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PorInstituto Bitácora

Taller de prevención de recaídas

Empezamos el mes de julio, con un taller de prevención de recaídas, destinado a pacientes y familiares de pacientes con problemas por consumo de alcohol y/o drogas.

Aunque en algunos casos al principio del tratamiento pueda resultar relativamente fácil cambiar las conductas relacionadas con el consumo de alcohol y/o drogas durante un tiempo, la llamada “luna de miel”, lo difícil es mantener estos cambios. El intento de superación de un problema por consumo de alcohol o drogas es un proceso largo y complejo en el que pueden surgir crisis. Cuando el paciente no afronta adecuadamente estas crisis o dificultades, se pueden producir nuevos consumos. Además si éstos, no son tratados adecuadamente, el paciente volverá a “engancharse”.

Estos consumos se denominan recaídas. La recaída es todo un proceso. Una cadena progresiva de conductas, actitudes, emociones y pensamientos, que se inicia mucho antes de que el paciente comience a consumir alcohol y/o droga de nuevo. Y aunque resulta difícil establecer claramente dónde empieza una recaída, generalmente se inicia como consecuencia de algún estresante o de algún cambio tanto positivo como negativo.

Una recaída es por tanto, el resultado de un sumatorio de errores, muchos de ellos percibidos por las personas que rodean al paciente, y sobre el que se puede intervenir para parar el proceso y que no acabe en recaída.

Esta idea, es el punto de partida del taller que vamos a desarrollar a lo largo del mes desde Instituto Bitácora. Y aunque el hecho de que una recaída se inicie mucho antes de que la persona consuma, pueda parecer muy catastrófico, en realidad es todo lo contrario, resulta muy alentador que a lo largo de ese periodo de tiempo en el que se está preparando la recaída, podamos identificar las señales de aviso y poder actuar sobre ellas.

El primer objetivo del taller, que no el único, es el de aprender a reconocer dichas señales. Para algunos de los familiares estas señales no resultaran extrañas, ya que la conducta adictiva se vuelve rígida y esquemática, e incluso muchas veces han sido capaces de predecir cuándo se va a producir un nuevo episodio de consumo. Muchas veces hemos escuchado cómo un familiar nos contaba, por ejemplo, que el paciente le había llamado por teléfono para decir que ya iba para casa, y al colgar sabía que ya no volvería, no lo había visto, pero había un no sé qué, que le decía lo que iba a acabar pasando.

O ver un determinado gesto que no está en el repertorio habitual del paciente y que el familiar sabe que su presencia es un motivo de alarma… El paciente y la familia aprenderán a manejar estos pequeños cambios para poder reconducir y parar un posible proceso de recaída.

Estas señales, no solo son ciertos estados emocionales, como tristeza, irritabilidad, enfado, aburrimiento, soledad…o físicos como falta de energía, fatiga… sino también actitudes, comportamientos y procesos cognitivos.

El papel de la familia es muy importante, ya que el paciente tiende a no ver estas señales o a restarles importancia. El paciente empieza a sumar pequeños errores, determinadas mini decisiones aparentemente poco importantes, que pueden poner en marcha una recaída. En la cima de la montaña hay una bolita de nieve tamaño canica, que si se deja caer por la ladera acabará siendo de tal tamaño que se volverá imparable y pasará seguro sobre nosotros. Así es como funciona el proceso de recaída, va haciéndose cada vez más fuerte, más difícil de manejar, y es por ello, que es tan importante el identificar las señales y aceptarlas, para poder canalizarlas bien, y cuanto antes… en adicciones dejar las cosas para mañana puede ser muy tarde.

Asunción Lago Cabana

 

PorInstituto Bitácora

¿Qué son pensamientos irracionales?

A la hora de entablar una conversación, es frecuente, encontrarnos con personas que mantienen actitudes inhibidas o agresivas.

Así, las personas que se muestran más inhibidas en sus conversaciones tienden a evitar expresar su opinión o sentimientos y hablan poco, dejando que los demás tomen la iniciativa.

Esa actitud tiene como consecuencia el perder oportunidades de comunicarse, de establecer relaciones o de conseguir lo que quieren, además de sentirse mal con ellas mismas.

