el plano psicológico, las consecuencias son comunes a todos los problemas adictivos. Altibajos emocionales, bruscos cambios de humor. Irritabilidad. Ansiedad. Aislamiento. Sentimientos de culpa, de vergüenza, desesperanza. Además, el consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas pueden suponer para las personas más vulnerables un detonante para desarrollar otros trastornos mentales.

En lo laboral, en casi todos los casos se producen problemas de tipo absentismo, menor rendimiento, choques con compañeros, con clientes, pudiendo acabar en pérdida del puesto de trabajo, o degradación laboral. Cuando hablamos de los más jóvenes las consecuencias negativas se ven en una bajada de motivación y malos resultados académicos.

En cuanto a red social, ocio y tiempo libre, la persona que consume, se va dejando poco a poco por el camino, relaciones sociales saludables, quedándose aislada o con relaciones en el que el nexo de unión es el propio consumo. Paralelamente se va abandonando actividades de ocio y tiempo libre, de manera que el consumo pasa a ser una prioridad.

La vida de la persona que tiene este tipo de problemas se convierte en un círculo vicioso en el que queda atrapado y del que sólo conseguirá librarse con un tratamiento adecuado. Las consecuencias negativas físicas, psicológicas y sociofamiliares se afrontan consumiendo más sustancia o llevando a cabo la conducta adictiva, a pesar de la clara evidencia de que es el consumo el que genera los problemas. De este modo, la persona se queda sin salida, el consumo genera malestar, y este malestar se afronta con el consumo.

Llegado estos momentos el día a día resulta muy difícil, tanto para el consumidor como para su familia, y el sufrimiento es una constante en las vidas de todos los implicados en este tipo de problemas.

Sin embargo, aunque éste es el complejo escenario al que se puede llegar cuando se tiene un problema de este tipo, la persona afectada no percibe la realidad de su situación con objetividad. Y aunque existe un verdadero sufrimiento por la propia incapacidad para controlar la conducta, la persona, ya enferma, no solo no pide ayuda, sino que la rechaza.

Y este hecho, el que a pesar del malestar físico, psicológico y social, la persona se resista a entender y aceptar que necesita ayuda para salir de la situación, hace que la adicción sea una enfermedad única.

Si me caigo y me lastimo el codo, no dudo en ponerme en manos del traumatólogo para que me haga las pruebas pertinentes y ver si no es nada, si me lo tienen que inmovilizar o me tienen que intervenir. Si me entra malestar general y fiebre, no dudo en acudir al médico de atención primaria y seguir sus indicaciones, para que la gripe sea lo más leve posible. Si experimento taquicardia, sensación de ahogo, respiración rápida, opresión en el pecho, sudoración, temblores, náuseas, mareo, acudo corriendo al hospital más cercano para comprobar que no me estoy muriendo, que no me estoy volviendo loco, y me someto a las pruebas que me indiquen, me tomo la medicación que me prescriban, y me pongo en tratamiento para no volver a experimentar esos niveles de ansiedad. Si un día en una revisión me detectan hipertensión, aunque no haya tenido síntomas, trabajaré codo a codo con mi médico para controlarla y evitar sus efectos…

Sin embargo, cuando hablamos de una persona que tiene un problema por consumo de alcohol, drogas o conductas potencialmente adictivas, el desequilibrio físico, psicológico y social que experimenta, no hace que pida ayuda, ni que quiera dejar de consumir.

Cuando se demanda tratamiento generalmente es porque se ha producido una situación de crisis, entendiendo por crisis un problema familiar, de salud, laboral, económico, legal.

En un porcentaje muy significativo de la demanda de tratamiento, el detonante es la familia. La familia es la que da razones al afectado para ponerse en tratamiento. A pesar de la resistencia acepta, porque para la persona puede ser más importante el detener una presión o tranquilizar a un ser querido que el propio problema, y aunque no entienda ni vea la necesidad de cambiar, ya se puede empezar a trabajar con él desde el punto de vista motivacional y de la mano de la familia, para seguir dándole al ya pacientes, razones para dejar de consumir.

Como escribí en otra ocasión la familia se convierte en un héroe. Llegan a consulta muy cansados, han sido muchas las dificultades por las que han pasado hasta que por fin el paciente ha aceptado acudir a tratamiento, son héroes porque no ha sido nada fácil el camino hasta llegar aquí, y el camino ahora debe continuar…

Asunción Lago Cabana

PorInstituto Bitácora

Cambios bioquímicos durante la recuperación

Fases del proceso de recuperación

La adicción conlleva una serie de cambios en la bioquímica cerebral, que son, en parte, los responsables de que la persona siga consumiendo a pesar de los daños acaecidos. Cuando se produce la abstinencia y comienza la recuperación, las áreas cerebrales que sufrieron estos cambios, comienzan un proceso de reajuste bioquímico. Estos cambios y reajustes provocarán en la persona una serie de síntomas físicos y psicológicos, que irán variando en función de la etapa del proceso de recuperación en la que la persona se encuentre.

