Archivos mensual agosto 2015

PorInstituto Bitácora

APRENDE A VER LA ADICCIÓN COMO UNA ENFERMEDAD ESPECIAL II

Hace unos días ya comentamos en nuestro blog las particularidades de la adicción a la hora de ser tratada. Los terapeutas nos encontramos con algunas dificultades a la hora de tratar con el paciente que hace de la adicción una enfermedad distinta del resto, y como tal, se convierte en una enfermedad a la que hay que abordar de forma muy diferente.

En el post anterior nos centramos en hacer una clasificación de los perfiles que los terapeutas nos solemos encontrar a la hora de enfrentarnos con pacientes adictos, independientemente del perfil de su adicción.

En este post vamos a hacer hincapié en el perfil más frecuente de adicto en primera visita. Tal y como ya comentamos el principal volumen de petición de ayuda viene de parte de los terceros significativos, fundamentalmente de la familia, por lo que trabajar la demanda y motivación de la familia en estos casos es tan importante como el trabajo con el paciente.

La familia juega un papel fundamental en la terapia de un adicto, ya que suelen ser ellos en la mayoría de los casos los que dan razones a la persona para buscar ayuda. Es frecuente que, en el momento de la demanda, el motivo de consulta para muchos de estos pacientes no es la adicción, al paciente le preocupa mucho más restablecer la normalidad con la familia que su propio sufrimiento.

Como vemos, el papel de la familia en esta enfermedad es tan importante, que a veces, hasta cuando el paciente se niega a recibir ayuda, a través del trabajo con ellos, la familia sin paciente puede propiciar el cambio.

En estos casos, el objetivo es que el familiar acepte y entienda que estamos ante una enfermedad, que se sienta mejor, que podamos  aliviar parte de su angustia, y sobre todo poder propiciar un cambio de estrategias en el familiar que pueda producir un cambio en el paciente, si la familia modifica su actitud puede influir de manera positiva en el aceptación de tratamiento por parte de la persona que tiene el problema.

Asunción Lago Cabana. Psicóloga del Instituto Bitácora.

PorInstituto Bitácora

APRENDE A VER LA ADICCIÓN COMO UNA ‘ENFERMEDAD ESPECIAL’ I

Si me caigo y me fastidio el codo, me voy rápidamente al traumatólogo a que me lo miren y me quiten el dolor.  Si tengo fiebre o siento escalofríos, tengo tos, la nariz tapada, dolores musculares, dolores de cabeza, sensación de cansancio, me dirijo a mi médico de atención primaria, para buscar un remedio contra el malestar de la gripe. En todos los casos, además, seguiré las indicaciones dadas. Sin embargo, en el caso de las adicciones no es así. La adicción es una enfermedad especial por diferentes motivos, pero el que hoy nos ocupa es la demanda.

La demanda tiene que ver con el reconocimiento de que se necesita ayuda, con el deseo de cambio, y en el caso de las adicciones, es la única enfermedad en la que el sufrimiento de la persona no implica necesariamente petición de ayuda.

La falta de motivación forma parte de la sintomatología de esta enfermedad, hay que aceptarlo como algo normal, como la fiebre o los escalofríos en la gripe, y es el gran desafío tanto para  iniciar un tratamiento como en la adherencia a éste, requisito indispensable pero no único para poder empezar un proceso terapéutico.

En el tratamiento de las adicciones, el caso de una persona que reconoce la pérdida de control frente a una sustancia, a una conducta o a una relación, es desde el punto de vista estadístico muy poco significativo.

El principal volumen de petición de ayuda viene de parte de los terceros significativos, fundamentalmente de la familia, por lo que trabajar la demanda ymotivación de la familia en estos casos es tan importante como el trabajo con el paciente.

Un segundo tipo de demanda, es la persona que acude a consulta acompañada por un familiar, que es el que ha solicitado la cita y que acepta un consumo excesivo pero cree poder controlarlo él solo. En este caso es fácil que se establezca una competencia por el poder entre terapeuta y paciente, por lo que hay que ser hábil para conseguir que el paciente termine aceptando que necesita ayuda y sea consciente de los riesgos que acarrea el consumo.

Un tercer tipo sería, la persona que acude a consulta por presión familiar pero no acepta tener problemas. En este caso, el paciente ve al terapeuta como un adversario al que tiene que demostrar que no hay problemas. Cuando no existe motivación, hay que evitar la confrontación, definir estrategias para lograr la cooperación del paciente y desmontar mecanismos de defensa.

En todos los casos, es prioritario adecuarse al nivel de motivación del paciente, poner especial énfasis en el establecimiento de una buena alianza terapéutica, mostrar una actitud receptiva y establecer metas compartidas con el paciente.

Así que, terapeutas y familiares, tenemos que tener en cuenta que en esta enfermedad especial ante un NO se puede y se debe actuar.

Asunción Lago Cabana. Psicóloga de Instituto Bitácora.

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