Mientras que los que mantienen actitudes más agresivas al comunicarse, suelen hablar demasiado,  interrumpir a los otros y no respetar las normas, tratando de imponer sus opiniones e intereses. Esto suele producir el rechazo de los demás.

Ambas actitudes suelen obstaculizar una adecuada y sana relación con los demás. Por ello, es más conveniente mantener una actitud asertiva, que consiste en ser capaz de expresar tus sentimientos tanto positivos como negativos, dar tu opinión, hablar de una forma segura y fluida, y ser capaces de discrepar abiertamente con la otra persona, pero siempre respetando al interlocutor.

Estas actitudes inhibidas o agresivas que acabamos de comentar, suelen basarse en pensamientos irracionales.

¿Qué son estos pensamientos irracionales?

Pues son aquellos que nos llevan a mantener emociones y conductas contraproducentes. Aunque no seamos conscientes, solemos mantener algunos pensamientos irracionales entremezclados con otros racionales.

Los pensamientos irracionales se expresan en forma de exigencia o necesidad (con términos como “necesito”, “debería”, “tienes que”, etc) y se mantienen de forma absolutista. Por ello, cuando no se cumplen reaccionamos con emociones y conductas desfavorables, por ejemplo con una tristeza o ira excesivas. Estos pensamientos irracionales no se ajustan a la realidad, pues van en contra de la evidencia y la lógica.

En cambio, los pensamientos racionales, se mantienen como algo probable y relativo y se expresan en forma de preferencias y deseos (“me gustaría”, “preferiría”, etc).  Por tanto, cuando no conseguimos lo que deseamos, las emociones y conductas que se generan no son excesivas (tristeza, preocupación, disgusto, etc) y no impiden el logro de nuestras metas, como sucede con los pensamientos irracionales.

Las personas con actitudes asertivas tienden a mantener más pensamientos racionales que las personas con comportamiento inhibido o agresivo.

A continuación se exponen una serie de pensamientos irracionales y racionales que pueden surgirnos cuando mantenemos una conversación.

 

PENSAMIENTOS IRRACIONALES PENSAMIENTOS ALTERNATIVOS
Si inicio una conversación, el otro DEBE conversar interesarse por mí. Tiene DERECHO a elegir si desea hablar conmigo o no.
Las personas más interesantes son las que hablan más. Las personas que hablan demasiado resultan molestas a la mayoría de la gente.
Si me quedo callado sin saber qué decir, demostraría que soy torpe y raro. Es normal que se produzcan silencios en las conversaciones. Puedo hacer preguntas y escuchar atentamente la respuesta.
Si no digo algo interesante pensarán que soy tonto, por tanto es mejor que me calle. Los temas de conversación de la gente suelen ser superficiales, no tienen por qué pensar que soy tonto.
Seguro que lo que digo no le va a interesar. Es probable que lo que digo le interese, pero si algo de lo que digo le parece mal, no sería tan terrible.
No debo mostrar mis opiniones y sentimientos. Eso puede ser útil en ocasiones pero si nunca los muestro me distancio de los demás.
Si no sigo conversando y el otro sí quiere, se enfadará conmigo y me quedaré solo. Tengo DERECHO a finalizar la conversación cuando así lo decida. Si la finalizo amablemente no tiene por qué molestarse.
DEBERÍA darse cuenta de que quiero finalizar esta conversación. Si no se da cuenta, se lo expresaré.

Por tanto, es importante aprender a identificar nuestros pensamientos irracionales que obstaculizan la asertividad y aprender a cambiar esos pensamientos por otros más racionales y sanos. Como consecuencia del cambio de pensamiento nuestras relaciones con los demás resultarán más satisfactorias, lo cual redundará en una mejor autoestima.

 

Ana Martín Almagro

 

 

PorInstituto Bitácora

¿Pérdida de memoria y/o Depresión?

Hemos pensado hablar hoy sobre este tema porque en muchas ocasiones nos llegan a la consulta del psiquiatra los pacientes tras haber ido primero al neurólogo o viceversa. La persona se queja, además de un bajo estado de ánimo, de otros síntomas que interfieren bastante en su funcionamiento normal, a nivel laboral sobre todo, estos suelen ser la pérdida de memoria o de atención.