En la recuperación de las personas con adicción podrían distinguirse 4 fases o estadios. La duración y los síntomas de cada una de estas fases variarán en función de la sustancia consumida, y por supuesto, de las características individuales de cada persona.

Fase 1: Síndrome de abstinencia

Esta primera etapa comienza con la retirada de la sustancia, y se puede prolongar entre 1 y 2 semanas, en función de la sustancia consumida, del patrón de consumo (cantidad y frecuencia) y de otras características físicas y psicológicas propias de la persona.

En consumidores de alcohol, el síndrome de abstinencia se presenta con una importante sintomatología tanto física como psicológica, con especial intensidad cuando el consumo de alcohol ha sido alto. Pueden experimentar temblores, nauseas, palpitaciones, falta de energía, ansiedad, depresión, irritabilidad, insomnio, problemas de memoria y dificultades de concentración. El síndrome de abstinencia del alcohol es más intenso que el de las drogas estimulantes, llegando incluso a poder presentar alucinaciones, convulsiones o pudiendo alcanzar el delirium tremens en los casos más graves. En las circunstancias más extremas, algunas personas precisan ser hospitalizadas durante este período.

Para las personas que consumen estimulantes, la abstinencia se acompaña de depresión, falta de energía, insomnio o sueño excesivo, dificultades en la concentración, aumento del apetito y fuertes deseos de consumo.

No obstante, existen medicamentos que pueden disminuir la intensidad de estos síntomas en algunas personas. De esta forma, con la supervisión médica adecuada, esta primera fase del proceso de recuperación puede resultar algo más llevadera.

Fase 2: Abstinencia temprana

Esta etapa comienza una vez que se supera la barrera del síndrome de abstinencia. Tiene una duración de unas 4 semanas aproximadamente. En este período, y de manera especial los consumidores de estimulantes, los pacientes se sienten muy bien. Han superado la difícil etapa del síndrome de abstinencia, y además comienza a apreciar y disfrutar de las ventajas de una vida sin consumo. El entusiasmo y optimismo de este período es tal, que en ocasiones surge la falsa creencia de haber superado la enfermedad. Es importante que la energía y el entusiasmo característico de este período, se inviertan en crear hábitos e implicación en actividades que refuercen la recuperación y puedan prevenir una posible recaída.

Respecto a los consumidores de alcohol, en ellos el optimismo y la energía de esta etapa es menos intensa, pues el proceso de recuperación cerebral es distinto al de los consumidores de estimulantes. Es cierto que tras superar el síndrome de abstinencia presentan una mejoría considerable, pero algunos síntomas tales como el insomnio, el nerviosismo o las dificultades para concentrarse, pueden perdurar.

Fase 3: Abstinencia prolongada

Esta fase comienza en torno a la sexta semana tras haber detenido el consumo, y se prolonga hasta los 5 meses aproximadamente. Se podría decir que “el subidón” anímico y motivacional de la etapa anterior, ahora experimenta una bajada.
En esta etapa pueden aparecer síntomas físicos y psicológicos tales como irritabilidad, depresión, ansiedad, apatía, falta de energía y dificultades para concentrarse. De la mano de estos síntomas, es muy común que aparezcan fuertes deseos de consumo. La aparición de estos síntomas responde al curso natural de los cambios bioquímicos, al reajuste de la química cerebral tras la retirada de la sustancia. En esta etapa, el riesgo de recaídas es alto, por tanto, es importante que la persona se implique en actividades saludables que sean incompatibles con el consumo. El deporte es una muy buena herramienta para la prevención de recaídas.

Fase 4: Reajuste

Tras aproximadamente unos 5 meses después de la abstinencia, la recuperación cerebral es bastante significativa. La mayoría de los síntomas han desaparecido, y la persona empieza a percibir que puede hacer su vida con normalidad. En esta etapa, es importante que se continúe trabajando para reforzar un estilo de vida saludable, que la persona lleve una vida ordenada y que practique aficiones y haga deporte. En definitiva, se trata de afianzar la calidad de vida. Llevar una vida gratificante es un factor de protección ante los deseos de consumo que en ocasiones pueden aparecer. Además de eso, también es importante que la persona haya adquirido herramientas para afrontar estos deseos en aquellos momentos en los que aparezcan. Por último, también es importante que en este período la persona no pierda la conciencia del riesgo de recaída.

Referencias

Secades, R. M., Vales, E. C., Díaz, S. P., Rey, R. R., Zemsch, M. P., & Fernández, S. P. (2008). Manifestaciones y curso clínico del síndrome de abstinencia alcohólica en un hospital general. Revista clinica espanola, 208(10), 506-512.

López-Unguetti, L. (2019). Cocaína y Cerebro: Estudios recientes.

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