La depresión es probablemente de las enfermedades que más sufrimiento puede ocasionar en el ser humano.

El Trastorno depresivo mayor (TDM) es de las formas más frecuentes y potencialmente mortales de las enfermedades mentales que afectan a personas de todas las edades y se ha asociado con una o varias alteraciones de la función cognitiva.

Por otra parte hay una fuerte relación entre el TDM y las enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer por ejemplo, u otros procesos naturales de envejecimiento.

Según la última y quinta edición del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V) los síntomas de una depresión mayor se agrupan en 4 esferas:

–          La afectiva: se caracteriza por el ánimo deprimido, la tristeza, los sentimientos de vacío y desesperanza

–          La cognitiva: las personas deprimidas presentan menos interés o disfrutan menos de las actividades que siempre le han resultado placenteras, juntos con sentimientos de inutilidad, culpa, muchas veces refieren menos capacidad para pensar y pensamientos de muerte.

–          La motora: están más lentos o inhibidos y también puede sentirse la persona más agitada o inquieta.

–          A nivel somático, del cuerpo: pueden presentar pérdida de peso o alteración en el sueño, desde que dificultad para dormir, insomnio, como lo contrario, todo el día durmiendo, así como fatiga y cansancio.

Existe clara evidencia de que la depresión mayor conlleva asociados déficit cognitivos que afectan a funciones como la memoria, la atención y el lenguaje.

Algunos de estos síntomas cognitivos con los siguientes:

–          Las personas con depresión presentan dificultades para establecerse metas y solucionar conflictos

–          Presentan también una falta de organización de una determinada tarea y dejar tareas sin terminar

–          Dificultad para tomar decisiones

–          Dificultad para que le salga la palabra que quiere decir al hablar

–          Se suelen mostrar más indecisas y con poca iniciativa

–          Con incapacidad para llevar a cabo tareas para las que en otras ocasiones no ha tenido problemas, tareas que requieran manipular muchos datos al mismo tiempo.

–          También pueden presentar una disminución de la capacidad para actualizar una información o centrarse en lo realmente relevante

–          Mayor distracción y dificultad para mantener la atención.

 

La persistencia de síntomas cognitivos es una de las manifestaciones que más puede contribuir al desajuste clínico y funcional de los pacientes depresivos tras su recuperación.

 

Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

Prepararse para la muerte

Quizás sea lo que todos tenemos más claro en este mundo y es que vamos a morir tarde o temprano. Este carácter universal de la muerte ha ocupado gran parte del pensamiento filosófico  y ha favorecido en el desarrollo de la medicina desde sus orígenes como un intento de controlar el curso de la vida para si no evitar, al menos, retrasar la muerte o hacerla lo más llevadera posible.

Pero podríamos decir que es imposible aprender a morir,  ya que no se parece a nada que hayamos pasado antes. Si la muerte no puede ser experimentada, ni explicada ni comprendida, ¿cómo podemos prepararnos para ella? Aunque no podemos experimentarla, sí que todos tenemos consciencia de ella y además para tener consciencia de muerte, de que vamos a morir, no hace falta estar al filo de la misma. Si bien no podemos aprender de la propia muerte, puesto que no podemos tener experiencia de ella, sí podemos prepararnos para morir.

Distintas religiones nos hablan de la vida más allá de la muerte, sino como cuerpo resucitado al menos de alma o espíritu. La afirmación de una forma de vida después de la muerte constituye la modalidad más común a la especie humana de hacer frente al misterio de la muerte y establece las bases de las distintas religiones en el culto a los muertos.

Nuestros antepasados vivían más de cerca la muerte que en la actualidad, la menor esperanza de vida, las epidemias, las guerras y hambrunas, hacían que la tuvieran más presente.

                ¿Cómo podríamos definir una “buena muerte”?

Tranquila, sin crisis agónicas, en paz espiritual.

                ¿Cómo prepararnos para una buena muerte?

Podemos diferenciar una preparación más próxima a la muerte y una preparación más remota.

Podemos comenzar por la preparación próxima que consistiría en los asuntos que tiene que ver directamente con los antecedentes y consecuentes inmediatos, como las herencias, testamento vital, donación de órganos, ritos funerarios, y preparar de la manera que nos gustaría que se realizasen.

Afrontar la fase final de la vida conlleva un proceso psicológico que se describe con 5 etapas:

Negación: la dificultad para creer la proximidad de la muerte, nos aferramos a la esperanza de un milagro, diagnóstico erróneo, rituales mágicos… tiene una importante función protectora y hay que respetarla. Es una reacción normal que permite amortiguar el impacto.

Ira: una rebelión contra todo y todos.

Negociación: todavía no, no ante de la boda de mi hija, no antes del nacimiento de mi nieta… La película “Mi vida sin mí” presenta el caso de una mujer que utiliza los dos meses que, según el diagnóstico médico, le quedan de vida para disponer el futuro de su marido y sus hijos, así como para vivir aquellas cosas que le hubiera gustado vivir y nunca tuvo o se permitió ocasión de hacerlo.

Tristeza: el paciente está cansado y se deja ir, puede desembocar en la resignación. En esta etapa tampoco consiste en estimular al paciente a mirar el lado alegre de las cosas únicamente, porque eso significaría que no debe pensar en la muerte inminente.

Aceptación: etapa de desprendimiento hacia las cosas y hacia los demás. En el momento del adiós, del perdón y la reconciliación.

El buen acompañamiento a la muerte de un moribundo consistiría en un acompañamiento profundamente humano en el proceso de morir, facilitando la expresión de los sentimientos, la elaboración del duelo por la pérdida, el cierre de los asuntos inacabados, a veces la mediación entre el paciente y sus familiares. A nivel psicológico también podemos intervenir en algunas cuestiones psicológicas que se pueden presentar en los días finales como, por ejemplo, resolver posibles miedos paralizantes, satisfacer la necesidad de despedirse, dar permiso para el viaje final, …

Para una preparación más remota, es decir, a la condición de mortal del ser humano, el tomar consciencia de que nos vamos a morir, ante la angustia por la muerte podemos tener tres tipos de miedo: a lo que viene después de la muerte, al hecho de morir y a la extinción del ser. Los dos primeros temores son relacionados con el propio proceso de morir y nos podemos preparar, como hemos dicho anteriormente, previendo disposiciones sobre el propio entierro, redactar el testamento vital, etc. El tercero de estos tres miedos, es el realmente básico, es el miedo a la extinción del propio ser, a inexistencia definitiva, ¿cómo podemos desde el punto de vista psicológico y existencial ayudar a la persona con la angustia de la propia extinción?

PorInstituto Bitácora

La crisis de los 40

La crisis en mitad de la vida, o la crisis de los 40  como se conoce popularmente, no es que sea un punto fijo, es un fenómeno que suele suceder en el periodo comprendido entre los 35 y 50 años, es decir, en la vida adulta.

Parecen verdades simples y evidentes que esta vida es la única que tenemos y que transcurre en el tiempo, sin embargo, así dicho a todos nos da vértigo, por eso, muchas veces no nos paramos a pensarlo o lo olvidamos para ir viviendo como si el tiempo no pasara.

Personas en estas circunstancias son en muchas ocasiones las que nos llegan a la consulta, cuando la persona toma consciencia de que el tiempo pasa y lo fugaz que puede ser la vida y surge la pregunta ¿y qué he hecho yo con mi vida?

En esta época, algunos quieren comprometerse en su relación de pareja mientras otros quieren divorciase, algunos buscan estabilidad en el trabajo mientras otros buscan cambiar de ocupación radicalmente, otros de trabajar menos y disfrutar de más tiempo libre, algunos desean tener hijos mientras otros sueñan con que sus hijos se vayan de casa…y esto es porque en la primera mitad de la vida hemos dado prioridad a unos aspectos mientras otros han quedado en un segundo plano, en las sombras, por ejemplo, una mujer que ha dado prioridad a la maternidad en la primera mitad de la vida y ha pospuesto su desarrollo profesional y cuando los hijos crecen y ya no la necesitan tanto sale a la luz eso que había dejado en la sombra, y empieza a convertirse en prioritario, y se plantea retomar unos estudios que abandonó.

Vivir es enfrentarse continuamente  a cambios y un continuo de transición, si tenemos en cuenta que desde que nacemos hasta que nos morimos vamos pasando por distintas fases del ciclo vital. Por ejemplo, desde que somos pequeños y nace un hermano, tenemos que adaptarnos y pasar de ser hijo único a ya no ser el principal centro de atención, si tenemos padres sensible que nos ayudan a este proceso no tenemos porqué pasar una crisis en esta situación o al menos que no sea una crisis muy grande. La adolescencia también es una época de cambios, de crisis de identidad, en la adolescencia uno se construye su personalidad y quien es, definiéndose a sí mismo y busca un proyecto de a qué quiere dedicarse en la vida. El siguiente momento de crisis más significativo suele ser el de la mitad de la vida.

Hay un autor, Erikson, que dice que la vida en sociedad en la que vivimos requiere que los adultos sean productivos y contribuyan como miembros activos al bien común, por ejemplos al criar a los hijos, o en el trabajo o una actividad humanitaria. Si la persona llega la mitad de la vida y lo que ha conseguido está por debajo de sus expectativas se puede sentir insatisfecho o estancado, y pueden aparecer manifestaciones como la tristeza o la ansiedad. La persona se puede sentir como que no se ha desarrollado y que está “atrapado en una vida de solo obligaciones” pero sin un sentido de satisfacción ni realización personal, se puede sentir como “muerto en vida” o que “es otra persona” o que “no sabe quién es”.

Un sentimiento de estancamiento no tiene por qué ser negativo, incluso puede servir para que la persona sea más consciente de sus necesidades.

En mitad de la vida tenemos dos tareas fundamentales, reevaluar el pasado y modificar el futuro en la propia vida. Al mirar hacia atrás lo que haremos será examinar los logros alcanzados en todos los aspectos, y qué hemos conseguido de lo que cuando éramos pequeños nos ilusionaba y decíamos “yo cuando sea mayor quiero ser…” pero y ahora ya soy mayor ¿qué?. Al repasar el pasado y conforme vamos cambiando inevitablemente vamos introduciendo cambios en el futuro, esta tarea no es fácil y, en ocasiones, es necesario un apoyo psicoterapéutico para no encontrarse tan perdido.

En mitad de la vida no damos cuenta que se nos acabará tarde o temprano y empezamos a pensar en el tiempo disponible, aunque desde muy temprano sabemos que moriremos algún día es como que somos más consciente cuando llegamos a este tiempo, y nos planteamos cuestiones como “yo quiero volver a sentirme vivo”, “he perdido la chispa de la vida”.

Es como si necesitáramos vivir más auténticamente y darle un sentido a nuestra vida, cuestión que antes ni nos lo planteábamos porque teníamos todo un futuro por delante y la muerte estaba muy lejos, pues bien, este futuro ya está aquí, ya ha llegado y no sabes qué hacer con él ¿ te suena esta situación?

 

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

De vuelta a la normalidad

De vuelta a la normalidad, aunque hay que decir, que este año la Navidad ha sido especial, porque para nosotros, Instituto Bitácora, no ha supuesto grandes cambios en la rutina de trabajo con nuestros pacientes, salvo el grupo de terapia de mujeres, que es siempre especial, e hizo un pequeño paréntesis.

La celebración de la llegada de Sus Majestades Los Reyes Magos De Oriente pone el broche final a estos días, que como os hemos ido contando en este mismo espacio, no son fáciles ni para personas que están en tratamiento por un problema por consumo de alcohol ni para sus familiares. Pero como en todo, también hay cosas buenas, y hoy os dejamos una muestra de ello.

Para Fígaro, uno de nuestros pacientes, con la iluminación de nuestras calles empezó la complicación, aunque lo vio a posteriori, pero lo vio y lo manejó bien. Por delante tenía muchas ocasiones en las que el alcohol iba a ser el gran protagonista. Además, después de unos meses en tratamiento se sentía bien, con fuerza y con la “obligación” de normalizar.

Pero ¿qué es normalizar para una persona que tiene un problema por consumo de alcohol?…

A mis pacientes les repito en muchas ocasiones: “Te puedes fiar de ti en todo, pero acerca de lo que piensas respecto al alcohol, siempre es pronto para hacerlo… Ahora que no quieres beber, que tienes claro que el alcohol es un elemento negativo en tu vida, las ganas de beber seguirán, pero ahora vendrá por otro camino… Ya no vendrán de frente…Ahora buscará la manera de convencerte, buscará la manera de que te des un permisito, para que bajes la guardia y empezar a sumar los pequeños errores, tan pequeños que ni los ves… No te fíes de tus pensamientos relacionados con el alcohol, ponlos primero en cuarentena” Leer más

PorInstituto Bitácora

¿Cómo afrontar un duelo?

Aunque el duelo es una experiencia común no deja de ser estresante. Todos en algún momento de nuestras vidas tendremos que afrontar la muerte de algún ser querido y hoy queremos hablar un poco sobre ello.

La palabra “duelo” proviene de la terminología latina dolus que significa: dolor.

Durante un duelo se van desencadenando multitud de sentimientos y todos necesitamos un tiempo para aceptarlos.

¿Es normal cómo estoy llevando mi duelo?

Normalmente en un primer momento se produce una fase de negación, esto quiere decir que la persona se siente como aturdida o confundida sin creerse lo ocurrido. Este sentimiento es normal en unas primeras horas o días, es como un mecanismo de defensa porque en un primer momento no podemos soportar tanto dolor, no nos da tiempo a encajar la noticia, incluso este periodo ayuda a llevar a cabo tareas propias de organización del funeral y demás. Estos rituales como el funeral ayudan en la aceptación, de la misma forma que es positivo hablar de la pérdida y de las circunstancias que rodearon a la muerte, donde estabas cuando te enteraste, cómo será el funeral…

A los pocos días este embotamiento desaparece y suele aparece la sensación ya de echar de menos al ser querido perdido. Pueden aparecer pesadillas y puede aparecer un estado de importante nerviosismo. También es natural sentir rabia, tenemos que enfadarnos, enfadarnos con el mundo, con Dios porque se lo ha llevado, con nosotros mismos por no haber estado presente, con los médicos por no haber hecho más, hasta con el fallecido porque se ha ido y me ha dejado solo.

Puede haber personas que “ven” o “sienten” a sus seres queridos en cualquier sitio, en la casa, la calle, el parque… lugares donde habían pasado tiempo juntos.

Otras personas pueden sentir alivio porque la muerte ha sido tras una dolorosa enfermedad y por fin todos han dejado de sufrir y, aunque pueden aparecer sentimiento de culpa, no tienes que sentirte culpable.

En estos momentos, lo habitual es que no le apetezca a la persona comenzar a recuperar sus actividades diarias pero lo mejor es volver a recobrar poco a poco las actividades normales de cada uno en unas dos semanas, si bien este no es el momento de tomar decisiones que supongan cambios importantes en tu vida.

Pese a que pronto recupere su funcionamiento habitual es natural que durante varios meses este muy presente en el pensamiento de la persona el recuerdo tanto de buenos como de malos momentos. Poco a poco, y como el tiempo todo lo cura, la tristeza disminuye y aunque nunca lo olvide no estará tan presente en tu día a día. Podemos encontrar maneras de recordar a los seres queridos que han fallecido llevándolos con nosotros, pero sin que ello nos impida seguir viviendo. La relación que existía entre la persona que ya no está y tú, siempre quedará dentro de ti.

¿Qué cosas puede hacer qué te ayuden a superarlo, aunque te resulten difíciles?

Arreglar y recoger las cosas personales y prendas de vestir de la persona querida, hablar con alguien de cómo te sientes, tener cerca a tus familiares y amigos, otros miembros de la familia pueden estar en tu mismo lugar y también en esas dificultades y evitar el tema no es aconsejable.

¿Cuándo pedir ayudar en un duelo?

La aceptación es la fase final del duelo. Aunque depende de cada persona, en uno o dos años, la mayoría de las personas se recuperan de una pérdida importante. Si necesitas o has necesitado más o menos tiempo permítete sentir como te sientes pero ten en cuenta que, aunque un proceso de duelo puede tener unas manifestaciones normales, el duelo, como todo proceso humano, se puede complicar. También puede ocurrir que te veas incapaz de afrontarlo, sintiéndote bloqueado y completamente abrumado, notando que nada cambia con el paso de los meses, viéndote estancado en las mismas emociones y pensamientos, y con dificultad para afrontar la vida, en este caso es cuando puedes pedir ayudar a nosotros, a los profesiones.

Dra. Mª Carmen López Alanís.

Psiquiatra Instituto Bitácora

 

PorInstituto Bitácora

¿VIVIMOS MAL EN ESPAÑA?

Nos dicen por aquí y por ahí, que España es un lugar idóneo para vivir. Por el carácter abierto, alegre y apasionado de sus gentes. Por su clima y sus horas de sol. Por su gastronomía, variada y basada en la muy buena calidad de materias primas. Por su cultura, que cuenta con un legado artístico incomparable a lo largo de los siglos. Por sus paisajes, que son tan variados como sorprendentes…

 

De hecho, creo que si nos paráramos a preguntar, la mayoría de la gente que vive en nuestro país, diría que, como en España no se vive en ningún sitio. De hecho, muchas personas que vienen de fuera, ya sea para estudiar, para disfrutar después de toda una vida de trabajo, o para comenzar una nueva etapa, se instalan en nuestro país por las diferentes oportunidades que les pueda ofrecer. Leer más

PorInstituto Bitácora

¿Qué es la psicoterapia?

Es una cuestión muy difícil de conceptualizar y precisamente por ella podemos encontrar múltiples definiciones y desde distintos puntos de vista.

En primer lugar expondremos brevemente un par de ellas más oficiales.
Por ejemplo, según la definición de la Real Academia Española (RAE), la psicoterapia es el tratamiento de enfermedades mentales, psicosomáticas y problemas de conductas mediante técnicas psicológicas.
La Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP) entiende la psicoterapia como un tratamiento de naturaleza psicológica y carácter científico, que se utiliza para las manifestaciones psíquicas o físicas del malestar humano, con el que se tratan de promover cambios o modificaciones en el comportamiento, la salud física y psíquica, la integración de la identidad psicológica y el bienestar de las personas o grupos tales como la pareja o la familia.
Además de las definiciones oficiales, intentaremos hacer una breve exposición sobre qué consideraríamos un proceso terapéutico.

Como mencionamos en nuestra página, el objetivo de la psicoterapia es el desarrollo y el fortalecimiento psíquico al mismo tiempo que el alivio de un sufrimiento, un sufrimiento que puede presentar una persona en un determinado momento, y que se puede manifestar a través de síntomas.

Los síntomas que puede presentar una persona pueden ser muy variados, por ejemplo, dificultad para dormir, contracturas musculares, diarreas, crisis de ansiedad, mal comportamiento, suspender exámenes, beber compulsivamente, alucinaciones, etc, etc, ect.
Entendemos la psicoterapia como una relación terapéutica fundamentalmente, esto es una relación entre personas, entre el terapeuta y el paciente o el terapeuta y la familia.

El buen psicoterapeuta debe ser para el paciente como una presencia que permanezca estable, constante y predecible, a la que pueda recurrir y con la que la persona puede aprender qué existen nuevas formas de relacionarse con los demás a través del vínculo que establezcan entre ambos.

En la psicoterapia se ayuda a entender las relaciones entre las personas, de forma que no es sólo un individuo el responsable del sufrimiento sino que lo que está dañado o no funciona bien es la relación entre los distintos miembros de una familia o de la pareja o de los amigos, es decir, lo que han creado entre ellos.

De forma que el proceso ayude a entender que si algo no funciona entre dos personas cada uno ha tenido algo que ver, y cada uno tiene su parte de incumbencia y, por tanto, posibilidad de cambiar algo, de forma que ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo.
Otra forma de entender la psicoterapia ha sido que el terapeuta (que es el que supuestamente sabe cómo se tienen que hacer las cosas) le da recomendaciones o pautas al paciente para que le vaya mejor la vida.

Esto se ha ido modificando y se ha ido transformando en que el terapeuta puede ayudar a la persona a construir una realidad o versión sobre sí mismo diferente a la que tiene y le está ocasionando malestar.
Por otra parte, el buen terapeuta además de dominar el “saber”, tener conocimientos sobre las teorías psicológicas, tiene que conocer y manejar bastante su propio “ser”, su forma de ser, por eso la gente dice que para que funcione bien la terapia no solo tiene que saber mucho el terapeuta sino que debe de haber algo más.
Por tanto, si decides comenzar un proceso terapéutico podrás pensar junto con otra persona sobre “por qué” y “para qué” te pasa lo que te está pasando, por qué no puedes dormir o para qué tienes un nudo en la garganta que no te deja ni respirar, y podrás aprender a afrontar situaciones estresantes, resolver conflictos con otras personas, identificar y manejar tus emociones (la ira, el miedo, la tristeza…), superar una pérdida (de un ser querido, de un trabajo y estilo de vida, de la salud…) o un trauma (un accidente, una agresión…), manejar síntomas físicos (dolores de cabeza o de barriga…), manejar síntomas de enfermedad mental (pensamientos negativos, alucinaciones…) , etc

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Es como si cada uno tuviéramos nuestro campo de minas particular, no consistiría en eliminar estas minas sino en saber identificarlas para que podamos esquivarlas lo máximo posible. Si yo siempre tropiezo en una misma piedra, el terapeuta no me quita esa piedra de mi camino sino que me enseña a caerme para que cuando choque con ella me haga el menos daño posible.
Una vez aprendidas esas nuevas habilidades, técnicas o modos de pensar y comportarte, podrás usarlos en el futuro, cuando vuelvas a encontrarte en alguna situación que te produzca malestar, ya que como hemos dicho, la psicoterapia implica también un crecimiento personal.

Dra. Mª Carmen López Alanís

PorInstituto Bitácora

Compras compulsivas

Las compras compulsivas,  pertenecen a la categoría de trastornos de control de los impulsos. Es un problema que afecta más a mujeres que a hombres, y que se ve facilitado por los valores de una sociedad consumista, en el que gracias al poder de la publicidad, se crean necesidades artificiales y el bienestar se une a lo que se tiene.

La conducta de comprar, no se lleva a cabo por la necesidad de cierto producto o por su utilidad, y aunque en los inicios resulta agradable, acaba siendo un acto irreflexivo, irreprimible y recurrente, de búsqueda de satisfacción, de intentos por ocultar nuestros malestares, de evadirnos de frustraciones, de tristezas, de soledades… pero esa satisfacción que se obtiene, es momentánea, y tras ella aparece más malestar, generalmente en forma de sentimiento de culpa y de vergüenza, que sólo se sabe afrontar con más compra, por lo que se puede entrar en un círculo negativo del que muy difícilmente se podrá salir sin ayuda especializada.

La compra compulsiva, se puede considerar una adicción. Los principales componentes son la  compulsión y la falta de control (incapacidad de frenar la conducta y llevarla a cabo a pesar de ser conscientes de las consecuencias negativas) al que se asocian otros problemas como son patologías ansiosas depresivas. En las personas que desarrollan este trastorno aparece la baja autoestima como componente habitual, y también, aunque en menor medida, trastornos del estado de ánimo, ansiedad, abuso de sustancias y trastornos alimentarios.

El tratamiento pues, tendrá que tener en cuenta, éstas circunstancias, considerar de manera global a la persona, para poder entender, identificar y analizar las causas del originen y mantenimiento de la conducta de comprar.

El objetivo del tratamiento es el control de la conducta, por lo que a través de un enfoque multidisciplinar e integrador, se utilizarán los recursos necesarios para cada caso, fármacos, psicoterapia individual, psicoterapia grupal, apoyo a la familia, para poder restablecer el control interno.

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